sábado 4/12/21

La política en relación a ETA nos ha marcado a todos a los largo de medio siglo. Mi primer mitin en la Standard, mi fábrica, fue en 1970 con motivo del Juicio de Burgos. En pie sobre una mesa del comedor donde desayunaban miles de compañeros convoqué un paro simbólico, de unos minutos, para protestar por las penas de muerte contra cinco miembros de ETA. Fue el discurso más breve que he hecho en mi vida; me limité a decir porqué y a qué hora íbamos a parar. No hubo debate ni votaciones, claro, entre otras cosas porque corríamos un peligro tanto mayor cuanto más se alargara la cosa. Años después me dijeron que yo, al igual que todos los diputados de la Asamblea de Madrid, formaba parte de la larga lista de potenciales objetivos de ETA así es que, cada mañana, debía seguir las normas que la policía nos indicó, entre otras mirar los bajos del coche antes de entrar. He asistido a entierros de amigos y compañeros de partido, asesinados por ETA y me he deprimido al ver a los que miraban pasar el cortejo fúnebre desde su ventana descorriendo levemente los visillos para no “ser señalados” por los de la izquierda abertzale.

El papel de los socialistas en la lucha contra ETA ha sido muy destacado y fácilmente constatable

Diez años después del final de ETA toca hacer un balance de su actividad. Lo primero, lo más grave e irreparable: los cientos de asesinados a lo largo de estos años. Bueno es que desde la izquierda abertzale se pida perdón a las víctimas. Pero aún más grave me parece la degradación de la sociedad vasca que ha asistido entre indiferente y atemorizada al rosario de crímenes perpetrados por ETA. La movilización contra ETA ha sido cosa de unos pocos, tan pocos que no evita el juicio moral que merece la indiferencia, la cobardía o, en no pocos casos, la justificación del asesinato. Nadie espere que la izquierda abertzale se disculpe por el daño moral infringido a la sociedad vasca porque, a continuación, debería disolverse.

ETA ha fracasado rotundamente. Desde que llegó la democracia, ETA ha jugado a la desestabilización. Durante años, ETA ha cebado la bomba del golpismo y lo ha hecho de un modo consciente, pensando que si los militares salían a la calle su lucha cobraría una nueva dimensión, produciéndose algo así como una insurrección general del pueblo vasco, del que ellos pretendían ser la vanguardia armada. La cruda realidad es que contra los golpistas del 23F nadie salió a la calle a pararlos y, menos que nadie, los etarras, que salieron por pies, incluso por mar. Terroristas y golpistas han sido dos formidables enemigos de la naciente democracia española. La democracia sobrevivió al golpe y dejó a ETA sin estrategia. A partir del 23F, la táctica de ETA consistió en poner muertos sobre la mesa hasta que el Gobierno, el que fuera, se aviniese a negociar su “alternativa”, léase la independencia de Euskal Herria, eso sí, a cómodos plazos y con ellos como jefes del nuevo estado vasco.

ETA es ya historia. Ahora sería importante que esta historia se escriba ateniéndonos a los hechos y no a los fake que se le ocurran a la derecha reaccionaria

La rama política de ETA comenzó a cobrar cada vez más importancia, cosechando un importante número de votos llegando a ser un 20%, cifra nada desdeñable, pero lejos, muy lejos, de representar a la mayoría del pueblo vasco. Ésta debilidad, se compensaba con la “actividad armada”. Así es que ETA jugó a dos paños: a las bombas y a los votos. En el plano “militar”, resulta evidente que la policía tardó mucho en dar con la tecla para lograr la desarticulación sistemática de los comandos. Tardó pero lo hizo y con ello, la rama militar quedó cada vez más debilitada. La rama política tampoco consiguió hacerse con el apoyo mayoritario, controlando, eso sí, algunas poblaciones medianas y pequeñas. La ilegalización de HB por el TS supuso un fuerte golpe al terrorismo. En definitiva, el mensaje político que recibió ETA fue que si querían jugar en el terreno político tenían que dejar las armas. Todos los gobiernos han dialogado con ETA para tratar de que ésta finalizara la lucha armada, sin contrapartidas políticas a cambio. La constancia de la inutilidad de la vía armada abrió el debate en el mundillo de ETA sobre el final del terrorismo. Es importante destacar que en un mundillo en el que las diferencias políticas podían resolverse con la 9 mm Parabellum, no fue baladí promover un debate así.

