lunes 24/1/22

Hemos referido en anteriores artículos sobre psicología política, en este diario digital, que la Psicología Política es una disciplina con una extensa variedad de marcos teóricos, sensibilidades sociales y prácticas profesionales que reciben distintos tratamientos y valoraciones según la perspectiva adoptada. La Psicología Política constituye una disciplina científica, por tanto, interdisciplinar, que permite colaborar a la mejora en el desarrollo de las sociedades democráticas, y participar de una manera activa en la política profesional.

La mujer es víctima de unas funciones, a priori, con marcado prejuicio: desigualdad en el reparto de poder entre sexos, menor empleo femenino y menos recursos materiales, lo que contribuye en multitud de casos a mantenerla en una situación de dependencia del varón, además de mayores cargas domésticas

La definición más aceptada de violencia de género es la propuesta por la ONU en 1995: “Todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada”. Por tanto, con la expresión violencia de género, nos referimos aquella violencia que se produce por el hecho mismo de ser mujer o de ser hombre, y que se dirige de un género hacia el otro. La violencia más frecuente y polimorfa es la del varón hacia la mujer. Hay una estrecha vinculación entre la violencia estructural y la de género. De acuerdo con Breith, la violencia de género forma un solo cuerpo con las disfunciones estructurales y alimenta la dinámica imperante de una cultura violenta, donde se tiende a normalizar el dominio de unos a otros, como forma natural de vida y dando una base ideológica de una sociedad de subordinación. Por otro lado, Kaufman afirma que: “esta violencia representa muchas cosas a la vez. Es el hombre individual ejerciendo poder en relaciones sexuales y, al mismo tiempo, la violencia de una sociedad jerárquica, autoritaria, sexista, clasista, militarista, racista, impersonal e insensata, proyectada a través de un hombre individual hacia una mujer individual”.

La violencia de género implica analizarla en el contexto social en el que se presenta: como una forma de poder que se expresa en distintas modalidades, física, psicológica, patrimonial o institucional, y ámbitos sociales (privado, público, familiar).

Los principales modelos teóricos sobre violencia de género proponen teorías basadas en problemas de tipo individual, como alteraciones de la personalidad, predisposiciones biológicas o experiencias violentas a temprana edad que puedan explicar tales reacciones violentas. Las teorías basadas en la dinámica familiar asumen que la violencia es el resultado de problemas derivados de una interacción inadecuada en la familia y de los patrones desadaptativos de resolución de problemas de pareja o familiares o ambos, Las teorías sociales y culturales, por su parte, abogan por la existencia de valores culturales que legitiman el control del hombre sobre la mujer.  El ciclo de la violencia descrito por Walker no solo constata las diversas fases del fenómeno (tensión-agresión-remisión), sino que también recoge las principales sintomatologías de la mujer maltratada, de tal manera que revela la trampa en la que muchas mujeres caen y permanecen hasta incluso morir.

La mujer es víctima de unas funciones, a priori, con marcado prejuicio: desigualdad en el reparto de poder entre sexos, menor empleo femenino y menos recursos materiales, lo que contribuye en multitud de casos a mantenerla en una situación de dependencia del varón, además de mayores cargas domésticas.

Uno de los principales síndromes psicológicos que experimentan las mujeres que han padecido violencia de género es el síndrome de estrés postraumático.

Los síntomas principales son depresión, ansiedad, baja autoestima e inadaptación en diferentes áreas de la vida entre otros.

Es llamativo que en las sociedades en las que no existe una jerarquía formal de privilegios de unos grupos sobre otros, donde hombres y mujeres ejercen el mismo poder, los niveles generales de violencia contra la mujer son inferiores. En cambio, el sistema social del patriarcado integra un mensaje claro que afirma que los más poderosos se hallan en su derecho de dominar a los menos poderosos, y que la violencia se contempla como una herramienta válida y necesaria para ello, según autores como la profesora Expósito, de la Universidad de Granada.

Por último, compartir esta reflexión de Angela Davis :”porqué aprendemos a temer al terrorismo y no al racismo, a la homofobia o al sexismo/machismo”.

Violencia de género