TRIBUNA DE OPINIÓN

Los tragasables otánicos y mochilas. ¡Más madera. Es la guerra!

“Mi primer desengaño se llamaba Moscú” (Joaquín Sabina)
“Las patrias te llamaron con todas sus banderas” (Miguel Hernández)
“¿Qué harías tú, en un ataque preventivo de la URSS?”

 (Canción del Grupo Polanski y el Ardor)

“Los tres países actuales cuyos orígenes podrían rastrearse
hasta el Rus de Kiev-Rusia, Bielorrusia y Ucrania-, prosiguió Putin,
eran miembros de esta familia.”

(Vladímir Putin)


Las viñetas del Roto, Andrés Rábago, son sencillamente estupendas, verdaderos editoriales de opinión de una calidad extraordinaria. Hará menos de una semana que vi uno, que me sorprendió y agradó mucho. Se veía a un ciudadano con la cabeza en hiperextensión, tragándose un sable, como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo circense. El texto de Rábago rezaba: nuevas profesiones, tragasables de la OTAN. Siempre pasa algo interesante: en la Transición deglutimos muchos sapos para sacar adelante la normalización democrática de este país; ahora la OTAN quiere que nos traguemos sables para preservar la Paz y la Seguridad, eufemismos para camuflar, sibilinamente, la imperiosa necesidad de hacer la Guerra.

La carrera armamentística de la OTAN, por tierra, mar y aire, su propaganda bélica y la llamada a la población a un esfuerzo continuado en el aumento de los Presupuestos en Seguridad y Gasto Militar (mochila incluida para resistir tres días de catástrofes varias y heterogéneas); es decir: en equipos, industria y tecnología bélica alcanza ya unas dimensiones sobresalientes.

El Presupuesto Militar anual de la OTAN viene a significar 1,26 billones de euros (55% del total del gasto en todo el mundo); 860.000 corresponde a los Estados Unidos (37% del gasto global), así como un 68% de los 31 países miembros de la Alianza Atlántica. El estudio del Instituto Internacional de Estocolmo en Investigación para la Paz (SIPRI), - fuente de la que hemos obtenido todos los datos-, confirma la mayor inversión, en una década de los países europeos de la OTAN, 11 de los cuales ya han superado el compromiso de dedicar más del 2% de su Producto Interior Bruto (PIB) en Presupuesto Militar. La inversión de todos los países europeos de la Alianza supone el 28% de la misma. La conclusión del Instituto (SIPRI) es demoledora: en el espacio socio-político se está priorizando, sin lugar a dudas, la fuerza militar sobre cualquier otra alternativa no bélica.

La parte socialista del Gobierno español sigue haciendo malabares y juegos de prestidigitación, para tener hecho los deberes, contentar a sus aliados y ser un buen alumno. Juega y especula con conseguir un porcentaje de entre el 3% y el 3,5% del PIB, a fin de satisfacer las exigencias de la OTAN en la cumbre que se celebrará, dios mediante, entre el 24 y 25 de mayo en la Haya.

 Prometen no meter las manos en la caja de los gastos sociales (“la mantequilla”), y sacar la pasta gansa de las partidas destinadas a la lucha contra el terrorismo (¡vaya, vaya, esta partida presupuestaria debe dar para mucho!). Espero que el Gobierno informe al Congreso con diligencia de dónde, como diría en Cheli Ramoncín, va a salir la guita, la cera o bacalá (véase para estos y otros vocablos propuestos en este artículo: el Nuevo Tocho Cheli, Diccionario de Jergas escrito por Ramoncín (José Ramón Julio Martínez Márquez).

Según el Instituto (SIPRI), en los dos últimos años de guerra en Ucrania, se ha observado el aumento de las perspectivas de los estados europeos sobre Seguridad. Un fenómeno reflejado en el incremento constante del gasto militar. Obsérvese el caso de Polonia, alumno aventajado, con una subida interanual del 75%, ¡la mayor de toda Europa!

“El juguetito sale caro”: mucha manteca, mojama o morterada (cantidad ingente de dinero). Al crédulo ciudadano, en gran medida, le toca el papel de tragasables, nuevamente en Cheli: kalilo, tragaderas, ingresón. Pero, no hay de qué preocuparse, los técnicos de la Unión Europea (UE) tienen soluciones: mayor gasto (la industria armamentística está frotándose las manos), aumento de compras conjuntas y ventajas fiscales; ¡qué chollo, madre!

