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miércoles 25/5/22

Una sociedad con demasiado odio

En España se registraron 700 incidentes calificados de odio el año pasado, pero hay que tener presente que sólo se denuncia entre el 10 y el 15 por ciento de los casos. Demasiado odio, para una buena convivencia.
delitos odio
 

"Lejos de desaparecer estas conductas por otros problemas de mayor escala, como la pandemia del coronavirus y la crisis económica derivada de ella, durante 2020 se han producido una gran cantidad de incidentes de odio de todo tipo, incluso más que el año anterior", lamenta Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia.

La aparición de la extrema derecha y sus discursos han hecho que la sociedad española que llevaba muchos años siendo tolerante, educada y respetuosa, ha pasado a ser una sociedad crispada.

No hace falta ser muy listo para ver lo que se escribe e insulta en redes sociales, en los bares o incluso en las reuniones de amigos.

Pero la agresividad no se ha quedado sólo en esos medios. Hemos podido ver en los informativos de radio o televisión cómo médicos eran agredidos por sus enfermos, homosexuales insultados en las calles como en el caso del barrio de Chueca de Madrid con manifestaciones por grupos de extrema derecha o agresiones en plena calle a mendigos.

Fíjense en este dato: el 47% de las más de 30.000 personas sin hogar que viven en España ha sufrido algún tipo de humillación y agresión, según los datos del Observatorio Hatento. Estas situaciones de insultos, vejaciones y violencia no son aisladas en el tiempo, sino que se repiten en el 81% de los casos.

“La mayoría de los autores de estos ataques no son sólo neonazis (7%) sino jóvenes que vuelven de fiesta (28%) y que consideran un entretenimiento dedicarse a pegar a los mendigos”, afirma el informe de la Fundación Rais. Nazis o borrachos, da igual. En qué cabeza cabe agredir a una persona vulnerable que duerme en la calle porque lo ha perdido todo. ¡Qué nivel de inhumanidad”

La mayoría de estos mendigos son mujeres y el nivel de denuncias a la policía es bajísimo, con lo cual no aparecen ni en periódicos ni en televisiones. Nadie se entera. Son invisibles. Nadie los ve.

En 2020, el colectivo que forman las personas con discapacidad reportó a las autoridades un 69,2 % más de infracciones penales basadas en el desprecio y la discriminación que el año anterior. Concretamente, fueron 26 los casos de delitos de odio hacia personas con discapacidad los registrados en 2019 y 44 los contabilizados en 2020. Nos pueden parecer pocas a demasiadas, pero estos números sólo reflejan aquellos que se denunciaron.

Pero en top ten de los delitos son actos racistas y homófobos.

Y la solución no es el silencio, la ocultación. Saldremos de esta sociedad de agresiones y ataques denunciando y educando. Denunciándolo ante la policía y educando en los centros escolares y en casa. ¿Por qué cuesta tanto acercarse a una comisaría de policía?

De poco sirve que se den charlas de tolerancia, respeto en las escuelas si después en casa se escuchan comentarios discriminatorios contra los inmigrantes, las mujeres o los pobres. Sí los pobres. Se llama aporofobia y es más común de lo que pensamos. Porque no rechazamos a los extranjeros si son turistas o jugadores de élite, los rechazamos porque son pobres.

La escritora y filósofa, Adela Cortina tiene entre sus muchos logros haber aportado al español un término que la Real Academia de la Lengua adoptó para definir el odio a los indigentes, la aversión hacia los desfavorecidos: aporofobia.” Cuando hay personas que parece que no pueden darnos nada interesante a cambio, las excluimos de este juego de dar y recibir. Esos son los pobres, los excluidos” opina Adela Cortina.

Y ya no hablemos de la misoginia, el odio y desprecio a las mujeres. Hay muchas formas de atacar a las mujeres, unas más sibilinas que otras, pero todas despreciables. Desde considerarla no apta para un trabajo, pagarle salarios más bajos que a un hombre, a agredirlas en el amplio sentido de la palabra.

Quizás me olvide de algún colectivo pero en esencia todos estos odios o desprecios nacen y se desarrollan en nuestra sociedad demasiado rápido. Cada día es más difícil escuchar voces conciliadoras, que unan, que respeten la vida de cada uno de nosotros seamos como seamos, mujeres, negros, pobres, da igual. La idea de respeto deberíamos escribírsela a los niños en la frente. Debería ser nuestro lema. Y es un reto de todos.

No deberíamos consentir que ningún representante político lanzase mensajes de odio, que ningún medio de comunicación se apoye en ellos, que ninguna familia los potencie y que ninguna red social los difunda. Para ello hay que denunciar.

Denunciar y educar porque la vida de los demás importa. Nos debería importar mucho.
 

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