jueves. 04.06.2026
TRIBUNA

El revólver más largo (o génesis del contrato social)

Este artículo comienza con unos versos que tratan de expresar los sentimientos del autor y finaliza con otros que intentan ser más realistas como expresión de las páginas de la historia.

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PODER Y ESPERANZA

Y el mundo está triste, triste:
que el PODER aplasta y hiere
y por la lluvia de heridas,
la misma tristeza
hierve.

PODER hiere la esperanza
con las botas, como siempre;
el mundo grita y el eco
entre “condenas” se pierde.

Entre “condenas” que burlas
son sólo lo que parecen.


“El Revólver más largo” es, aquí, una metáfora que hace referencia a cualquier instrumento de poder, entendido este, no como la “Autoridad consensuada” (concepto, mayoritariamente ficcional) y, por lo tanto, legítima, sino como un privilegio (lo que implica exclusión y desigualdad) que necesita de instrumentos de violencia, de ideología, o de los dos, para sostenerse, pues dicho privilegio consiste en vivir del trabajo de los sometidos, al tiempo que se les dice que el privilegio es, justamente, ese: tener trabajo, pero que, de todas maneras, sea como se vea, todos somos iguales “ante la ley”. Se evita discutir que la ley ha sido hecha con tal cantidad de agujeros (“interpretaciones” las llaman) por donde caben todas las “leguleyadas”, con sus frutos: las desigualdades. La cuestión es que la “igualdad ante la ley” se convierte en un lema risible. Entre individuos y entre naciones.

Los instrumentos de poder a los que hacíamos referencia al inicio no son sólo los de la fuerza bruta con sus derivados, asociados, directamente, con “El revólver más largo”, sino que, es también, el conjunto institucional, esas camisas de fuerza que disciplinan cuerpos y lavan cerebros, con el fin de adecuarlos al mundo vivencial de los privilegios, llamado eufemísticamente, “Orden social”. Los privilegios se diferencian, pero, en diferentes formas se encuentran en todos los estratos del citado “Orden social”. Quiero dejar en claro que, como historiador y analista social, de ninguna manera justifico ese “Orden”, sólo quiero afirmar que el “privilegianismo” ha sido una constante histórica y, en nuestras sociedades, legitimado, teóricamente, por las culturas madre, judía y grecorromana. Para ilustrar un poco, echemos un vistazo al Derecho Internacional, a los otros Derechos humanos, a la Razón, o a las Religiones que pretenden ser base de ellos: son un montón de papeles en una mesa, sobre los cuales descansa “El revólver más largo”, con una sonrisa socarrona que nos dice: SER ES PODER. Y eso sintetiza nuestra filosofía y nuestra antropología. A ver si cuando, bien jorobados, dialogamos, o monologamos, mudamente, con las latas que absorben ese montón (?) de neuronas llamadas cerebro, pensamos un poco en quién es el “Ser”, si el móvil o yo. O ninguno de los dos porque, de pronto, la historia nos ha mostrado que el “Ser”, no era más que una ficción. Ficción que creó una deontología: esos códigos morales que nos llevarían al “deber ser” ficcional, diferente del “Deber ser real” que es el “Ser”, y que nadie respeta porque este símbolo “¡$!”, que es el fundamento de las relaciones sociales, es antagónico a cualquier código moral: TANTO TIENES, TANTO VALES.

La Filosofía, creo yo, giró en una forma u otra, alrededor del concepto de “Ser”, hasta terminar en el heideggeriano SER AHÍ que, al final, no es más que el individuo histórico concreto que, a través de la conciencia, respira su caducidad sobre sus vanos sueños de inmortalidad. La Filosofía debería ocuparse, más bien, sobre cómo fue inventado tal ser, invención que hizo posible a Descartes con su PIENSO LUEGO EXISTO, con sus delirios de racionalidad. A él, yo le contestaría: NO PIENSO, LUEGO EXISTO PORQUE SI LLEGASE A PENSAR, MI EXISTENCIA, VISTA DESDE LA RAZÓN, PODRÍA RESULTAR EN EL MÁS ABSOLUTO ABSUSRDO. Si eso que llamamos EL HOMBRE (concepto), fue pura invención del hombre (histórico, es decir, múltiple), entonces, creo yo, la Filosofía debe dar paso a la Literatura para que sea ella la que, con mayor propiedad, se ocupe de él.

