Algunas joyas de Huesca

Huesca es una de las provincias españolas que está llena de contrastes, desde los exuberantes valles pirenaico al desierto de los Monegros.​​

Huesca es una de las provincias españolas que está llena de contrastes, desde los exuberantes valles pirenaico al desierto de los Monegros. Aquí les propongo visitar tres lugares que seguro les encantan.

¿Me acompañan?


EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE OBARRA

Es un monasterio románico situado al pie del extremo occidental de la sierra de Sis enclavado en el pueblo de Calvera, dentro del municipio de Beranuy en la Ribagorza de Huesca. El monasterio fue construido por maestros lombardos en el primer cuarto del siglo XI a orillas del río Isábena.

Se halla situado en un lugar a la orilla izquierda del río Isábena, que tras rebasar un congosto espacio sale a una zona amplia, ideal para la ubicación monástica. Para llegar hasta aquí, deberemos de seguir ruta desde Graus hacia el norte, por Capella, remontando el curso del río Isábena en dirección a Roda de Isábena.

“Obarra” significa en vasco agujero entre rocas y está en el fondo de un valle bloqueado por el desfiladero de La Croqueta donde se alza el monasterio. La iglesia de Santa María está dedicada también a San Pedro, San Esteban y a la Santa Cruz.

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El Cartulario de Alaón cita a los “monjes de Uvarra” en el año 874. Para el historiador Jerónimo Zurita: “Existía ya cuando los moros invadieron la península”, anterior pues al año 710, si bien las actuales estructuras datan de los siglos XI y XII. No quedan edificaciones religiosas anteriores al siglo XI.

Citando a José Luis Aramendía: “Ribagorza está tal ligada a Obarra como San Juan de la Peña al reino aragonés o Ripoll a Besalú”.

Abd-el Malik en sus razias e incursiones de castigo a los cristianos se encargó de arrasarlas todas. Ello no quita para que estructuras parciales de las mismas se conservasen o reaprovechasen, como podemos ver en la portada mozárabe de San Juan de la Peña o en los arcos formeros de tipo asturiense de su iglesia inferior. De hecho, en Obarra se pueden hallar restos visigóticos procedentes de edificaciones previas como son los dos capiteles de la portada sur y los cuatro que en funciones de ménsulas decoran el altar mayor. También la tosca pila bautismal es de ese momento.

Su construcción se basó en el sistema de proporciones del triángulo equilátero, sistema que se modificó más tarde para seguir el de las proporciones dobles o diapasón. Los números tres (la trinidad) y siete (el Espíritu Santo, totalidad del tiempo, apocalipsis) se repiten por todo el templo: tres ventanas en el ábside central y siete en los tres ábsides.

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Presenta todas las características del estilo lombardo: las arquerías ciegas que acompasan sus muros, separadas por contrafuertes o lesenas y frisos de dientes de sierra. Original de este templo es el friso de influencia musulmana con celdas romboidales que corona el ábside central.

Se encuentra en su interior una pila bautismal de estilo visigótico sin ningún adorno labrado. Colocada en el centro del ábside mayor se encuentra la imagen de una talla en piedra policromada de la Virgen de Obarra del siglo XIV y que sustituyó a otra anterior románica.

El edificio consta de tres naves divididas en seis tramos, de las cuales la central es más alta y ancha y están precedidas por un presbiterio. Las naves están terminadas por ábsides semicirculares cubiertas con bóvedas de cuarto de esfera que descansan en pilares cruciformes.

El tejado se divide en tres partes, uno central más alto y a dos vertientes y por debajo a cada lago los laterales con una sola caída. Estas soluciones fueron adoptadas para aligerar de carga a las bóvedas. De haber elevado los tejados laterales para continuar el central, hubiera supuesto un gran aporte de materiales sobre las bóvedas, comprometiendo su estabilidad. Además, al interior los ábsides articulan directamente con las naves que los continúan, sin intermedio de arcos principales.

El campanario se empezó a construir pero los muros sólo alcanzaron una altura de tres metros. Se abre una portada con grandes dovelas en uno de los muros laterales datada del siglo XVI donde encontramos esculpido el escudo de los Mur.

