domingo. 21.07.2024
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Escena: una escuela pública, una de tantas en las que los emigrantes, sobre todo hispanos, intentan integrarse en la vida, cultura y costumbres del país de acogida.

Actores: Varios alumnos machotes de doce años y una ecuatoriana, Catalina, recién llegada al Centro. Dirección: La del Centro.


Catalina es una niña ecuatoriana de, más o menos, doce años, y estudia el curso que le corresponde por su edad. Ha llegado tarde a la escuela, se incorporó cuando el primer trimestre estaba a punto de concluir. Es morena, tiene los rasgos característicos de su tierra y habla el español perfectamente, además tiene que aprender otro idioma nacional, el catalán, que le es completamente desconocido. Llega, como es natural, con cierto miedo, un tanto desconcertada, pues no conoce a nadie ni sabe nada de los hábitos y reglas académicas de nuestras escuelas públicas, que son las que están cargando, sin presupuestos adicionales ni aumento de plantilla, ni profesores de apoyo, esta avalancha que terminará por convertirlos, gracias a Dios, en un mosaico de colores, culturas y razas.

La niña Catalina entra en clase, medrosa. Se sienta en el lugar que le corresponde, abre su libreta, sus libros. Escucha la explicación del profesor o profesora. Actúan los machotes.

-Machote Primero (por lo bajini): Negra de mierda porque no te vas a tu país y nos dejas en paz de una vez.

-Machote Segundo (del mismo modo): Sí, tu aquí no pintas nada, vienes a molestar y además apestas.

-Machote Tercero: Más te valía haberte quedado allí en tu tierra con los indios.

La niña resiste, aguanta la lluvia de insultos e improperios, de desprecio salido de la incultura de quienes están en un centro educativo para adquirirla, de su impiedad, en la que algo tendrán que ver también los comentarios oídos en su casa en las redes y en el medio en que se desenvuelven.

Toca el timbre. Es la hora del recreo, llamado durante unos años “Segmento de Ocio”. Los niños, algunos no tanto, salen alborotados y alborozados. Saltan las escaleras de dos en dos, de tres en tres. Llega el momento de libertad, de comentar las cuitas con los compañeros, de las risas. Siempre ha sido un momento grato el del recreo, el momento más apreciado por todos los que hemos pasado por la escuela.

Catalina sale decaída, triste, solitaria, humillada. -¿Dónde me han metido?- pensará con toda la tristeza y melancolía que puede abarcar el corazón de un niño humillado. Tal vez, a pesar de que aquí se viva mejor económicamente, añore su tierra pobre, su barrio humilde, su familia, sus seres queridos y queredores, su paraíso verde

-Machote Primero (ahora con voz alta y clara): ¿Es que no has escuchado lo que te hemos dicho en clase? Qué tu aquí no pintas nada, que eres una puta fea y cuanto antes te vayas mejor.

-Machote Segundo (arreciando): ¿Por qué no te coges tu cara de mono y te vas a tu casa hija de puta?

-Machote Tercero (in crescendo): Nadie te ha dicho que vengas aquí, has venido por que te ha dado la gana y te vamos a estar haciendo la vida imposible hasta que te vayas, porque eres una mierda, porque eres más fea que una mierda, porque me das asco.

Catalina rompe a llorar desconsoladamente en un rincón del patio, solloza como un animal herido en lo más profundo de sus entrañas. Nadie interviene. Llora y llora, mientras los insultos de esos hombres del mañana se ceban con ella. Impotente, se sienta, agacha la cabeza, intenta esconder la vergüenza que siente por ella y por ellos, intenta esconder su llanto sin límites, su desazón terrible. Los machotes orgullosos de su obra, no reciben, ni en la escuela ni en casa, el más mínimo reproche. Catalina se lleva el llanto a su casa, el desprecio de unas criaturas –fruto de nuestro tiempo- que no merecen, salvo por su edad, el nombre de seres humanos, sino de bestias. Y desde aquí, yo, que comprendo perfectamente porqué un niño, un adolescente de doce años puede comportarse de esa manera: simplemente porque han sido educados así, porque no han sido educados o porque viven un mundo sin futuro del que es difícil salir, porque han traspasado la línea del lado oscuro, les digo que algún día no muy lejano encontrarán la horma de su zapato y lo sentirán, les digo que todavía tienen tiempo de rectificar y pedir perdón, pues no hay cosa más baja, más inhumana, más cobarde que insultar y pisotear a un semejante, a un hermano que se siente indefenso y desconcertado. Machote primero, machote segundo, machote tercero sois una vergüenza para la raza humana, en vuestras manos está todavía la posibilidad de cambiar. Catalina, querida Catalina, hermana de sangre, de cultura y de idioma, piensa que esas criaturas son una minoría inconsciente, piensa también que te queremos, que te defenderemos, que estamos contigo, que esta tierra es tu tierra.

Teatro escolar