viernes 23/10/20
ANÁLISIS HISTÓRICO PSICOLÓGICO

El síndrome de Orfeo o síndrome de misoginia

mito-de-orfeo
Mito de Orfeo

Orfeo, héroe de la mitología griega de origen tracio, es hijo de Apolo y de una de sus musas, Calíope. Cuenta el relato histórico que cuando Orfeo tocaba su lira de siete cuerdas, regalo de su padre Apolo, las fieras se calmaban y las almas de los hombres que se reunían en torno a él también se relajaban. Orfeo se casó con Eurídice, esta murió tempranamente por una mordedura de serpiente. Orfeo entró en un estado de desesperación y bajó a los infiernos a recuperar a su amada del Averno. Durante el viaje de vuelta del rescate, Orfeo pierde a Eurídice en el camino. Este, ante el dolor de la segunda pérdida de su esposa, renuncia a conocer mujer alguna. Las mujeres tracias ante el rechazo de Orfeo (misoginia) acaban con su vida, troceándolo. Los trozos de Orfeo son recogidos por las musas y los enterraron al pie del Olimpo en Liebetra, donde la tradición relata que allí los ruiseñores cantan de forma especial.

Hablamos de misoginia, desde la etimología, como odio al sexo femenino. Quiero resaltar aquí que está descrito un ciclo misogínico. El varón misogínico tiende a actuar de forma cíclica. Como es este ciclo?. El varón con misoginia tiene la necesidad de tener pareja, aman a su pareja de forma obsesiva, necesitan su admiración, pero rechazan de forma vehemente su crítica, a partir del enfado intenta volver a seducir a su pareja y se cierra el ciclo con la necesidad de tener pareja.

Donde está la génesis de la misoginia en el varón?. Como tantas alteraciones de la esfera emocional, hay que bucear en la infancia de estos sujetos. Un primer factor etiológico que se relaciona esta conducta misogínica es un trauma infantil. Este trauma surge de la falta de confianza del niño con la figura femenina protectora de su infancia. Esto genera a nivel inconsciente el germen que junto a otras relaciones frustrantes del sujeto con la figura femenina, como puede ser una profesora castrante o unas primeras relaciones frustrantes con el sexo femenino de forma real o imaginaria, acaben consolidando la conducta misógina en el varón. 

Otro factor etiológico importante es el modelaje, que consiste en un tipo de aprendizaje que toma como modelo una persona o un grupo social. Es técnicamente lo que se ha llamado un aprendizaje vicario. En un famoso experimento de la psicología del aprendizaje de Bandura, se observó como dependiendo de que al niño se le premiara o castigara, imitaba o no el comportamiento de un adulto.

En el caso de la misoginia se da un modelaje activo, es decir, el niño aprende de la figura paterna el comportamiento misogénico que en etapas posteriores ejecutará.

Un asunto de interés es diferenciar entre misoginia y machismo. En el machismo el varón se considera superior a la mujer, pero no desarrolla sentimientos de odio. Como ejemplo nos sirve una observación del cínico O Wilde. “la mujer no tiene nada que decir, pero lo que dice lo hace de una manera dulce”. Como ejemplo de misoginia tenemos a Alfred Hitchcock, que cumple el ciclo descrito antes del misógeno (su biografía está llena de ejemplos con sus múltiples relaciones). Una de sus frases misóginas es: ”hasta que un marido no entienda exactamente todas las palabras que su mujer ha dicho, no estará realmente casado”.

Una pregunta que debemos hacernos es si la misoginia es un trastorno del comportamiento y si así es cómo abordarlo?. Si nos atenemos al paradigma de la psicología transcultural, que estudia los fenómenos psíquicos en cada cultura y en cada época, no creo que a nadie le quepa duda de que hoy, y aquí y ahora, en nuestra sociedad la misoginia es un desajuste de la conducta. El misógino rara vez tiene conciencia de su disconducta, por lo que una psicoeducación hacia las mujeres basada en las cuatro Aes parece lo más indicado: Actividad, significa no centrar la vida de la mujer en la relación de pareja, para no establecer una relación emocional excesivamente dependiente. Autonomía, tanto económica como de tener una buena gestión de su espacio privado. Autoestima, una buena autoestima es bueno para todo, pero especialmente para evitar la dependencia emocional tóxica. Autodefensa, aprender estrategias defensivas tanto en el plano psicológico como en el físico.

Por último, una cita célebre de la escritora británica George Eliot, en realidad Mary Anne Evans, una adelantada del feminismo en su época: “Bienaventurado el hombre que al no tener nada que decir, se abstiene de darnos pruebas sólidas del echo”.

El síndrome de Orfeo o síndrome de misoginia