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martes. 16.08.2022
gente

Por José Rial | La sociedad está atravesando un mal momento, en su conjunto. A nadie de nosotros se nos escapa que en estos momentos no son ni por asomo los de los años 70 u 80 unos años que resultaban divertidos, sociales, respetuosos con el medio ambiente y sobre todo con las personas era una época “hippy” la de “Haz el amor y no la guerra”, las consignas dadas eran secundadas, porque eran consignas que sabíamos que nos beneficiaban a todos y todas por igual. La música era un baluarte a seguir, unos a los Rolling, otros a los Beatles, pero no había peleas, sí cambios de impresiones de unos y otros. Incluso acudíamos a verlos sin olvidar lo que verdaderamente era lo nuestro. Fui al “Festival de La isla de Wight” con un amigo. Estábamos más de 500.000 personas y no hubo ni una pelea, todos nos ayudábamos amablemente, queríamos disfrutar de la música y del hecho de ver tanta variedad de personas. Era cultura.

Hoy estamos fallando, han ocurrido cosas, sí, pero, ¿desde cuando el ser humano –la sociedad en sí- no a sabido salir adelante de cualquier eventualidad por muy adversas que hayan sido? Siempre lo hemos hecho.

Antes no vivíamos de la política. Existían muchas más cosas, hoy quizás ese sea el hándicap, que no hay muchas más cosas y nos deprimimos con la política y con lo que sucede. La gran falta de liderazgo en la música, es un gran vacío, en la política con la información tan cercana con internet y la manera como se tergiversan tan fácilmente las cosas, no se creen y eso si es un gran problema, nosotros mismos estamos creando ese gran vacío: Debemos de votar, “sí claro”, saber lo que votamos, “también”, pero lo más importante que existe en nuestra vida que es: Vivir.

Nos estamos convirtiendo en –zombis- personas autómatas con las mismas rutinas y los mismos pensamientos, no éramos así y no somos así y eso de nosotros depende. Es muy difícil llegar a explicar algo así, pero es necesario despertar y para ello hay una fórmula para empezar muy importante: que prevalezca la educación y el respeto para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos y si empezamos con este argumento ya hemos creado una base fundamental de convivencia.

Cada región, cada Autonomía tiene su idiosincrasia y no se puede llegar a ella rompiendo moldes, sino, todo lo contrario, amoldarse para no ir contra corriente y a los que viven en ella les corresponde educarlas a su hábitat para que no haya choques, ya sean culturales, religiosos o de cualquier otra índole. Las imposiciones son malas compañeras, la enseñanza una buena amiga. Repito es muy difícil tratar de llegar a dar entender lo que se nota, lo que se palpa desde fuera, siempre he dicho que hay que estudiar antes de poner en práctica cualquier nueva idea, o implantar un nuevo orden, -“sus efectos secundarios” -porque el tiempo puede situar en la adversidad lo que realmente queríamos hacer.

Leo a veces en redes sociales, (Twitter, Facebook) comentarios de líderes políticos, también de científicos de renombre (Virólogos) etc.… Me avergüenzan los comentarios que suscitan, quizás guiados por manipuladores y fakers que no tienen otra cosa que hacer, o atacan porque les duelen las verdades y quieren callarlas para que prevalezcan sus ideas y no las demás, no nos dejan enjuiciar por nosotros mismos si lo queremos creer o no, ellos ya se encargan (a veces sin criterio) de desmentirla, o insultar a quien puede, quizás, tener razón. Seamos nosotros mismos quienes decidamos si es cierto, o averigüémoslo por nosotros mismo si no lo es, bucear, buscar, averiguar, y que prevalezca nuestra opinión es lo que nos da la libertad para luego decidir por nosotros mismos a quien votar o qué hacer.

No hay nada más injusto que condenar a alguien a sabiendas que no es culpable; de la misma manera que es muy injusto, dar por inocente a quien a sabiendas es culpable.

¿Qué nos pasa?