Se encuentra también otra portada de estilo románico con arco de medio punto y una arquivolta, sobre esta puerta se encuentra una ventana que presenta también un arco de medio punto.

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El friso del ábside central se halla compuesto por arquillos ciegos que enmarcan nichos profundos y con marcada derrama; dando la sensación de ventanales cegados no se repite en ningún otro templo altoaragonés. Evoca a las hiladas de ventanales bajo alero de las casas aragonesas. También es distinto y excepcional el friso de celdillas romboidales que corona el anteriormente descrito, creando entre ambos una bella sensación de luces y sombras

El asentamiento de monjes en este lugar data del año 874. Este monasterio llegó a ser el corazón del condado de la Ribagorza, escindido del Pallars en el año 930 por Ramón I. No existen construcciones anteriores al siglo XI debido a que seguramente fueron arrasadas por las razzias musulmanas.

La protección de las baronías de Espés y de los Mur de Pallars significaron dos momentos álgidos en los siglos XIII y XVI respectivamente, pero el restablecimiento del obispado de Barbastro, en el año 1571, significó la desaparición del Priorato y el comienzo de una decadencia de la que nunca más se recuperó. Las bóvedas del pie de la iglesia se hundieron en 1872.

En el año 1931, fue declarado Monumento Nacional pero no se empezó su reconstrucción hasta la década de los sesenta. El Palacio Prioral, mandado construir en el siglo XVI por el prior Pedro Mur, está en ruinas al pie de la basílica.

huesca-4Planta del monasterio de Obarra

Obarra tuvo un molino harinero en la parte más cercana al río, que actualmente está acondicionado como albergue para grupos de jóvenes. El puente que da acceso al conjunto recuerda a uno de estilo gótico que desapareció en una riada del año 1963.

Muy cerca del monasterio y perteneciente a él, se encuentra la pequeña iglesia dedicada a San Pablo del siglo XII, consta de una sola nave con bóveda de cañón y con un ábside central semicircular. Sobre su portada de arco de medio punto tiene colocado un Crismón.

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AíNSA un pueblo para ver

La leyenda sitúa el nacimiento de Aínsa en la conquista de la plaza por las tropas del rey García Ximénez en el año 724, gracias al milagro de la cruz de fuego. Desde el siglo XVI, hay una cruz en el lugar donde supuestamente ocurrieron los hechos. Las fuentes históricas apuntan que los musulmanes no llegaron a establecerse en estas tierras.

huesca-7Puerta exterior de la muralla

La villa de Aínsa está enclavada en la antesala del Pirineo oscense. Se eleva sobre un montículo que domina la confluencia de los ríos Ara y Cinca en el Sobrarbe y ostenta, junto a Boltaña, el título de cabecera histórica del antiguo condado del Sobrarbe, se le considera además capital y epicentro turístico de la misma Comarca.

EL CASTILLO DE AÍNSA

Su castillo está considerado como BIC (Bien de Interés Cultural) y fue declarado Monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional mediante decreto de 3 de junio de 1931. Actualmente, su recinto es utilizado para albergar los conciertos del conocido Festival del castillo de Aínsa y las diversas ferias de la localidad.

Data del siglo XI y formó parte de la línea de defensa de los territorios cristianos y se convirtió en el embrión de la villa, que en tiempos de la Edad Media fue amurallada, y se convirtió en la capital del condado de Sobrarbe, que perteneció al reino de Nájera-Pamplona, antes de que éste diera lugar al reino de Navarra y luego se integrara en el reino de Aragón.

En el año 1124, el rey Alfonso I el Batallador otorgó la Carta Pueble por la que se beneficiaba a sus habitantes con el fuero de Jaca. La importancia de la plaza llevó que la iglesia de Santa María fuera concebida también como defensa, tal y como atestiguan las saeteras de su torre.

Data de los siglos XI y XVII, siendo una obra de varios siglos que conserva muy pocos elementos del original edificio románico. Destacan en él la Torre del Tenente, de planta pentagonal, hoy convertida en un EcoMuseo, el gran patio de armas y un portalón que se abre a la plaza Mayor.

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El castillo es resultado de dos fases constructivas bien diferenciadas. La primera de ellas data del siglo XI en estilo románico, época en que se reorganiza la frontera meridional de Sobrarbe, fortificándose numerosos puntos frente a los territorios de dominación musulmana.

