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miércoles. 07.12.2022

Yonquis del móvil

En promedio revisamos el smartphone unas 150 veces al día. El 87% de los españoles lo tiene al lado las 24 horas y un 80% confiesa que lo primero que hace al despertar es mirar el teléfono.

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“Desconectar para reconectar”. Ese es el lema de alguno de los centros que ofrecen programas intensivos de desintoxicación digital. Y es que cada vez son más las personas que se ponen nerviosas y tienen taquicardia o sudor cuando no pueden consultar su teléfono. Es decir, que padecen el síndrome de abstinencia para el celular, una reacción fisiológica no muy distinta a las que sufren los adictos a las drogas o el juego.

“Durante los próximos cuatro días solo estaremos nosotros y los árboles”. Este cartel, en medio de un bosque en Mendocino, California (EE UU), delimita la frontera de Camp Grounded, un campamento para adultos adictos a la tecnología. Nada más llegar los participantes depositan sus móviles, tabletas y ordenadores en una cabaña. Sólo se permiten cámaras analógicas o Polaroids. Para entretenerse practican yoga, tiro con arco, hacen pan o participan en un taller de escritura… con máquinas de escribir. Desde 2013 han celebrado 17 que atraen a unas 300 personas por edición. Su lema: “Desconectar para reconectar”.

Tras la aparición de los smart phones en 2007, se acuñó el término phubbing (al juntar phone y snubbing), ignorar a alguien por mirar el móvil. Otra palabra de nuevo cuño es nomofobia, el miedo a estar sin el móvil. En promedio revisamos el smartphone unas 150 veces al día. El 87% de los españoles lo tiene al lado las 24 horas y un 80% confiesa que lo primero que hace al despertar es mirar el teléfono, según el informe de la Sociedad de la Información en España de Telefónica. “Los americanos ya han descrito un síndrome de abstinencia para el móvil”, explica Sergi Vilardell, director terapéutico de la Clínica Cita. “La reacción fisiológica del cuerpo de un adicto cuando no tiene el móvil es similar a la de quien necesita droga o ir al casino: Nervios, taquicardia, sudor”, añade Viladrell, quien considera que iniciativas como Camp Grounded “sirven para descansar un poco, pero no resuelve el problema de fondo”.

“Si tienes necesidad de subir una foto a Instagram, haz un dibujo. Si quieres tuitear, compártelo con quienes están a tu alrededor”, son algunos de los consejos que brinda Camp Grounded a los participantes que duermen en tiendas de campaña o en cabañas separados por sexos, como en un campamento infantil. El fundador de Camp Grounded, Levi Felix, era vicepresidente de una startup californiana hasta que terminó en el hospital por extenuación. Se tomó un sabático, sin portátiles ni móviles, para recorrer el mundo con su pareja. Durante dos años y medio visitaron 15 países y montaron casas de huéspedes en una isla de Camboya donde les quitaba el móvil a los visitantes. De vuelta a California, montaron Digital Detox. Actualmente asisten unas 300 que pagan entre 500 y 650 dólares.

Fuente: OEI

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