Reflexiones de un boomer que dice pertenecer a la generación de 68
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No suelo frecuentar las redes sociales, pero sí utilizo Twitter malgré moi y pese a que lo regente ese nuevo Craso llamado Elon Musk, quien tras ganar en un solo día quince mil millones de dólares se propone aplicar a la administración norteamericana su política de recortes de personal. Todo esto viene a cuento de que en ese medio me han llamado despectivamente “boomer” para criticar los contenidos de un artículo mío, como si esa denominación te convirtiera en alguien incapaz de comprender lo que sucede.
Esto es parcialmente cierto. Hay muchas cosas que no logro asimilar, como por ejemplo que los más desfavorecidos puedan votar a un magnate con causas legales abiertas y una conducta nada ejemplar en todos los terrenos, como nos recuerda la película 'El aprendiz'. Pero esto ya lo predijo Rousseau en su Discurso sobre la Desigualdad y ha pasado más veces a lo largo de la historia. A mi juicio, con Trump, ha triunfado la desinformación y la desigualdad. Por eso creo que debemos tender a colonizar las redes sociales, poniendo en cuestión directa o indirectamente ese pensamiento hegemónico que apuesta por dividir a la humanidad en dos categorías, la de los perdedores y los ganadores, como si la perspectiva estrictamente económica pudiera definir a las personas.
Pero volvamos a lo del boomer. La verdad es que hace relativamente poco tiempo que soy consciente de pertenecer a ese grupo en función de la fecha de nacimiento. Siempre me he considerado más bien de la generación del 68, por aquel mayo en que se armó la marimorena sobre todo en París. Solo tenía diez años entonces, pero como pensaba Ortega las generaciones deben abarcar ciertos lapsos, por mucho que la marcha del tiempo se haya acelerado.
Para mí la siguiente generación sería la del 89, por la caída del Muro de Berlín. Luego vendría la del 2001 por las Torres Gemelas de Nueva York y seguidamente pasaríamos a la del confinamiento mundial de 2020, por mucho que queramos olvidarnos de los traumas causados por la pandemia. Entremedias tendríamos entre nosotros la del 15M.
El espíritu juvenil no se compadece únicamente con la fecha de nacimiento
Por supuesto, este catálogo es muy personal y discutible. Pero también lo es hablar de Boomers por el baby boom que se dió tras la Segunda Guerra Mundial, aplicando luego una X a la siguiente generación, la Y a los milennials y la Z a los centennials. Sobre todo porque agotamos las letras del alfabeto de un modo apocalíptico. Me gusta más hablar de la generación “parisina” del 68, generación “berlinesa” del 89, generación “neoyorquina“ del 2001, generación “madrileña” del 2014 y generación “cosmopolita” del 2020.
Con todo, el espíritu juvenil no se compadece únicamente con la fecha de nacimiento. Hay gente muy talludita que rebosa vitalidad, aunque no lo diga por quien suscribe, mientras que cierta juventud abraza idearios muy pasados de moda. En todo caso no me parece apropiado utilizar la palabra boomer como insulto, al margen de las piruetas que se hagan con la fruta.