La torre del homenaje se alza sobre un antiguo emplazamiento musulmán reconquistado por Sancho Garcés III y en torno a ella se construyó el resto del edificio medieval a partir del siglo XI. Esta pequeña fortificación se repobló a partir del año 1124 por el privilegio que le concedió el rey Alfonso I. Se trata de una fortaleza localizada en la parte alta de la población.

La segunda fase de la construcción es de mayor importancia y se incluye en el plan general de reforzamiento y modernización de defensas fronterizas con Francia llevada a cabo por Felipe II a finales del siglo XVI. Esta ampliación siguió con el proyecto diseñado por Spanocchi, que también diseño las ciudadelas de Jaca y Pamplona, además de otras actuaciones en el Alto Aragón a finales del siglo XVI.

A partir del siglo XVIII el castillo cayó en desuso habilitándose como fuerte militar en los distintos sucesos bélicos del XIX.

Desde mediados del siglo XVIII, el castillo cayó en desuso, habilitándose como guarnición militar en los distintos sucesos acaecidos en los siglos XIX y XX, cuando se produce la reforma de los vanos para su adaptación a la fusilería. En la actualidad, se ha intentado recuperar el espacio del castillo como lugar de encuentro cultural y se celebra durante el verano el Festival del Castillo de Aínsa.

El cúmulo de fases constructivas principalmente entre los siglos siglo XI y el XVII han dado como resultado un recinto defensivo complejo. Las diferentes exigencias militares y estratégicas propias de cada momento histórico alteraron en gran medida la construcción. El ingeniero Tiburcio Spanocchi, en el siglo XVI, encargado de la construcción de fortificaciones a lo largo del Pirineo aragonés, concibió el castillo de Ainsa como un recinto unitario, dando homogeneidad y aprovechando todos los restos de fases constructivas anteriores. Se aprecian pues restos de la original fortificación medieval levantada en el siglo XI.

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El resultado actual es un recinto de planta irregular con torres en cada uno de sus vértices, construidas en sillarejo y refuerzo de sillar en los ángulos. El lienzo o muralla, construido igualmente en sillarejo, se levanta imponente alcanzando incluso los catorce metros desde el interior. El recinto posee dos accesos, este y oeste, dos bastiones y un foso en su lado occidental. La muralla es transitable desde lo alto, y muestra gran cantidad de aspilleras o troneras para artillería a lo largo de todo el lienzo.

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A lo largo del siglo XX se produce la pérdida de importancia de la comarca del Sobrarbe y ello conlleva una pérdida de actividad económica de Aínsa, que se mantuvo en un estado de subsistencia hasta principios del siglo XX cuando las actividades tradicionales se vieron perturbadas con los planes de huesca-11construcción de diferentes presas, pantanos y otros sistemas hidráulicos, destinados a la producción de electricidad y al suministro de agua para la llanuras del valle del Ebro.

Iglesia parroquial de Santa María

Esta actividad llevó a la expropiación y pérdida de las mejores tierras de cultivo de los valles y a la emigración de sus gentes. Muchos de los pueblos vecinos vieron cómo desaparecían la totalidad de sus habitantes y en otros como éstos disminuían drásticamente. Esto llevó a que pasaran a depender del ayuntamiento de Aínsa.

La limitación de recursos de todo tipo que la baja densidad de población y la complicada orografía provocan, llevaron a una crisis importante a mediados del siglo XX. Esta crisis fue superada mediante el recurso turístico y el florecimiento del turismo rural y natural.

 

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El propio núcleo urbano original de Aínsa es en sí mismo un monumento digno de visitarse, tal como se reconoció en su declaración de Conjunto Histórico Artístico. Dentro de él destacan:

Iglesia románica fue construida en el siglo XI y finalizada en el XII. Se consagró en el año 1181. Tiene una portada sencilla de cuatro arquivoltas apoyadas en otros tantos pares de columnas con capiteles labrados. Desde el interior del templo de única nave con bóveda de medio cañón apuntado. Su torre, de dimensiones únicas en el románico aragonés, hace imprescindible su visita, con saeteras para la defensa.

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La Casa Bielsa construida entre los siglo XVI - XVII con unas ventanas reseñables que destacan de las construcciones del entorno.