Mark Rutte, el Secretario General de la Alianza Atlántica (el Jefe del tinglado, un Señor de la Guerra riguroso, severo y con capacidad organizativa), dice que ésta ya ha comprometido unos 20.000 millones de euros de apoyo militar y de seguridad a Ucrania para 2025. Pero no queda ahí la cuestión; Marta Kallas (de nacionalidad estonia), la actual Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores vive una verdadera obsesión con la ayuda militar a Ucrania; nada menos que pidió, el 14 de abril del año en curso, y durante una reunión de alto nivel, en Luxemburgo, en la que estaban presentes 27 ministros de Exteriores de la UE la creación de un fondo de hasta 40.000 millones de euros, para financiar las donaciones bélicas a Kiev. Sería de participación voluntaria y cada uno de los estados contribuiría en proporción a su PIB. España, Francia e Italia lo frenaron en seco. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Lo de la guerra ruso-ucraniana es un pozo sin fondo de parné, mosca o flus, otra vez en Cheli Eso sí, se acordó comenzar los estudios técnicos y las conversaciones para concretar el decimoséptimo- sí, sí llevan 17 -, paquete de sanciones para el Régimen Autocrático Ruso. Falta por designar, que no se les olvide, la empresa de mensajería que porte el paquete.

Hablando de paquetes, no hay ninguno para Israel a pesar de su agresión genocida sobre los Territorios Ocupados Palestinos (Cisjordania y Gaza). Para Israel lo que hay es un premio, volverá a participar en Eurovisión cual si no pasará nada. Estos eximios políticos otánicos y de la UE no dicen ni “mu” sobre la agresión sionista. Algunos, con la boca pequeña murmura alguna cosita: la dificultad del conflicto, la petición de proporción y contención de Israel y la manida cuestión de los dos Estados- “cuéntame un cuento y verás que contento, me voy a la cama y tengo dulces sueños”, versión de la buenísima canción de Celtas Cortos -; no obstante, ha habido tres (España, Irlanda y Noruega) que han reconocido al Estado Palestino. Algo es algo. Bueno, a mí lo de Eurovisión no me importa mucho, no lo veo nunca. Vamos, que rien de rien.

Lo que sí me tranquiliza es que Josep Borrell, antiguo Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, una vez abandonado el cargo, duerma bien por las noches. El político se debatía dramáticamente, que se lo escuche yo una vez, entre su compromiso de alianza y apoyo a Israel y el respeto a la Legalidad Internacional, a los Principios, Valores Democráticos, Derechos Humanos y sumisión a las decisiones del Tribunal Penal Internacional de la Haya, que consideran a Netanyahu y Yoat Galant, su exministro de Defensa, como criminales de guerra, lesa humanidad y actos inhumanos, entre ellos la hambruna, durante la guerra en Gaza y la continua agresión en Cisjordania. La decisión del Tribunal data del 21 de noviembre del 2024, e incluye al líder del brazo armado de Hamás, Mohamed Deif, quien, según aseguró Israel, murió en un ataque aéreo israelí el 13 de julio de 2024. El Tribunal ha dictado órdenes internacionales de arresto contra los tres, aunque en febrero de 2025 anuló la correspondiente a Mohamed Deif al considerar que su muerte había quedado suficientemente acreditada. Pobre Borrell con sus problemas de conciencia. ¡Pelillos a la mar!

Sigamos; según el Instituto Internacional de Estocolmo en Investigación para la Paz (SIPRI). La guerra en Ucrania y el aumento de las tensiones geopolíticas provocaron en 2023 el mayor aumento en el gasto militar global desde 2009, añade el informe que estamos glosando.

La inversión en armas alcanzó la cifra récord de 2,4 billones de dólares en el mundo mundial, casi un 7% más en términos reales que en 2022 y un 2,3% del PIB global. Un aumento "sin precedentes" que supone un "deterioro global" en términos de paz y seguridad, apunta el Organismo para la Paz (SIPRI), y que logra situarse como el más alto en los últimos 15 años.

Ahora, hablemos de la Federación Rusa y su régimen plutocrático, antidemocrático y violador sistemático de los Derechos Humanos, además de la agresión deliberada y contraria al Derecho Internacional la invasión perpetrada en Ucrania (24 de febrero de 2022). Todo ello dirigido por los halcones rusos, y especialmente por su Presidente Vladímir Putin. El Kremlin destinó, el año pasado, 102.000 millones de euros al gasto militar, el 4,5% global y un 24% más interanual, lo que supone además casi el 6% de su PIB. Rusia es el tercer país en el ránking mundial, señala el informe.

Remachemos: Ucrania, el octavo inversor mundial en equipo militar, aumentó su gasto un 51% hasta 60.762 millones de euros, un tercio de su producto interior bruto. Ha recibido, hasta ahora, 32.819 millones de euros en ayuda militar aportada a Kiev, que redujeron la brecha con Rusia y propiciaron que el gasto militar total ucraniano supuso el 91 % del de Moscú.

Todo ante una guerra estancada, que dura ya más de tres años. Tres años de sangría, (aprovecho para condenar, enérgicamente, la última masacre rusa sobre la ciudad ucraniana de Sumy), con frentes que se mueven con lentitud y cautela. La Federación Rusa contrala 1/5 parte del territorio ucraniano: Donest, Luhansch, Mariúpol y la península de Crimea, esta última desde 2014.

