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domingo 22/5/22
 

Los ámbitos de intervención de la Psicología política están orientados a tres grandes rasgos que han definido el nacimiento, desarrollo y evolución del campo, según refiere Adela Garzón de la Universidad de Valencia. El primer rasgo es la diversificación de enfoques y perspectivas. Una característica derivada no sólo del carácter interdisciplinar del campo, sino también por adquirir características peculiares en función del ámbito geográfico en el que se desarrolla. Un segundo rasgo es su pluralismo metodológico. Aunque en sus comienzos estuvo marcado por el psicoanálisis y la psicohistoria, a partir de los años 50 se desarrolla todo tipo de metodologías y de técnicas de análisis, donde se incluyen desde los tests psicológicos hasta los estudios a distancia, pasando por las escalas de actitudes. El tercer rasgo, en parte consecuencia de lo anterior, es la ausencia de integración temática. En función del predominio de unos profesionales u otros, del ámbito geográfico y de las peculiaridades políticas de los países, los temas cambian y es difícil llegar a una integración, salvo a nivel muy abstracto.

Las relaciones internacionales como disciplina científica o área de conocimiento diferenciada son un producto del binomio ciencia-realidad, con otras palabras, un conjunto de concepciones teóricas y de herramientas metodológicas diversas Como señalaba Giddens, antes de dar su nombre a la disciplina académica, las relaciones internacionales eran tanto una descripción de la realidad como un conjunto de ideas aplicadas desde la reflexión para ayudar a la constitución de esas condiciones políticas descritas.

El desarrollo de las relaciones internacionales como área de conocimiento específico no se entendería sin referencia a las dos guerras mundiales que impulsaron, en gran medida, su configuración y su expansión académicas. Por otra parte, un área de estudios como ésta, tradicional y mayoritariamente volcada en el análisis de las relaciones interestatales y con la dimensión de poder como elemento central, tiene en el fenómeno de la guerra uno de sus temas centrales.

Desde una perspectiva cognitiva, Jervis insertó el estudio de los fenómenos perceptivos en el campo de las relaciones internacionales considerando que, frente al racionalismo de la perspectiva realista, existen tantos acontecimientos internacionales como percepciones de ellos. Para este autor, la práctica de las relaciones internacionales no puede entenderse sin abordar las diferencias y errores de percepción de sus actores, motivados, fundamentalmente, por determinantes nacionalistas.

Es de suma importancia los factores subjetivos en las relaciones internacionales. En unos casos, encontramos oportunas sugerencias acerca de la necesidad de analizar determinados factores psicosociológicos que aparecen claramente identificados y tipificados. Aunque no se entre en el análisis pormenorizado de estos factores, el plano psicosociológico se presenta formando parte de un marco analítico en el que se ubica de forma concreta.

Antonio Cánovas del Castillo dijo: ”la política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible"

La Psicología Social y, dentro de ella, los proyectos de la Psicología Política se han limitado, en muchas ocasiones a la explicación en términos estrictamente psicológicos y a la recomendación de medidas psicológicas aisladas en relación con conflictos bélicos y otras tragedias contemporáneas. Esta falta de relevancia ha venido dada por dos errores básicos: Primero, los procesos psicológicos no pueden explicar, por sí mismos, la política internacional, aunque sí deben formar parte de esa explicación. Segundo, no pueden ignorarse las condiciones sociales y políticas que proporcionan el marco en que los procesos psicológicos operan.

Uno de los temas más debatidos y complejos con los que tiene que enfrentarse el marco teórico de las Relaciones Internacionales lo constituye el fenómeno del poder. El DRAE lo contempla de como sinónimo de: «fuerza, vigor, capacidad, posibilidad, poderío». Debido a la transcendencia que posee la interacción entre el poder material del hombre y el poder natural de su entorno medioambiental, resulta inevitable que esta dinámica produzca efectos decisivos en el propio contexto social, es decir, entre las relaciones humanas. Algunas de las manifestaciones más enraizadas de la desigualdad social, pero también más enraizadas en la conducta humana, se han desarrollado como consecuencia de las desigualdades de poder material entre los individuos o las sociedades. La desigualdad del poder material origina relaciones de desigualdad y de poder en y entre las sociedades. Esta dimensión social del poder material del hombre se debe a la propia tendencia societaria de los individuos. En su origen se encuentran causas de tipo biológico, por ejemplo, la función reproductora que asegura la supervivencia y continuidad de la humanidad resultaría imposible fuera de un marco societario; pero también es debida a causas de carácter psicológico, pues es bien sabido que la dimensión mental del hombre únicamente puede desarrollarse con plenitud en relación con su participación en ciertos grupos sociales. La soledad dificulta, cuando no traumatiza, dos de las facultades más específicamente humanas: al pensamiento y la comunicación. La dimensión social del ser humano constituye el sustrato sobre el que se erige el poder social, que podemos definir como el ejercicio del-poder humano con. objeto de generar, mantener, alterar o impedir ciertos comportamientos o actuaciones de las personas tomadas individual o colectivamente. Podríamos decir que es el ejercicio del poder humano proyectado en las relaciones internacionales.

El problema del poder se presenta esencialmente como un problema de análisis de la influencia y dominación política y social, manifestado en el campo de las relaciones internacionales, tanto en el plano propiamente interestatal, como en el plano de las fuerzas y actores sociales, económicos y políticos, actuantes en la sociedad internacional, lo que supone centrar la reflexión teórica no sólo en el fenómeno del poder y de sus dimensiones y en la jerarquía que el mismo origina en las relaciones internacionales, sino igualmente en la propia estructura de la sociedad internacional, en cuanto que ésta viene determinada en gran medida por la distribución del poder entre los actores de la misma.

Por último, compartir esta reflexión de Antonio Cánovas del Castillo: ”la política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible".


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Poder y relaciones internacionales