Casa Arnal construida en el siglo XVI siendo un ejemplo de edificación típica de la comarca con sus portadas y rejas. El concepto de casa no abarca únicamente el edificio físico, sino que se extiende a las propiedades familiares y a los miembros que componen la familia o conviven en ella.

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Calle Mayor de Aínsa

Plaza Mayor se encuentra presidida por el edificio del Ayuntamiento y abierta al castillo, se rodea por soportales en ambos lados. En estos soportales se ubican sendas prensas comunitarias en las que se realizaba la prensa de la uva.

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Su Plaza Mayor fue construida en torno a los siglos XII y XIII, conserva toda la esencia y encanto de su arquitectura. Su belleza seduce a primera vista, el empedrado de sus calles, los soportales y sus casas de piedra antiquísimas y excelentemente conservadas, y sobre todo, su Plaza Porticada con arcos de medio punto, hacen que el visitante retroceda en el tiempo hasta la mismísima Edad Media.

Plaza de enormes dimensiones fue escenario de numerosas ferias y mercados durante la época de mayor auge de la villa y a día de hoy, todavía se conserva la ”Ferieta de Ainsa”, el primer fin de semana de febrero ,y la “Expo-feria” del Sobrarbe, el fin de semana anterior al 14 de septiembre. En el mismo mes, se celebra “La Morisma”, una puesta en escena donde los habitantes de la villa visten los atuendos propios de moros y cristianos en una representación que conmemora la legendaria victoria del año 724, de las tropas cristianas sobre las tropas musulmanas.

RODA DE ISÁBENA

Fue capital del condado de Ribagorzas y sede episcopal en el siglo X, por lo que se levantó, por dos veces. La catedral de Roda es de estilo románico y fue construida entre los siglos X y XII.

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Vista de la catedral de Roda

El primer templo fue consagrado en el año 956. El hijo de Almanzor, Abd El Malik, saqueó la villa en el año 1006, destruyendo la primitiva catedral. Recuperada Roda de Isábena por los cristianos en el año 1010, comenzó la construcción de la segunda catedral, que fue consagrada en el año 1030.

La catedral de Roda ejerció como tal hasta el año 1149, año en que su jurisdicción eclesiástica pasó a Lérida una vez fue reconquistada por los cristianos.

La localidad de Roda se alza sobre un promontorio que domina el acceso al valle del río Isábena, pues en el siglo X era un lugar fortificado, que establecía una atalaya de vigilancia entre los dominios de la Taifa de Zaragoza y el condado referido, que más tarde se integraría en el Reino de Aragón.

A mediados del siglo X esta pequeña localidad, que actualmente tiene 55 habitantes, se convirtió en sede del obispo de Roda y capital política del condado de Ribagorza. El traslado de la sede episcopal a Lérida y luego a la diócesis de Barbastro-Monzón provocó en esta localidad la pérdida del esplendor pasado, a ello posteriormente se le unió, la desamortización del siglo XIX. No obstante, la catedral de San Vicente Mártir conserva todavía vestigios de su rico pasado. Hoy, este lugar presume de ser la población más pequeña de España que cuenta con un templo catedralicio.

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Se ha conservado durante siglos en la catedral de Roda la versión más antigua de la llamada Crónica de Alfonso III denominada por este motivo “Crónica Rotense”. Esta crónica fue escrita entre la segunda mitad del siglo X y el siglo XI, al parecer en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y después de estar en paradero desconocido durante mucho tiempo, reapareció en una biblioteca privada en el año 1927.

Las obras de la catedral se inician en estilo románico lombardo, aunque en tiempos de Sancho el Mayor fue modificado el proyecto, continuándose en alzado con maestros de obras navarros que aportaron una nueva concepción de la obra, relacionada con el Camino de Santiago. El proyecto original contemplaba un edificio de tres naves con cabecera triple de ábsides semicirculares precedidos de tramo recto, en la actualidad el septentrional reformado.

Se finaliza la construcción inicial en el reinado de Sancho Ramírez, rematado con la cabecera y se erige una torre en el lado sur. A principios del siglo XII, se alzan las tres naves y se construyen criptas en los ábsides, para lo que fue necesario sobre elevar el pavimento. La portada, que se encuentra en el muro sur, data del siglo XIII, si bien está cobijado bajo un pórtico de fábrica moderna.