Los ucranianos a duras penas mantienen sus posiciones, consiguen algunos avances, golpean con drones, cohetes y golpes de mano en territorio ruso. Incluso han ocupado una parte de la región fronteriza rusa del Kursk. Merece la pena recordar que, en ese territorio, se libró una batalla decisiva de blindados y carros de combate entre el 5 y el 23 de agosto de 1943. El Ejército Rojo (URSS) venció, decisivamente, a la Wehrmacht alemana continuando su conquista hacia el Oeste. Un poco más de un año después- 16 de septiembre de 1944-, se detuvo al otro lado del río Vístula sin intervenir en el apoyo del Alzamiento de Varsovia por el Ejército Nacional Polaco (Armia Krajova), que se produjo entre el 1de agosto al 2 de octubre de 1944. Estamos hablando de la mayor rebelión y acto de resistencia de una ciudad contra la Alemania Nazi. Murieron entre 150.000 y 200.000 civiles polacos y 16.000 combatientes del Armia Krajova.

Después de esta digresión histórica volvamos a lo nuestro. La Federación Rusa es una dictadura plena con una oligarquía insufrible y corrompida, una represión bárbara sobre los disidentes (ver la foto de la anciana manifestante contra la guerra de Ucrania; ¡bendita sea!), sin libertad de prensa, expresión o respeto a los Derechos Humano básicos, además de unas desigualdades económicas y sociales escandalosas. Dejado meridianamente claro todo esto, la pregunta es la siguiente: ¿es el nuevo coco?, ¿representa una amenaza de un calibre similar a la URSS durante la Guerra Fría y el régimen del terror nuclear, con la maldición de una destrucción mutua asegurada? ¿La Federación Rusa es un renovado fantasma terrible, o nos están comiendo el tarro?

Como muy bien señala el escritor Pedro Luís Angosto, Licenciado en Historia Moderna y contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), especialista en el exilio español; en su artículo del 1 de abril del presente año, publicado en el Diario Digital Nueva Tribuna, la Federación Rusa no es ni la sombra de lo que fue la Unión Soviética, antes de su implosión el 25 de diciembre de 1991, pese a los esfuerzos de Gorbachov para el mantenimiento de la misma en un clima de superación de conflictos, política de paz y reformas profundas del sistema soviético.

Vamos a ver, la Federación Rusa es un país depauperado con un PIB similar al de Italia y un poco más alto que el de España. Representa un monto de 2,4 billones de dólares (201 millones de rublos). Se sitúa en el puesto número 11 en el ranking de los 196 países de todo el mundo evaluados por su PIB. Presenta un ejército debilitado, ineficiente, poco pertrechado y con poca o nula moral y ánimo para el combate.  Eso sí, mantiene una parte de su poder nuclear, que puede ser disuasorio.

¿Ustedes creen que, si la Federación Rusa tuviera un poder militar medianamente similar a la URSS, la invasión de Ucrania estaría estancada y la guerra se estuviera manteniendo después de tres años? ¡Por favor! Ya hemos comentado, más arriba en el texto, que el gasto militar total ucraniano supuso, en el año 2024, el 91 % del de Moscú.

Con estas consideraciones previas, ¿ustedes pueden acreditar que la actual Federación Rusa está en condiciones de atacar militarmente a algún país de la OTAN? Quizás no podría avanzar más de 50-100 kilómetros en su penetración invasiva por falta de pertrechos y logística adecuadas, ante unas fuerzas convencionales pero sofisticadas de la Alianza. Recuerden que el ataque a cualquier miembro, supondría la inmediata entrada en la guerra de todos los países miembros de la OTAN; artículo 5 del Tratado de Washington (4 de abril de 1949).

En cuanto a la utilización de su arsenal nuclear, yo niego la mayor. Parece una hipótesis poco probable, aunque la “locura bélica” se ha desatado muchas veces en la Historia. Supondría un suicidio colectivo (la doctrina de la destrucción asegurada para la Federación Rusa), que se vería rápidamente sacudida y devastada por los misiles balísticos intercontinentales nucleares de la OTAN (EE.UU, Francia, Gran Bretaña e Israel, que aunque no pertenece a la Alianza no se quedaría con los brazos cruzados). ¿Qué harían China, Corea del Norte, India y Pakistan? ¿Chi lo sa? ¿Sería la destrucción mutua asegurada? ¿La III Guerra Mundial?

Bueno, pero a pesar de todo, nuestros próceres otánicos nos venden que un artefacto nuclear de la Federación Rusa, disparado por Putin, llegaría en 5 minutos a Varsovia y tardaría 15 minutos en impactar en Madrid. Vayan pensando todos los madrileños, que harían en esos 15 últimos minutos de vida. A mí sólo se me ocurre una cosa, ponerme la mochila de salvamento en la cabeza, me refiero a la recomendada y preconizada por la OTAN. Propaganda, hay mucha propaganda.

Les dejo, para el final, mi encarecida recomendación de la lectura o, en su caso relectura, del magnífico artículo: Rusia y el coco de Pedro Luís Angosto.

¡Ah, por cierto!: no me considero un tragasables.

Jorge Villa García del Castillo