“El Revólver más largo” tiene que ver con las aventuras del Oeste que, en una forma u otra, representan esa constante histórica expresada en la conducta del ser histórico real, el hombre de carne y hueso, más carnívoro que herbívoro que no encontró problema en ser retratado a través del pensamiento del gran TUCÍDIDES, historiador griego que analizó el enfrentamiento entre Esparta y Atenas en las llamadas Guerras del Peloponeso (Entre el 460 y el 404 AC). Esparta contra Atenas porque esta última había surgido como potencia rival. Choque inevitable, es lo que se ha llamado “La Trampa de Tucídides” y que se trae a colación por la disputa, en nuestros días EE.UU-China. Pues bien, decía el representante ateniense ante las quejas de otras ciudades ante Esparta por el dominio ateniense:

“Ninguna cosa hicimos de os debáis maravillar, ni menos ajena de la costumbre de los hombres… que siempre fue y se vio que el menor obedezca al mayor y el más flaco al más fuerte…

“Nadie antepuso jamás la razón al provecho de tal modo que, ofreciéndosele alguna buena ocasión de adquirir y poseer algo más por sus fuerzas, lo dejase. Y dignos de loa son aquellos que usando de humildad natural, son más justos y benignos en mandar y  dominar a los que están en su poder como nosotros hacemos… porque lo que hacemos es justo para con los dioses y conforme a la opinión y parecer de los hombres , según usan los unos con los otros; porque en cuanto toca a los dioses, tenemos y creemos todo aquello que los otros hombres tienen y creen comúnmente de ellos, y en cuanto a los hombres, bien sabemos que naturalmente por necesidad, el que vence a otro le ha de mandar y ser su señor, y esta ley no la hicimos nosotros ni fuimos los primeros que usamos de ella, antes la tomamos de otros que la tenían y usaban, y así la dejaremos perpetuamente a nuestros herederos y descendientes”. (TUCÍDIDES, GUERRA DEL PELOPONESO, (En HISTORIADORES GRIEGOS, E.D.A.F. Madrid, 1972, pp. 768-769).

Esa fue, en buena medida, la herencia griega que ha cimentado nuestra cultura. Vinieron luego los romanos que a espadazos y lanzazos crearon un imperio. Esclavista, desde luego. Sobre eso crearon el Derecho. Es una buena mueca del cinismo histórico. Después llegó el cristianismo y nos hizo iguales “ante Dios”. Pero Dios estaba muy arriba, y su reino, en el más allá. Aquí, para los esclavos, los siervos y las mujeres, para los pobres, en general, el cristianismo ofrecía consuelo en un Valle de lágrimas.

La Edad Moderna nació con la Razón. Esta fue matando a Dios con la teoría y con la práctica. Pero, al hacerlo, se suicidó.  Enterró un referente de certeza que había costado milenios construir. Eso dio paso a la “poshumanidad”,  el reino pleno de:

EL REVÓLVER MÁS LARGO
(O, GÉNESIS DEL CONTRATO SOCIAL)

Con el revólver más largo
travieso voy por el mundo
y el que de pie se me ponga,
lo cancelo ya, en segundos.

La marca en la frente queda,
por atrevido e inmundo,
mandarlo el revólver puede
a los infiernos profundos.

Mi revólver, que es la ley,
¡y no lo dude ninguno!,
la misma ley que la historia
en sus páginas sostuvo.

Con el revólver más largo
el Derecho dio sus frutos;
si no funciona el Derecho,
plomo es fármaco seguro.

Como los griegos dijeron,
en este espinoso asunto:
la lógica es del poder,
el más fuerte manda,
¡y punto!

Jorge R. Mora Forero | Ph.D en Historia.

El revólver más largo (o génesis del contrato social)