sábado. 13.04.2024
4 copia
 

La Organización Mundial de la Salud define la violencia como: El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho, o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

La clasificación de la OMS clasifica la violencia en tres grandes categorías, según las características de aquellos que cometen el acto violento: la violencia autoinfligida (comportamientos suicidas y autolesiones), la violencia interpersonal (violencia familiar, y violencia entre personas sin parentesco) y la violencia colectiva (social, política y económica). La naturaleza de los actos de violencia puede ser: física, sexual, psíquica, incluyendo privaciones o descuido en las tres.

Ervin Goffman en su teoría de los “marcos interpretativos” expone cómo se construyen los significados compartidos en el  de cada grupo. Goffman define un marco interpretativo como un conjunto de creencias y significados orientados a la acción. Estos marcos permiten al grupo elaborar discursos, interpretar las circunstancias políticas y autodefinirse como grupo. Los marcos interpretativos tienen la función de orientar la atención de las personas hacia algunos hechos definidos como problemas colectivos. Por lo tanto, funcionan como una vía para interpretar problemas, delimitar las dificultades existentes para la acción oportuna, y descubrir las soluciones alternativas que puedan ayudar a desbloquear los problemas.

Mahatma Gandhi dijo: ”lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”

Uno de los elementos que se expresan a través de un marco interpretativo dentro de todo proceso político violento es el sentimiento de insatisfacción y descontento. Se deben definir las raíces de un problema, apuntar las injusticias y los culpables, sugerir soluciones, y especialmente contribuir a la propagación de sentimientos de pertenencia que inciten a la participación en la movilización. Éste es uno de los elementos más importantes, formar una identidad que cohesione la masa de descontentos, y que facilite su organización como movimiento de protesta.

Para Melucci, la identidad colectiva es una construcción cultural que une al individuo a un grupo y a un sistema de valores, y este proceso de construcción de una identidad cultural es el momento clave de cualquier movilización social. Resulta prioritario estudiar los aspectos culturales alrededor de la violencia, como imaginarios colectivos, mitoscotidianos o sistemas de creencias entre otros. Es mejor hacer un enfoque psicosocial, centrado en los sujetos de una comunidad y en como estos interpretan su perimundo.

Mark Howard Ross afirma que esta cultura de violencia es aprendida por el individuo a través de distintos ámbitos de socialización política como movimientos sociales, grupos de opinión, prensa, partidos, y organizaciones juveniles. Esta cultura de violencia se caracteriza por facilitar la aceptación y la interiorización de las consecuencias más fuertes del conflicto, asumiéndolas como inevitables. La cultura de violencia, así mismo, promueve la aparición de una concepción bastante utópica sobre el futuro, la desconfianza muy generalizada hacia el poder establecido, sus instituciones y sus elementos de legitimación. La violencia política, para Howard, es producto de una constante lucha de poder que coarta la libertad y los derechos ciudadanos, lo cual puede configurar una sociedad antidemocrática que impida llegar a un consenso ideológico. Aquí es donde radica el hecho de ir en contra de todo aquel que genere un riesgo para aquellos objetivos que sólo buscan bienestar a una sola parte de una sociedad. La violencia actúa como una capa que cubre a la sociedad, y por debajo de ésta es un precursor estratégico de un sin número de formas variadas de creación e inicio de otros conflictos

Por último, compartir esta reflexión del Mahatma Gandhi: ”lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”.

En torno a la violencia política