martes 12.11.2019

El Observatorio del Clima Espacial publica “Tormenta solar: Guía de autoprotección familiar”

Llevan siete años vigilando el clima espacial para proteger a nuestro país de las tormentas solares extremas y, en su ya reconocible trayectoria, no han dejado de sumar logros y reconocimientos nacionales e internacionales a su trabajo.

Ahora han publicado en Amazon “Tormenta solar: Guía de autoprotección familiar” la primera guía de autoprotección ante este riesgo y con la que, como dicen en su nota de agradecimiento, pretenden “seguir normalizando la toma de conciencia sobre este olvidado y peligroso riesgo natural” del que hay que seguir “ocupándose, no preocupándose”.

Surgido en abril de 2011 tras las primeras Jornadas Técnicas de Clima Espacial organizadas en la Escuela Nacional de Protección Civil el Observatorio del Clima Espacial (Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial, AEPCCE) formularía ese mismo año 2011 su pionero Decálogo “Tormenta Solar Severa: ¿cómo prevenir?”, el primer material de autoprotección ciudadana ante este poco conocido riesgo y que, pocos meses después, pasaría a ser formalmente adoptado por la Protección Civil de Extremadura y hasta a ser unánimemente aplaudido por el propio Congreso de los Diputados en la primera resolución de una institución española en materia de riesgo natural de la meteorología espacial.

Su temprana estimación de escenario de caída en cascada por tormenta solar extrema de enero de 2012, publicada por Nuevatribuna sería igualmente tomada, íntegramente y sin cambiar una coma, en la reforma de la Ley General de Protección Civil de México de 2014 al incorporar este tipo de riesgo a su sistema nacional y, desde entonces, han venido elaborando y divulgando otros muchos materiales de autoprotección como el dirigido a orientar y formar a los propios miembros de agrupaciones locales de protección civil de toda España o, más recientemente pasando ya de lo local a lo vecinal, elaborando el primer material para orientar a comunidades de vecinos sobre cómo elaborar sus propios planes especiales de autoprotección ante este riesgo como también recogió Nuevatribuna.

Entre sus últimos logros está el impulsar que la cuestión de la seguridad nuclear ante este riesgo natural se introduzca formalmente en el Parlamento Europeo mediante distintas interlocuciones a la Comisión Europea, y siguen impulsando una amplia línea de trabajo en lo autonómico para que, además de Extremadura, varias otras comunidades autónomas se impliquen desde lo regional en la resiliencia y autoprotección ante este tipo de grandes catástrofes ¿algo poco habitual quizá?: este pasado jueves 13 de diciembre de 2018 el National Infrastructure Advisory Council (NIAC) llegaba exactamente a la misma conclusión (impulso de la resiliencia regional, local, comunitaria y personal) y lo elevaba a la Casa Blanca.

De ello hablamos con el Presidente de AEPCCE, Miguel Ángel Rodríguez (Barcelona 1977, máster en planes de autoprotección, curso técnico superior en protección civil, ponente del estudio “Medidas internacionales de prevención ante el riesgo natural de tormenta solar, fundamentos para una nueva estrategia de intervención española”, que le fue encomendado por la propia Dirección General de Protección Civil y Emergencias en 2010 para su presentación en las Primeras Jornadas Técnicas sobre Clima Espacial.

Nuevatribuna | Publican ustedes una nueva “guía de autoprotección” que deja claro desde su prólogo que no es, ni quiere ser, ninguna “guía de supervivencia”.

Resulta imprescindible que se aborden buenas prácticas y se fomente una mejora de la capacidad de autoprotección de los ciudadanos

Miguel Ángel Rodríguez | Es que la autoprotección es un instrumento reconocido por nuestra legislación de protección civil desde antes de la propia ley de 1985, y la finalidad de la guía es precisamente la de tratar de evitar que nadie tenga que verse metido en una “situación de supervivencia”, precaria, de fortuna, lo que no puede ser nunca el método de nada, prepararnos para ponernos en una situación de supervivencia desde el principio, sino justamente un mal a evitar. De lo que se trata es de normalizar todo este asunto, que falta hace.

¿Y le resultaría realmente posible a una familia autoprotegerse ante una gran catástrofe de esta magnitud si un día realmente llegase a desencadenarse?.

No sólo es que resulte posible, es que resulta imprescindible que se aborden buenas prácticas y se fomente una mejora de la capacidad de autoprotección de los ciudadanos y las familias ya que ante un worst-case scenario catastrófico de alto impacto no es en absoluto previsible que el sistema público tuviese capacidad de dar respuesta a escala nacional, casa por casa, en una muy buena temporada.

