Obituario para un hombre bueno

Pepe Mujica, militante, diputado, Presidente, campesino y obrero.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Sí amigo, compañero expresidente, tu pérdida es patética, no le quito ni un ápice a esta denominación. Lo es porque tu óbito, Pepe Mujica, entra en la categoría de lo conmueve profundamente y causa un gran dolor y tristeza, tal como lo consigna la Real Academia Española. Ya sé, ya he escuchado tus nobles palabras de hombre bueno, de hombre que muere feliz, porque entiende que su existencia se ha gastado inevitablemente, consecuencia de la entropía de cualquier forma de vida, de máquina, fenómeno natural u objeto inanimado. La desorganización, el caos de tus elementos caleidoscópicos que te conformaron, ahora se han convertido en elementos de perplejidad y orfandad.

Tu serenidad ante la muerte es fruto de tu reflexión y convicción de que otros han llegado con su juventud, su desparpajo, sus necesidades y su discurso para recoger tus banderas, sin solución de continuidad. Arrebatos de dignidad y humildad te llevan del talle, dónde un viaje enajenado entre la realidad y la ficción cuestionan, sin conflicto alguno, las soluciones que, en su momento planteaste, tus luchas, delirios, errores, sacrificios como un enternecedor relato: el balance salvífico de tu propia vida, que entrega su testigo a otros corredores de fondo no cansados ni exhaustos como tú, que merecidamente precisas un reposo granjeado por las mareas, las auroras boreales, los cantos de sirena y la lluvia que te cala en medio de la calle.

La comarquita de veras, la patria pobre, el Uruguay de siempre pierde contigo un ingeniero versado en los arcanos de arquitecto financiero e inversor. Tú que proponías sólo tres rubros para destinar las inversiones de futuro: primero educación, después educación y en último lugar; educación. Alguien, un buen samaritano, deberá ponerle tu nombre a una escuelita moderna, digna, nueva y reluciente en contraste con las destartaladas infraviviendas del barrio pobre de Rivera.

Ahora, que te has ido; ¿quién va cebar el mate, para que la vida se caliente?, ¿quién va a enseñarnos, política y amorosamente, a ser pobre entre los pobres? Si faltas tú, ¿quién podrá instruirnos en la diferencia entre lo sencillo y lo simple? Con la sabiduría y la cordura de los militantes aguerridos, ¿quién nos va a relativizar los, en ocasiones, absurdos ardores revolucionarios, y pondrá orden en los caóticos afanes de nuestras desmedidas impaciencias de afanes progresistas? Todo eso, sin orillar, ni por asomo, el horizonte utópico que viene con retraso, como un tren de AFE “que se hace el distraído”, entre Tacuarembó y Rivera.

Con todo lo que queda por bregar, por hacer; ¿quién, ahorita, pondrá cordura y sentido común a una demanda ineludible: la de la Unidad del Frente Amplio, que proclama la gloria de ir juntos, paqueteros?  Andá nomás; ¿quién va a enseñarnos a perder con método, de ir de derrota en derrota hasta trocarnos en Ave Fénix, que vence en la última batalla, a punto de tirar la toalla, en los minutos de descuento? Ayúdanos, con tu ejemplo, Pepe, para dejar de sufrir este malestar cultural de los benévolos progresistas, obreros, activistas, estudiantes y demás caballería roja, que creyeron en Gramsci, y en la hegemonía ideológica e instructiva de los intelectuales marxistas y de los trabajadores. Préstanos tu alborozo para superar la crisis antropológica posmoderna, que asola nuestro pensamiento crítico, nos deshumaniza y trastoca los sueños de la solidaridad, la caricia de los pueblos. 

Ablándonos, cincelados por ti a golpes de terneza, busca entre tu grey a aquellos cuyo pensamiento de personas inermes solicitan, vehementemente, el alivio que tanto se merecen. Desmúerete, ¡que la cosa está que arde! Ya sabes; ¿cuándo no es fiesta? Todos pensamos que nuestro tiempo es convulso, único, decisivo, inescrutable, inextricable y que nuestra piel, nuestras entrañas se vuelven quebradizas como las del Licenciado Vidriera.

