sábado. 02.03.2024
Enrique Diez Marquina
Enrique Diez Marquina

Nos ha dejado Enrique Díez, el de Pegaso, y de muchos otros sitios. Se fue discretamente hace unas semanas, despedido por su compañera Marisa Moreno y su círculo más íntimo. El pasado lunes 23 de octubre en la Tertulia Macario Barjas, que reúne desde hace diez años a antiguos responsables sindicales, hombres y mujeres de Comisiones, se guardó un minuto de silencio tras unas breves palabras de reconocimiento de quien, entre otras muchas cosas, fue uno de los iniciadores de este lugar de encuentro.

Enrique, burgalés nacido en 1944, estudió Magisterio y trabajó primero en la enseñanza y después entró de administrativo en la fábrica Pegaso de Madrid en los años sesenta. Desde ahí participó en la asamblea que eligió a la primera Comisión del Metal en septiembre de 1964 en Gran Via 69, entonces Avenida de José Antonio. Tras la expulsión del local del Vertical el proceso se extendió a otras ramas desde el Centro Manuel Mateo y el Pozo del Tío Raimundo (gracias padre Llanos que estás en los cielos junto a tu camarada Dolores) y terminó cuajando en el movimiento más importante de la oposición obrera. Enrique estuvo en ello y fue uno de los que, de verdad, fundaron Comisiones.

Era bastante precavido y serio en los asuntos de seguridad y por ello desde la “Inter-ramas”, preocupados por evitar tropiezos a las Comisiones Juveniles, le encargaron de supervisar la preparación de sus acciones. El “tutor” tenía unos pocos años más que Nati Camacho y demás miembros de las Juveniles, pero parece que aceptaron su consejo como enlace de los “adultos”.

Enrique Díez era un militante comunista convencido, consciente, perseverante; disciplinado, hasta cierto punto

El 24 de marzo de 1968 se convocó boca a boca por las empresas la que iba a ser la “Primera Asamblea Libre del Metal” que quedó en una gran detención conocida como “la Caída de Mariano de Cavia” lugar de la reunión. Enrique que era enlace sindical y secretario del Jurado de Empresa desde 1966 no tenía ninguna duda de que una reunión con varios centenares de participantes no acabaría bien, por eso cuando, detenido, fue registrado por los policías, estos le encontraron un cepillo de dientes. El comisario Conrado Delso de la BP-S le dijo “Díez es usted un hombre muy previsor”. En Pegaso hubo una huelga de solidaridad con los detenidos de la fábrica en Mariano de Cavia y por ello fueron despedidos unos cuarenta trabajadores. Enrique también.

Enrique Díez era un militante comunista convencido, consciente, perseverante; disciplinado, hasta cierto punto. Es decir tenía criterio propio a veces no coincidente con el criterio de la dirección que también era propio; muy propio. Hacia 1969 o principio de los setenta colaboró en algún grado en un boletín distribuido al margen de la ley…y del Partido. Estuvo cercano al círculo de Alfonso Sastre y Genoveva Forest aunque se alejó cuando estos se salieron del PCE y entraron en la órbita de ETA. En esos años difíciles con dos “estados de excepción” crecía la impaciencia entre algunos militantes que veían a la dirección demasiado centrada en buscar la alianza con sectores democrático-burgueses mientras la represión se agudizaba sobre los trabajadores. 

También estuvo en 1973 en “lo de la OPI”, clandestina corriente interna del Partido clandestino, doble contradictio in terminis. Esto que yo no lo sabía, me lo dijo el otro día Héctor Maravall, que fue de la OPI y que, como abogado, sabe que la falta si la hubo ha prescrito. 

La ofensiva policial llevó casi a desarticular las estructuras de CCOO y muchos militantes no querían asistir a reuniones fuera de las empresas y en esa situación en Madrid se dio la experiencia de los GOES entre 1973-74. La idea estaba capitaneada por Enrique y contaba con el apoyo de Lucía García, dirigente de esos Grupos de la HOAC que funcionaban legalmente. Se trataba de hacer charlas en los locales de la HOAC como cobertura y puente hasta que se pudieran reconstruir o fortalecer desde ahí las coordinadoras provinciales. Así se hizo en muchas ramas provinciales.

Fue un hombre lúcido, trabajador y honrado; conversador incansable y apasionado, caustico en ocasiones pero siempre ocurrente y ameno

Con la amnistía laboral reingresó en Pegaso. Conviene recordar que la amnistía de octubre de 1977 otorgada por el Gobierno de Suárez incluía la readmisión de los despedidos por las empresas. Observo que, de repente, aquella amnistía fustigada hasta hace unos meses por los críticos de la Transición ha pasado a estar mejor vista y se usa como soporte de la que se avecina.

Enrique tenía muy buena cabeza y muy buenas ideas. La mejor de ellas no fue la de proponerme para encabezar una candidatura frente al secretario general de CCOO de Madrid Fidel Alonso en el congreso de octubre de 1980. El candidato podría haber sido él que era quien tenía más autoridad pero siempre prefirió el segundo plano. No salió bien aquella operación congresual y en el reparto de secretarías que nos dieron a la lista minoritaria a Enrique le tocó el marrón de las finanzas, que estaban bastante mal. En un par de años se había mejorado bastante la situación. 

En tiempos posteriores trabajaría en RENFE hasta su jubilación y a la vez se concentraría en tareas en la dirección federal de Izquierda Unida en el equipo de Gaspar Llamazares. Fue un hombre lúcido, trabajador y honrado; conversador incansable y apasionado, caustico en ocasiones pero siempre ocurrente y ameno. También por todo esto le echaremos de menos. 

Enrique Diez Marquina