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viernes. 12.08.2022
soledades

Llegué anoche a Soledades.

Unas pocas horas en tren de Barcelona a Granada. In illo tempore eran dos días.

Grato almuerzo con dirigentes del soviet nazarí capitalino y filabreño, y trasponer a Soledades para llegar con luz solar todavía.

Aterrizar apenas en la casa interminable y sentarnos en Las Fuentes a convidarnos con ocasión del cumpleaños de Placeres. Y, de paso, ir pergreñando la cumbre del soviet local en torno a un arroz caldoso en Los Arcos. Hay que ajustar bien las agendas porque traigo pocos días. El 28 me estoy regresando con Rafael, el cronista de Tíjola, bordeando al Mediterráneo. En condiciones normales el 4 de agosto salgo para Colombia, pero me llegan noticias de que hay problemas con las invitaciones internacionales a la toma de posesión del nuevo Presidente, el progresista Gustavo Petro. El ultraderechista saliente, un tal Duque, me dicen que está jodiendo la marrana para afear el evento, sin duda histórico en Colombia, por eso quiero estar allí.

La temperatura es impropia de Soledades y reflejo del cambio climático que algunos imbéciles aún niegan. Se brinca con facilidad de los 30 grados por arriba y de los 20 por abajo. Cierto que a la sombra y al amparo de estos muros no se sufre el calor porque es seco y muy alto, y que, en el huerto, a oscuras, esos quince o veinte minutos previos a acostarte son deliciosos. Pero, madre mía, dónde quedó aquel Bacares que en cuanto declinaba el sol había que echarse una rebequilla y en el que te quedabas literalmente helado en la placeta del huerto a las 10 o las 11 de la noche... en Julio y en agosto, me refiero.

Les iré teniendo al corriente mal que les pese.

Que razón tiene el jodido y querido valenciano: Qui perd els oriegens perd l´identitat.

De vuelta a las raíces...