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jueves. 01.12.2022

Cuando hace aproximadamente tres años, coincidiendo con el inicio de la crisis, escuché o leí por primera vez la palabra “reinventarse”, ni por un momento pensé la que se nos venía encima.

Reinventarse, palabra que no existe en lengua castellana, hizo fortuna, de tal manera, que a partir de esa primera vez y hasta hoy mismo, no ha pasado ni un solo día en el que no se hayan “reinventado”, decenas, cientos de memos, que desfilan por la escena pública desde; actores, actrices, periodistas, analistas, servidores públicos, o escritores, modelos, creativos y hasta deportistas.

Bien es verdad que parece que se han “reinventado” menos; enfermeros, cajeras, albañiles, camareros, conductoras, investigadores, electricistas, fontaneros y documentalistas.

Puede que esta descompensación tenga su lógica si consideramos que hay profesiones más expuestas, que requieren, digamos, una mayor re-actualización precisamente, por su mayor grado de exposición.

Inicialmente parecía exagerada, no solo la capacidad, sino también la necesidad de tanta gente de “reinventarse”, pero el paso del tiempo, permite aventurar algunas conjeturas, que nada tienen que ver con el aparente buenismo que transmite la idea de la “reinvención”, como la capacidad que todos tenemos para renovarnos.

Es importante, no pasar por alto el hecho ya señalado de que “reinventarse” es una palabra que no existe, sencillamente porque volverse a inventar, no es posible, al menos cuando el invento del que se trata es un ser humano.

Por otra parte hay que preguntarse, ¿por qué esta utilización constante del “re” en su acepción que denota movimiento hacia atrás, para explicar cualquier acción que haya de emprenderse, sea esta individual o colectiva? y ¿si estuviéramos ante mensajes subliminales constantes de que no valemos, que hemos de cambiar de arriba abajo, porque la nueva realidad exige personas distintas a como somos? y ¿si lo que ocurre es que, todos y cada uno de nosotros somos los culpables de lo que nos está pasando y no nos pasaría si fuéramos personas distintas?

No es necesario insistir que la conquista de la libertad, la autonomía y la independencia, en un mundo que dejó de regirse por la predestinación y en el que cada uno de nosotros somos sujetos históricos de nuestro tiempo, exige un mayor esfuerzo individual, mas capacidades para enfrentar el sin fin de interrogantes e incertidumbres que ya no explican los libros de religión, pero ¿qué significa realmente hoy “reinventarse”?, porque bien pudiera significar inventarse de nuevo para ser menos libres, menos autónomos y menos independientes.

En términos sociales las cosas parecen seguir la misma lógica, todo indica que de repente nada de lo construido parece tener significado. Las naciones y los continentes han de ser refundados/as, las instituciones reiniciadas, las ideas repensadas y los derechos reseteados.

Pero repitamos la pregunta, ¿qué significa realmente hoy refundar, por ejemplo, Europa? para refundar algo ¿no ha de estar previamente destruido? y ¿para repensarlo?

La moda del repensar merece una mención aparte, por lo visto ya nadie piensa, todo el mundo repiensa, es decir, vuelve a pensar lo pensado, pero si vuelve a pensarlo es porque no sirve lo que había pensado, de lo contrario, si sirviera, en vez de pensar, reflexionaría, verbo que parece haber caído en desgracia. Quizá porque reflexionar exige un esfuerzo continuado, la necesidad de detenerse, de pararse. Digámoslo en términos financieros para que todo el mundo lo pueda entender, reflexionar es menos volátil.

Por el contrario repensar se asemeja más a una actividad propia de lo que se ha venido a denominar capitalismo de consumo, repensar es digamos más desechable, más inmediato, pensamos y si no lo vemos claro, repensamos y vuelta a empezar.

Me cuesta trabajo creer que esta remisión constante a partir de cero para superar los problemas políticos, sociales, económicos y morales, que plantea la convivencia hoy, sea producto de la moda o de la casualidad.

El repensar se está convirtiendo en un mantra populista con tintes aparentemente intelectuales, que solo esconde la incapacidad para dar respuesta a una realidad cada día más compleja y más apremiante. Son multitud quienes sugieren la necesidad de re-pensar la democracia y por todo “repensamiento” indican que los problemas de la democracia se superan con más democracia ¡potente! Esos mismos repiensan Europa y recomiendan que Europa necesita más Europa ¡brillante!

A partir de aquí coser y cantar, que no funciona la lavadora de casa, para que la vamos a reparar si la podemos rediseñar. Que se considera que la palabra corrupto es demasiado intrincada, se resignifica y pasamos a denominarla malversador, que sigue sin significar completamente el universo que se queremos representar, se vuelve a resignificar y pasamos a denominarla, por ejemplo, patriota ¿cual es el problema? Y por supuesto cuando hay que dar una respuesta inmediata a cualquier dificultad sea esta la mas nimia o la de de mayor envergadura, por supuesto, se reforma el mercado de trabajo.

La lista de retrocesos una vez inaugurada parece no tener fin. Es necesario reaccionar y abandonar con urgencia este neorenacimiento discursivo que todo lo impregna, que pretende volver a constantemente, no se sabe muy bien, para qué.

Pero a pesar de todo concluyamos que también el “re” puede denotar movimiento hacía adelante ¿que es lo que impide restablecerse en lugar de reinventarse? restablecerse significa si ó si mejorar, curarse, reincorporarse del estado anterior de postración.

Del mismo modo, porqué no apostar por rehacerse en vez de refundarse. La diferencia estriba, y no es menor, en que rehacerse permite continuar con todo lo que se es, si se me permite el juego de palabras, como debe de ser.

Reinventarse
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