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Cripta de la catedral, caracterizada por encontrarse descubierta. Sobre ella, el altar elevado por tres arcos de medio punto

Se adosa el claustro y la capilla de San Agustín en el lado norte, ésta de nave única y ábside semicircular. Mucho más tarde, en el siglo XVIII se construye el pórtico meridional y la torre actual.

En su frente exterior la cabecera presenta arquillos ciegos y bandas verticales motivos decorativos característicos de la arquitectura románica lombarda. En alzado se aprecia la presencia de las criptas. El ábside septentrional fue sustituido por otro de fábrica barroca.

La división de las naves se produce mediante pilares cruciformes en los que descansan las bóvedas de arista de las naves laterales y la de cañón apuntado de la nave central. El pavimento presenta diferentes niveles dada la presencia de una tribuna, los accesos a la cripta y la presencia de la misma en la cabecera.

La cubrición de los ábsides se realiza por medio de bóvedas de cañón apuntadas en el presbiterio, y bóvedas de cuarto de esfera en la central, que si bien está oculta por el retablo barroco, se puede apreciar rodeando este.

Tres criptas en niveles diferentes se hallan bajo la cabecera. La cripta central, o Cripta de San Ramón es la más compleja y amplia, puesto que consta de tres naves con cabecera semicircular, siendo su principal peculiaridad el hecho de que la cripta se encuentra descubierta y casi al mismo nivel que la nave central, lo que obligó a sobre elevar el altar.

Claustro de la catedral de Roda de Isábena

En el lado norte se sitúa el claustro, de planta trapezoidal y arquerías de medio punto en las que descansa un tejado que vierte al interior en un aljibe, que recoge el agua de lluvia. En torno a éste, se distribuyen dependencias catedralicias: la Sala capitular y el Refectorio, además de una capilla llamada de San Agustín. Esta estancia, de planta rectangular y ábside semicircular está decorada con pintura mural.

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El claustro de Roda es el más importante de Europa en cuanto al número de inscripciones funerarias se refiere. Según los estudios de Antonio Durán Gudiol, hacia la mitad del siglo pasado, figuran 191 inscripciones en los muros e intradoses de los arcos en las cuatro galerías del claustro.

A parte de la catedral, Roda de Isábena es un pueblo medieval encantador con calles empedradas, sin tráfico, y con unas vistas desde el mirador de la hospedería o desde la puerta de Santa Ana, que no dejan lugar a dudas de que este pueblo se construyó para vigilar el acceso al valle de Isábena. Seguro que nos acordaremos de este pueblo durante mucho tiempo, tanto por sus bellezas como por las vistas que nos ofrecen sus miradores.

ALQUÉZAR Y LA AVENTURA

En el Somontano oscense se enclava la villa de Alquézar. Encaramada a 660 m de altitud sobre una de las sierras paralelas al Pirineo, el pueblo se integra perfectamente en un impresionante paisaje de calizas modelado por el rio Vero, que ha creado a lo largo del tiempo un cañón increíble para la práctica del barranquismo, acantilados impresionantes, cuevas de arte rupestre …

Su majestuosa Colegiata fue declarada Monumento Nacional en el año 1.931 y la arquitectura y trazado medieval de su casco urbano es Conjunto Histórico Artistico desde el año 1.982.

Alquézar es un paraíso ornitológico, cuenta además con numerosas rutas de senderismo, enclavados dentro del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Desde sus numerosos miradores, los amantes de la fotografía podrán captar imágenes de su salvaje belleza y de los campos de almendros en flor que llenan el aire de su aroma en primavera.

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Vista general de AlquézarSin duda, visitar este pueblo es obligado para todo aquel que visite la provincia de Huesca en cualquier época del año

En Alquézar hay que visitar la Colegiata que es una Colegiata-castillo con orígenes de fortaleza, construida en el siglo IX por Jafaf ibn Rasid para frenar a los reinos cristianos del norte. El origen de esta fortaleza se data a principios del siglo IX.

