lunes. 22.07.2024

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Según nos cuentan a diario los heraldos de los malos augurios, España vive uno de los periodos más críticos de su historia, pero no sólo el ente abstracto llamado de ese modo, sino sus habitantes, los españoles. La patria se resquebraja, una falla de dimensiones descomunales amenaza con partirla en cachitos que saldrán a flote en dirección a mares ignotos; la balcanización ya no es una amenaza sino un hecho real; una banda de criminales terroristas dicta el Boletín Oficial del Estado y, de no ser por las pasadas victorias europeas del Real Madrid, a estas horas estaríamos abriéndonos la cabeza sin contemplaciones. Nos invaden, quieren recuperar Al-Andalus, perdimos Cuba y Filipinas, los homosexuales tienen iguales derechos que los que no lo son, los científicos pueden trabajar con células madre para salvar vidas, los jóvenes no se meten a cura y, encima, nuestros espermatozoides carecen de movilidad y nos quedamos calvos a temprana edad. Insufrible.

España, abandonada en esta cuestión por la Unión Europea, asiste impertérrita a una verdadera catástrofe humanitaria en sus mares del sur

Uno creía que España, en la que se debaten cuestiones políticas por políticos, aunque algunos parecen haber bajado del árbol hace cuatro días, era uno de los países donde mejor se vivía del mundo. Sin duda estoy equivocado y es el señor Jiménez Losantos quien tiene toda “la razón”: “Los cainitas, los guerracivilistas, los sectarios, los vendepatrias, separatistas y amigos de terroristas que han tomado el poder van a destruir una nación, la más antigua de Europa, que tiene más de dos mil años de historia”. Me lo haré mirar.

Sin duda, es en Senegal, Malí, Costa de Marfil, Liberia, Zambia, Sierra Leona, Guinea y el Congo donde la gente vive de puta madre. Es a esos países donde acuden los grandes magnates a comprarse la ropa de última moda, donde se ha combatido el SIDA con mayor eficacia, donde los sistemas de protección social funcionan como un reloj, donde la gente tiene los mayores niveles de colesterol y triglicéridos del planeta debido a su copiosa dieta alimenticia, donde se registran los índices de escolarización y bienestar más altos de la tierra; es África, en especial la subsahariana, el lugar en el que todos desearíamos tener una segunda residencia para pasar las vacaciones, vacaciones que como todos sabemos aprovechan los nativos para ejercitarse en deportes de aventura como cruzar el Estrecho en Patera o viajar hasta las Islas Canarias en un cayuco abarrotado. A estas alturas, nadie puede ignorar que es en las sociedades más subdesarrolladas donde los deportes de riesgo cuentan con mayor aceptación, con más adeptos.

España y los países europeos tienen una deuda con África, ha llegado la hora de pagarla o este crimen nos cubrirá de oprobio eternamente

Mientras buena parte de los españoles están en estos momentos preocupados por los eventos que rodean a las añoradas y merecidas vacaciones, mientras medio país está, o ha estado, pendiente de las glorias futbolísticas, automovilísticas, ciclistas y motocicletas, mientras una de nuestras mayores preocupaciones es que los mandos a distancia de los distintos electrodomésticos no funcionen y nos obliguen a levantarnos del sofá una y otra vez, mientras se gastan miles de millones en horadar el suelo de nuestras ciudades, cientos de desesperados hambrientos y valientes arriesgan sus vidas intentando llegar, en condiciones extremas, a la España balcanizada, a la España que se rompe, a la España destruida donde se vive tan mal. El grado de inmoralidad, de egoísmo, de demagogia homicida a que han llegado algunos insulta al género humano.

España, abandonada en esta cuestión por la Unión Europea, asiste impertérrita a una verdadera catástrofe humanitaria en sus mares del sur. Es, como dice Sami Nair, sólo el principio de una tragedia de dimensiones incalculables porque nace de la miseria que produce la explotación. La conciencia de las personas de buena voluntad no puede permanecer inalterable ante la masacre diaria que vemos por televisión; España y los países europeos tienen una deuda con África, ha llegado la hora de pagarla o este crimen nos cubrirá de oprobio eternamente.

El mar que nos traga