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martes. 05.07.2022
fascismo

Por José Bujalance C. | Es un desafío dilucidar en qué casos y en qué medida los paralelismos históricos son significativos y relevantes para la toma de decisiones de los líderes políticos actuales. Pocos episodios del pasado europeo tienen tanta influencia en nuestro tiempo reciente (la crisis de 2007-2008 y las políticas diseñadas para superarlo), y nuestro inminente futuro (la salida de la crisis pandémica Covid-19), como la hiperinflación de 1923. En este sentido, en la medida que la hiperinflación alemana pueda ayudar a orientar nuestros esfuerzos actuales, deberíamos tomar lecciones.

Casi todo el mundo recuerda la inflación de Weimar a principios de la década de 1920. Sin embargo, apenas se recuerda la deflación y la austeridad adoptada entre 1930 y 1932 (siguiendo las pautas del patrón oro) bajo el mandato del canciller Brüning, que permitió el éxito electoral de Adolf Hitler.

Una triste lección política que nos deja el COVID-19 es que el mejor aliado de la enfermedad no es la pobreza, su mejor aliado es el populismo. Tanto la xenofobia como los populismos democráticos llevan más de una década fortaleciéndose, en coincidencia con el colapso financiero de 2008 y sus consecuencias políticas, económicas y sociales. De ahí han surgido líderes con discursos que defienden a las empresas locales y rechazan a los inmigrantes y los bienes importados. El nacionalismo económico está recibiendo ahora un impulso adicional, como ya ocurriera en los años 30 del pasado siglo, cuando los grandes industriales y hombres de negocios se alían al Partido Nazi. Hitler no llegó al poder casualmente, fue financiado por organismos nacionales e internacionales puestos en escena en el juicio de Núremberg.

El desplome de la producción industrial, la ruina de los bancos, el hundimiento de los salarios y el desenfrenado crecimiento del desempleo generan un ambiente de hostilidad hacia los gobiernos democráticos, considerados como los responsables de la situación para muchos. En 1932 casi el 30% de la población activa alemana se encontraba en condiciones de desempleo; los índices de pobreza aumentaron espectacularmente y la situación política y social fue radicalizándose. El Partido Nazi (NSDAP) aprovechó el desprestigio de las instituciones para atraerse a un creciente número de simpatizantes que demandaban orden y seguridad económica.

Hoy, la inflación bate récords por toda Europa, desde Alemania, que no experimentaba una subida de precios de esta magnitud desde que se reunificó, hasta Francia donde, a pesar de estar más controlada que en otros países, le ha hecho la campaña a la extrema derecha, que ha conseguido 2,5 millones de votos más que en las anteriores elecciones y todo apunta a que la pérdida de poder adquisitivo ha jugado una parte fundamental.

Como ya sabemos, la extrema derecha no ha apoyado durante estos años de legislatura al menos diez iniciativas destinadas a mejorar las condiciones laborales, salariales y cotizaciones de los empleados. El PP y Vox, nacidos del mismo vientre, son inseparables compañeros de viaje, y aunque la jugada se repita, no puede considerarse como signo de normalidad democrática. Santiago Abascal alaba el franquismo y desprecia a los gobiernos elegidos democráticamente por la soberanía popular. Lo hizo en el Congreso de los Diputados, ante las cámaras de la televisión pública y múltiples micrófonos de todos los medios.

Es una vergüenza nacional cuando el repugnante fascismo, grosero, insulto a la inteligencia, se siente legitimado. Cabe recordar que la propia Unión Europea puso al partido de Santiago Abascal como ejemplo de grupo de extrema derecha que utiliza habitualmente la desinformación y propagación de bulos en redes sociales en campaña electoral. A algunos nos sorprende cuando acontecimientos históricos se repiten, a pesar de que sabemos lo dañinos y devastadores que son.

Como dijo Nicolás Andreoli,

"Creo que no existen los imposibles, que solo sobran los cobardes, que otro mundo es posible, que acá nunca es tarde... Creo en la gente, en la que siente, en la que abre la mente y entiende que, para ser iguales, primero, hay que aceptar que somos diferentes. Creo en los sueños que duermen poco, en los cuerdos que parecen locos... Creo en los que van tropezando, porque esos son los que andan volando; en los que andan perdidos, porque esos son los que se van encontrando...".

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