sábado 30.05.2020

Turismo de negocios, ¿qué es lo que no nos cuentan?

Por Raul Travé | España no ha parado de perder terreno en este sector. Si en 2007 el número de turistas llegaba a los 5.280.000, en 2016 se quedaba en 4.679.000.

Turismo de negocios, ¿qué es lo que no nos cuentan?

Si en 2007 el número de turistas de negocios llegaba a los 5.280.000, en 2016 se quedaba en 4.679.000

Hace unas pocas semanas, la Escuela Universitaria de Turismo Ostelea presentó el informe “Turismo de negocios retos y oportunidades”. Debo reconocer que la expresión “turismo de negocios” todavía se me antoja un oxímoron, una contradicción. ¿Hasta qué punto se puede considerar turista a alguien que no viaja por placer, tiene obligaciones ineludibles y objetivos económicos?, ¿no estaremos, en muchas ocasiones, ocultado tras esta denominación la colonización de todos los ámbitos de nuestra vida por parte del trabajo, la extensión de la explotación laboral a todos los ámbitos y momentos de nuestra vida? Incluso desde el punto de vista del análisis de los efectos socio-culturales parece poco probable que esta actividad produzca en la sociedad anfitriona los mismos efectos que el turismo de ocio.

En cualquier caso, no queda más remedio que reconocer que se trata de una rama de esa industria que hemos venido en llamar turística pero que bien podríamos denominar de viajes, pues tiene más que ver con el desplazamiento que con el ocio o el placer. En este sentido, el llamado turismo de negocios se ha convertido en objetivo prioritario de las políticas turísticas de muchos estados y, especialmente, de algunas de las ciudades más importantes del mundo.

Ciñéndonos al análisis de los datos del informe de Ostelea nos encontramos con una cruda realidad: entre 2007 y 2016 España no ha parado de perder terreno en este sector. Si en 2007 el número de turistas de negocios llegaba a los 5.280.000, en 2016 se quedaba en 4.679.000.

Mirando otras magnitudes, según la International Congress and Convention Association, tanto el número de eventos como los participantes en los mismos han caído en los últimos años. Por ejemplo, entre 2014 y 2016 el número de asistentes a eventos de negocios en España retrocedió cerca de un 25%. Si nos fijamos en los resultados de Madrid y Barcelona, descubrimos que en el mismo periodo de tiempo las cifras de participación en Madrid cayeron un 58,78%, mientras que las de Barcelona sufrieron un retroceso del 21,97%.

Durante las últimas semanas se ha hablado mucho del efecto de la política catalana sobre los datos de llegada de turistas a Catalunya. Este mismo miércoles el nuevo secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili, apuntaba en esa dirección pero, ¿podemos responsabilizar en exclusiva al llamado procés de estos datos negativos? Sin negar las posibles repercusiones que haya podido tener la cobertura internacional de lo ocurrido en Catalunya durante los últimos meses, especialmente de aquello que más ha impactado en la opinión pública internacional, esto es, las cargas policiales contra los votantes del 1 de octubre y la consecuente sensación de inseguridad que éstas generan, no podemos caer en la simpleza de identificar a un único responsable.

Los mencionados datos de turismo de negocios indican que hay causas más profundas y que debemos buscar con algo más de rigor si queremos invertir esta tendencia. En el caso de Barcelona, más allá de incidentes puntuales como los atentados de agosto o la inestabilidad política, debemos reflexionar, entre otras muchas cuestiones, sobre la saturación de los espacios públicos o la pérdida de riqueza cultural de la ciudad. O quizá deberíamos aprovechar esta reflexión para plantear la necesidad de cierto decrecimiento que haga de la industria turística algo más controlable y provechoso para todos.


Raul Travé | Doctor en Antropología Social y Cultural y Profesor de Ostelea School of Tourism and Hospitality  

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