lunes 18/10/21

Reflexiones sociológicas en la covid

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En una revisión somera sobre la historia social de las pandemias vemos que, desde las primeras pandemias se había observado que el riesgo de contagio se incrementaba al aproximarse a las personas que padecían la infección. En el siglo XVII Kircher detectó que las ropas utilizadas por quienes habían fallecido de una infección también podían trasmitir la enfermedad. A partir de aquí se acuñaron dos conceptos básicos preventivos: aislamiento y cuarentena. En el siglo XIX se debatió intensamente sobre si era útil y hasta qué punto la aplicación de la cuarentena. El imperio austrohúngaro un siglo antes llevó hasta el extremo esta medida en su frontera con Turquía. Cada hombre tenía que cuidar la frontera 149 días al año, con 629 puestos de vigilancia con cuatro mil hombres, que llegaban a ser once mil en caso de enfermedad infecciosa en Turquía.

Las epidemias hicieron palpables que muchas de las personas que habían sobrevivido a la enfermedad, no volvían a padecer la enfermedad, apareciendo el concepto de inmunización. Las vacunas posteriormente consiguieron inmunizar sin padecer la enfermedad.

La sociología actual nos aporta un modelo explicativo para comprender la situación específica del momento que vivimos en esta pandemia de la Covid 19. Se han definido conceptos como sociedad del riesgo de Ulrich, donde se contempla que los avances tecnológicos son a la vez fuentes de amenaza. La modernidad reflexiva ha descrito que los sistemas expertos (experimentación, estadística, datos científicos…) suscitan debates y dilemas éticos con confrontación en la sociedad. Otros planteamientos que vienen de la ecología, del feminismo activista, o del posthumanismo entre otros, ofrecen una concepción del mundo en que se plantea una totalidad imbricada, que rompe con el dualismo naturaleza/sociedad. Los imaginarios colectivos llevan más de veinte años con saturación del mercado con películas de epidemias como el ébola o de zombis.

Marcel Mauss, antropólogo y sociólogo francés, formuló el concepto de hecho social total, para referirse a aquellas situaciones que ponen en juego la totalidad de las dimensiones sociales. Este concepto ha quedado bastante patente en la pandemia por coronavirus actual. Así, la repercusión en la vida cotidiana de esta pandemia convierte, la normalidad en conductas y costumbres, en algo privilegiado y deseado, generando miedos y trastocando los modelos de funcionamiento social, como ejemplo evidente, la afectación en la forma de saludar (ver mi artículo en Nueva Tribuna,  Aspectos etológicos de la nueva forma de saludar). Alberto Campos, profesor de la Universidad Pablo Olavide, en su libro La vida cotidiana en tiempos de la covid (2021), expone cómo las rutinas de la vida cotidiana se han visto limitadas o anuladas en esta pandemia, y esto ha generado un objeto del deseo de volver a la normalidad. Por ejemplo, trabajadores que han soñado con volver a su trabajo, o nuevas formas de gestionar las relaciones sexuales y sociales. Por tanto, la pandemia también ha provocado una crisis de la vida cotidiana.

En un estudio realizado en la Universidad de Granada, mediante una encuesta sobre 3000 personas, se observó que las palabras más repetidas eran sobre necesidades, anhelos y esperanzas: salir, amigos, familia, pasear, hacer o poder. Dos categorías resaltaron sobre las demás, rutina y tranquilidad. La rutina que en principio tiene connotaciones cercanas a la monotonía y al aburrimiento, ha pasado a concebirse, en mi opinión, como “qué bonita es la rutina”. En este estudio es también curioso que, en la limitación de la movilidad la población ha tolerado mejor el confinamiento total que el parcial. Los autores atribuyen esto a que la limitación parcial, despierta una especie de “apetito reprimido”, durante semanas, por realizar desplazamientos mayores. Esto explicaría, entre otras causas, los fenómenos sociales, en especial en la población más joven, como los botellones descontrolados que llevan a la pillería de los delincuentes de baja estopa o de las agresiones a la policía por este colectivo, además de incrementar, como es lógico, el riego de contagio.

Por último, compartir esta reflexión paradójica de Víctor Hugo:” Sabe cuál es mi enfermedad?, la utopía. ¿sabe cuál es la suya?, la rutina, que es el pasado que se obstina en seguir.

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