Así se reconoció desde las recomendaciones de la temprana simulación atlántica de tormenta geomagnética extrema de Boulder de 2010, y tras una larga serie de pronunciamientos y reconocimientos en ese sentido, así acaba de ser especialmente reiterado en el reciente informe del President’s National Infrastructure Advisory Council (NIAC), y hasta el Departamento de Seguridad Nacional del Gobierno de España reconoce ya abiertamente la necesidad de promover entre los ciudadanos “conocimientos y actitudes de autoprotección, reforzando las capacidades de resiliencia ante emergencias súbitas e inesperadas” de gran alcance.

Es decir, hablo, nuevamente, de mera normalidad, medidas lógicas, de las que corresponde tomar cuando un riesgo de semejante alto impacto nacional/continental, se llame como se llame, presenta una probabilidad claramente superior al 1% en todas las estimaciones serias hasta el momento, 5% a 50% según el National Risk Register del propio Gobierno del Reino Unido, 12% de probabilidad según el equipo de Riley, la mitad de ello según el equipo de Love, todas superiores a un 1% en definitiva.

¿Entonces realmente resulta necesario ocuparse de este riesgo?

Por supuesto que sí, porque es un riesgo totalmente normal y real, simplemente es su nombre el que le resulta menos conocido o habitual a la población.

O por lo menos hasta que desde la propia meteorología espacial nos digan “lo hemos revisado y realmente la probabilidad de un nuevo fenómeno extremo es muy inferior a 1%”, en cuyo caso los primeros que lo dejaremos de lado seremos nosotros mismos desde la AEPCCE, para focalizarnos en otros escenarios que, lamentablemente, faltar no faltan. Esa es la parte que les toca a ellos establecer o re-debatir si es necesario, si existe o no existe una probabilidad significativa. Por el momento los distintos estudios al respecto desde la llamada de atención que representó el apagón de Quebec de 1989 apuntan claramente en ese sentido.

Pero a partir de ahí el cómo, el cuándo y el hasta dónde de la respuesta a ello, de las medidas de resiliencia institucional y de autoprotección entre la población civil, nos corresponde ya, sensatamente, a las organizaciones de protección civil. Por cierto en este campo y en cualquier otro (distintos y variados) desde los que se hace necesario una gestión de riesgo.

tormenta solar guia 2Pero, permítame que insista, si siempre han existido las tormentas solares ¿por qué ocuparse de ellas precisamente ahora?

Porque lo que no ha existido siempre ha sido nuestra actual tecnología y de la que depende ya totalmente y en el día a día el funcionamiento de nuestra propia sociedad: satelital, tendidos eléctricos, instalaciones nucleares, etc, etc.

Este es un fenómeno de riesgo cuyo periodo de retorno es secular, cada 150 o 200 años (un reciente estudio de Elvidge y Angling tiende a reducirlo incluso un poco más para fenómenos extremos como el que desató el Evento Carrington), y una tormenta geomagnética extrema resulta indiferente para sociedades basadas en la fuerza muscular o la máquina de vapor, como más o menos sucedió con la última de éstas en 1859.

Pero esos mismos fenómenos extremos solares ocasionales, totalmente normales en los procesos de nuestra estrella, “de siempre”, tendrían ahora un efecto muy diferente sobre una sociedad cuyo funcionamiento depende ya de satélites y en la que dependemos de largas redes de suministro eléctrico (particularmente vulnerables estás, además, por definición al componente E3 del GIC), hasta para preparar nuestro café por las mañanas... o para cosas mucho más serias como mantener la refrigeración de los ya cerca de 500 reactores nucleares del planeta (y sus piscinas de combustible gastado).

Reactores cuyos procesos de efectivo apagado seguro necesitarían, además, el poder mantener todavía dicha refrigeración durante semanas después de éste, ya que los procesos internos de un reactor nuclear no se detienen como el que pulsa un interruptor, ni tampoco en las 18-24 horas que pudiese tardar en impactarnos una CME. Este es un aspecto muy importante que debe ser mejor atendido lo antes posible.

¿Qué es lo que los lectores encontrarán en esta primera parte de la nueva guía que acaba de ser publicada en Amazon (subtítulo “Antes de la emergencia”)?

Dos años de mucho trabajo, una buena información y orientación de partida sencillamente expresada y reconociendo sin paños calientes las gravísimas implicaciones que podría tener este riesgo en un worst-case scenario si nuestras sociedades no se encuentran mejor preparadas de lo que lo están ahora (algo imprescindible para poder abordar, después, como hace la guía las posibles respuestas individuales).

En definitiva, una vía racional que discurre frente a los dos polos opuestos de los “bulos apocalípticos” de todo tipo, y a los no menos dañinos “bulos negacionistas” del riesgo, que día a día continúan sembrando de confusión las redes y a numerosas personas frente a este riesgo natural.

Si quieres saber más sobre estos fenómenos, puedes comprar el libro Tormenta Solar: Guía de Autoprotección Familiar pinchando en el siguiente link

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