miércoles 20/1/21

Tomar partido

Que la sociedad española, a la hora de tomar partido, lo haga por uno de fútbol, tiene que hacernos, cuanto menos, reflexionar sobre los valores que encarnamos.

Que el 25 de Noviembre se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, es algo conocido por todo el mundo o, al menos, muchísima gente; otra cosa es que existan sectores de la sociedad y la política en desacuerdo con dicha conmemoración o incluso con la propia existencia de la violencia contra la mujer. Que esa fecha fuera elegida por la ONU al coincidir la misma con el asesinato en la República Dominicana de tres activistas políticas contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo -las hermanas Mirabal-  secuestradas, torturadas y finalmente asesinadas en esa fecha de 1960, no lo es tanto. De lo que no cabe duda es que el 25 de noviembre de 2020 será especialmente recordado. No porque en ese año se produjo la pandemia del Covid-19 y durante el confinamiento a que dio lugar se disparara la violencia contra la mujer, debido a la convivencia con su agresor muchas más horas que en otras circunstancias, además de aumentar -según afirma Miguel Lorente Acosta (Revista Española de Medicina Legal, septiembre 2020) tanto el aislamiento, como las dificultades para la solicitud de ayuda y la denuncia. El 25 de noviembre del presente año tampoco será recordado porque el Gobierno de España, tomara medidas contundentes para eliminar esta lacra; cosa que no hizo. El 25 de noviembre de 2020 será recordado por la muerte de Maradona.

Ya pueden estar contentos los machirulos que se identifican con Vox, así como sus dirigentes. ¡¡Gracias Maradona: eres un dios!!  Y es que para ellos, ”el pelusa” debe ser algo parecido a un “nuevo Cid Campeador” -eso sí: sin armadura y en pantalón corto- capaz de ganar batallas hasta después de muerto. En medio mundo se ha olvidado el sentido original de la fecha, pasándose a hablar de la perdida del astro argentino. Así, la propia Televisión Española, en lugar de emitir el programa de investigación periodística Comando Actualidad, titulado: 'Esclavas invisibles': el tráfico de personas, emitió un especial sobre la muerte del futbolista. Se ve que los directivos de la cadena consideran más importante dicho fallecimiento, que la violencia contra la mujer a manos de redes de tratas de personas y explotación sexual. Sin comentarios.

Que una cadena pública cambié su programación en denuncia contra la violencia de género por otra a favor de un personaje que ha recibido denuncias por este tema, es bastante elocuente de la posición de la sociedad española con respecto al tema que se pretendía conmemorar

La historia se repite, Maradona ya lo hizo una vez y ahora lo ha vuelto a repetir. Argentina; Junio de 1986: un país que golpeado que se debate entre la esperanza de un nuevo renacer y el dolor por las miles de desapariciones, asesinatos, torturas, violaciones, apropiación de menores, exilios forzosos, etc., de la dictadura militar, llamada pomposamente Proceso de Reorganización Nacional, entre 1976 y finales de 1983. En los cuartos de final del Mundial de Futbol de aquel año, cuando ya todo estaba perdido, Maradona metió un gol a Alemania abriendo las puertas hacia la final, ganada por la selección blanquiazul en esa ocasión. Fue entonces -citando la canción del también argentino Leon Gieco “La memoria”- cuando el fútbol se lo comió todo y el país austral prefirió –  al igual que haría después España durante la tan cacareada Transición- pasar página y poner “punto y final”, como así se llamó la ley que consagraba jurídicamente dicho proceder, a la memoria del terror vivido.

Poco importa si el gol al que nos hemos referido se metiera con la mano; eso sí: “la mano de Dios” como es conocido. Si en el fútbol imperara la deportividad, dicho tanto, aunque fuera tiempo después, debería haber sido anulado.  Pareciera que, en el futbol, como en lo de poner a la mujer en el lugar que le corresponde, “vale todo”. Ya decía Maquiavelo aquello de “el fin justifica los medios”.

Como el mundo está lleno de casualidades, el 25 de noviembre de 2020 encabeza la Iglesia Católica un argentino que, casualmente, también tuvo su papel en el blanqueamiento de la dictadura. Recodemos la masacre San Patricio, o crimen de los Padres Palotinos y cómo el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, en lugar de pedir explicaciones a la Junta Militar, prefirió mirar para otro lado. Esta institución necesita documentar dos milagros para conceder la santidad y Maradona los tiene: el primero: haber desviado la mirada de la dictadura argentina; el segundo: haberlo hecho de la violencia machista. Y es que este personaje reúne todas las características para convertirse en el santo patrón de los futboleros, sobre todo cuando este deporte -aunque en los altos niveles de competición tenga mucho más de espectáculo o negocio, y la llamada “mano de Dios” lo atestigua, que de deporte mismo- es guarida de fascistas, machirulos y otras especies en peligro de extinción -esperemos- agrupados en los Ultra Sur, Brigadas Blanquiazules, Frente Atlético, Boixos Nois, o como quieran llamarse, Aquellos quienes, cuando los partidos eran con público, engalanaban los estadios haciendo todo un despliegue de símbolos neofascistas y banderas preconstitucionales.

Estos energúmenos, decíamos, ya tienen su patrón. Da igual que tuviera una buena colección de denuncias por malos tratos, consumo y tráfico de drogas, entre otras. Da igual que, en su etapa de jugador del Napoli, tuviera vinculaciones con uno de los principales capos de la Camorra, quien le suministraba cocaína y prostitutas. Estos “pecadillos veniales” -incluso alguno de ellos, más que pecados, motivo de admiración por sus enfebrecidos devotos como ese de los malos tratos: todo un macho – son perdonados y olvidados en loor de sus habilidades con el balón, como si del sacramento de la confesión se tratase: se llega como el alma sucia y se sale con ella reluciente.

Podemos entender que los futboleros prefieran llorar a Maradona y no a las mujeres maltratadas y asesinadas por la violencia machista, pero que se de más importancia como sociedad a la muerte de un futbolista -que sería un genio del fútbol; ni es nuestra intención, ni somos quienes para negarlo- cuya vida arroja demasiadas sombras y una de ellas tenga que ver precisamente contra la violencia de género, nos parece escandaloso. Que una cadena pública cambié su programación en denuncia contra la violencia de género por otra a favor de un personaje que ha recibido denuncias por este tema, es bastante elocuente de la posición de la sociedad española con respecto al tema que se pretendía conmemorar.

Que la sociedad española, a la hora de tomar partido, lo haga por uno de fútbol, tiene que hacernos, cuanto menos, reflexionar sobre los valores que encarnamos.

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