Pero sí, andamos con los pies de plomo, nunca mejor dicho, porque las armas vuelven a resonar con el silente silbo indecente de la parca, se retransmiten genocidios en directo, las guerras abren los telediarios, la corrupción campa a sus anchas, el hambre destroza los abrazos, las niñas y los niños no tienen muñecas ni juguetes para educarse en ser infantes felices, la naturaleza revienta sus costuras, la explotación genera el espanto primario de la rabia contenida, los que susurran no tienen micrófonos cerca, los periodistas y el personal humanitario se juega, conscientemente, la vida; se ahogan y se mortifican los migrantes; la hipocresía, la mala conciencia, la indiferencia y el hastío se instalan en las circunvalaciones de los poderosos. Y para colmo se mueren los mejores, sin sustituciones ni cambios en medio tiempo.  

Como no recordarte, con la sabiduría senil de los que reconocen que la represión y el abyecto comportamiento abusivo, criminal de los torturadores, de los milicos son cuestiones pasadas, remotas remembranzas, sucesivas detenciones que no te detenían, penas redimidas por los impresionantes avances sociales, políticos y económicos que impulsaste a golpe de austeridad, bonhomía, de tu cadencia de hombre reflexivo y templado, como la mano que mece la cuna de los que sin dormir tienen la pupila abierta y el párpado cerrado; lejos de la miseria de los miserables.

Has muerto, compañero ex presidente uruguayo, Pepe Mujica, como quien pasa de puntillas, hecho un referente de sobria pelea, dolor y rebeldía, con 90 años de lucha en vida entera (1935-2025). Pleno de pobreza y de coherencia, siempre me ha parecido que, por faltarte algo material, tontamente creía que te habías desprendido de la tilde de tu primer apellido. Mujica no podemos remunerarte tu desvelo, porque no tiene precio si no un valor incalculable. Has mantenido hasta el final tu opción de Frente Amplio, contra viento y marea.

Al menos, que nosotros aquí, al otro lado del Atlántico, sepamos acoger con humildad, con la esperanza esparcida por tu sombra, la enseñanza gozosa de enfrentarnos a los fascistas, reaccionarios, ultras y demás caterva de indeseables, a golpes de Unidad imprescindible- enfáticamente y políticamente, nos va el futuro en ello -, la responsabilidad y el acierto que tú, compañero y hermano, dejaste como un legado frágil que debe ser cuidado, como los versos de un compatriota tuyo, Mario Benedetti, con mimo, con sigilo, defendiendo siempre la alegría como una trinchera de resistencia pacífica:

Es preciso ponernos brevemente de acuerdo:
aquí el buitre es un aura tiñosa y circulante,
las olas humedecen los pies de las estatuas
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.

Los autos van dejando tuercas en el camino,
los jóvenes son jóvenes de un modo irrefutable.
Aquí el amor transita sabroso y subversivo
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.

Nada de eso es exceso de ron o de delirio,
quizá una borrachera de cielo y flamboyanes.
Lo cierto es que esta noche el carnaval arrolla
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.

Es preciso ponernos brevemente de acuerdo
esta ciudad ignora y sabe lo que hace.

Cultiva el imposible y exporta los veranos
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.

Aquí flota el orgullo como una garza invicta,
nadie se queda fuera y todo el mundo es alguien.
El sol identifica relajos y candores
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.

Como si Marx quisiera bailar el Mozambique (1)
o fueran abolidas todas las soledades.
La noche es un sencillo complot contra la muerte
y hay mulatas en todos los puntos cardinales”.

(1)  Baile popular y folclórico cubano.
Hasta siempre, enorme compañero y amigo: ¡qué la tierra te sea leve!