En torno al año 1067, es conquistada por Sancho Ramírez, hijo de Ramiro I, y pasa a ser una fortaleza cristiana a la que se le denominó “Castrum Alqueçaris”. A medida que el proceso de la Reconquista avanza hacia Barbastro y Huesca, esta fortaleza va perdiendo su importancia militar y estratégica y se convierte en una institución religiosa.

Sancho Ramírez decide dotar a Alquézar, en año 1099, de una comunidad de canónigos agustinos. Para ello, construye una iglesia colegiata románica que será sustituida en el siglo XVI por otra tardogótica y de la que sólo se conserva el atrio con capiteles historiados.

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Claustro de la Colegiata

Se construyó el claustro gótico en el siglo XIV pero en un estilo próximo al románico. Su planta es la de un cuadrilátero irregular, con columnas pareadas y arcos de medio punto. Todavía se mantienen seis capiteles historiados románicos de la primera mitad del siglo XII con temas como el la creación de Adán, la Tentación de Eva y Adán en el Paraíso, Caín y Abel, el Diluvio Universal o la Historia de Abraham entre otros.

Entre los siglos XV y XVIII, los muros del claustro fueron decorados con pinturas al fresco que relatan escenas del Nueva Testamento como se ve en la foto del claustro.

Se erigió la actual Colegiata de Santa María en la primera mitad del siglo XVI, uno de los monumentos más visitados de Alquézar. Durante el siglo XVII se le añaden algunas capillas y el retablo mayor, situado en el presbiterio. Es de madera dorada y policromada, realizado en un estilo de transición entre el Renacimiento y el Barroco.

El claustro conserva un curioso y elegante claustro románico trapezoidal. Se ha dicho que este tipo es de influencia islámica, pero los encontramos también al norte de los Pirineos: Saint-Martín du Canigou, Le Thoronet o Saint-Guilhem-le-Dèsert. Este tipo de planta normalmente se genera por tener que adaptarse los maestros de obra a un espacio determinado.

Los arcos del claustro no tienen clave, sino que están construidas por dovelas contiguas sin necesidad de ubicar una de ellas en el punto central del arco. La falta de una dovela central no implica ninguna problemática constructiva, ya los visigodos lo hacían en el siglo VI y VII, construyendo arcos con dovelas regulares o irregulares y normalmente, no siempre, sin clave.

La Ruta de las Pasarelas

Permite admirar la belleza del último tramo del cañón del río Vero. Es aquí, donde se da una combinación perfecta entre la roca, el agua y la huella dejada por el hombre en su afán por aprovechar la fuerza de las aguas de este río. Las espectaculares pasarelas, que no ofrecen peligro alguno, permiten un primer acercamiento a este singular enclave natural de Alquézar.

El recorrido senderista parte de la Plaza Mayor de Alquézar. Debemos dirigirnos a la calle que lleva a la Colegiata y descender por la rampa de piedra existente en el primer desvío izquierdo. En este punto puede verse una indicación hacia las Pasarelas del Vero.

Pronto, encontramos las primeras pasarelas de madera que bajan encajonadas entre la Peña Castibián, a la izquierda, y los Muros de la Colegiata, a la derecha. Un total de siete tramos de pasarelas facilitan el descenso hasta el Vero.

Durante el recorrido es posible disfrutar de la belleza del Barranco de la Fuente, caracterizado por sus numerosos covachos y una vegetación adaptada a la humedad y frescura propia de estas gargantas.

Al llegar al lecho del Vero, merece ser visitada la Cueva de Picamartillo, situada en la margen izquierda del río, frente a la desembocadura del Barrando de la Fuente.
El camino prosigue río abajo, a través de una espectacular pasarela metálica instalada en la pared rocosa.

Más tarde encontraremos la vieja presa y, tras recorrer un nuevo tramo de pasarelas metálicas, la antigua central hidroeléctrica de Alquézar. Una badina de un profundo azul turquesa invita al baño y al descanso.

Desde aquí, el camino se aparta del río para serpentear entre antiguos olivares hasta dar con el camino que lleva al pueblo de Alquézar. También se puede ampliar la ruta visitando en puente de Fuentebaños y el molino con el azud. Encontraremos el desvió en el camino de regreso a Alquézar.

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Espero que les haya resultado grato el descubrimiento de estas joyas oscenses.