El final de terrorismo se produce por una combinación de factores. Por un lado la eficacia policial, tardía pero a la postre eficaz. A este respecto, la primera detención de la cúpula etarra se hizo bajo el mando de un Ministro del Interior socialista (Corcuera). Luego fueron cayendo una detrás de otra las sucesoras de aquella cúpula. Por otro lado por el diálogo con ETA, que alimentó el debate interno en la organización y concluyó con la decisión de abandonar al lucha armada. En la promoción del debate tienen su mérito Zapatero y Eguiguren, ambos socialistas.

El papel de los socialistas en la lucha contra ETA ha sido muy destacado y fácilmente constatable. De ahí que, con motivo del 10º aniversario del final del terrorismo, se haya valorado muy positivamente el papel que ha jugado el PSOE en el proceso que desembocó, finalmente, en la disolución sin condiciones de ETA. La derecha niega ese papel y trata de construir un fake: la “connivencia del PSOE con los terroristas”. Si se piensa, es una brutalidad, pero nada comparable al fake que circula en las redes sociales en EE UU según el cual el Partido Demócrata está dirigido por una caterva de pederastas adoradores del diablo. Una organización que se disuelve sin conseguir ninguno de sus objetivos y con muchos de sus miembros en prisión no parece que haya ganado. Más bien parece derrotada sin matices.

Por eso causa asombro oír a Mayor Oreja decir que “ETA tiene hoy más poder que nunca”. ¿Qué tiene en la cabeza este personaje? Para encontrar una explicación hay que remontarse a los atentados del 11M. El relato (o sea el cuento) que se quiso colocar es que aquel atentado se hizo para que el PP, entonces gobernante, perdiera las elecciones que se celebraban unos días después. Sigue el cuento diciendo que el atentado lo hizo ETA, tal y como el Gobierno de Aznar aseguró, incluso cuando la policía ya había esclarecido los hechos con facilidad y sin lugar a dudas. Los atentados del 11M en Madrid fue el primero de una larga cadena de atentados jihadistas. a pesar de esa evidencia, el cuento se remató diciendo que ETA lo hizo para que el PSOE ganara las elecciones Y como así ocurrió la lectura de las elecciones de 2004fue que las ganó ETA por persona interpuesta, Zapatero.

Ahora, en el delirio más absoluto, ETA tiene más poder que nunca porque ETA, o sea Bildu, ha puestos dos votos necesarios para que Sánchez ganara la moción de censura, primero y luego la investidura. Y como hay una connivencia de Sánchez con ETA se concluye que quien manda es ETA. Lo que llama la atención es que ETA tenga tanto poder que ni siquiera ha logrado que sus presos salgan a la calle. Pues vaya.

En relación al terrorismo, el PP ha tenido una posición cambiante, según estuviese en el Gobierno o en la oposición.. Durante un tiempo estuvo en el Pacto de Ajuria Enea que buscaba la unidad de las fuerzas políticas democráticas contra el terrorismo. Pero con Aznar giró de posición y buscó la obtención de réditos electorales atacando al gobierno del PSOE por su política antiterrorista. A pesar de lo cual, con Aznar en el Gobierno, el PSOE consideró la lucha antiterrorista un asunto de Estado y apoyó incondicionalmente al Gobierno en esta materia. Pero con Zapatero en el Gobierno, el PP se dedicó a atacarle sacando a las víctimas a la calle contra él. Descaradamente, el PP ha instrumentalizado a las víctimas del terrorismo a beneficio propio.

Para el Presidente Bush los atentados del 11S fueron la oportunidad para emprender la guerra de Irak, algo que quería hacer de todas maneras, pero no encontraba la ocasión Aquí, el PP ha visto el terrorismo como una oportunidad para atizarle al PSOE cuando gobernaba y ya de paso, utilizar a las víctimas en beneficio propio. Que el anuncio del final de ETA se produjera con un Gobierno del PSOE ha sido una muy mala noticia para el PP. Por eso intentan colocar el cuento de que ETA tiene más poder que nunca o que hay una connivencia entre el PSOE y ETA que viene desde los atentados del 11M.

ETA es ya historia. Ahora sería importante que esta historia se escriba ateniéndonos a los hechos y no a los fake que se le ocurran a la derecha reaccionaria. Sin ETA todos vivimos mejor aunque algunos parezcan que añoran aquellos años de plomo.

El terrorismo y la política