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viernes. 03.02.2023

Niños encerrados en 'Gran Hermano': la perversión del mercado audiovisual

La telebasura ha encontrado un gran filón en la concentración de la derecha mediática. El dogma del ‘todo vale’ pone a los poderes públicos en la tesitura de vigilar e impedir la impunidad de la mercantilización de los medios en casos como la posible vulneración de derechos de los menores de edad.
NUEVATRIBUNA.ES / ISABEL G. CABALLERO 23.12.2009

Los medios de comunicación en España y en el mundo entero parecen cada vez más abocados a la adulteración que supone convertir la información y el espectáculo en un mero producto del libre mercado. La anunciada fusión de Telecinco y Cuatro ha levantado la alarma y alumbrado un debate que debería ir más allá de los puros intereses mercantiles de una empresa. Pero la realidad es tajante, los medios y, en particular las televisiones, son conglomerados empresariales que se sustentan por la publicidad y que dan a los anunciantes la bicoca de unas audiencias por las que poco importan los medios utilizados para liderar el share diario.

El fenómeno de ‘Gran Hermano’, el reality show explotado por Telecinco, la cadena propiedad de Silvio Berlusconi, es precisamente un producto de la mercantilización de las personas. Se trata, como dice el catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Carlos Monedero, de “apelar a la audiencia para vender más anuncios diluyendo la fibra moral de la sociedad”. A su juicio, este tipo de formatos televisivos vulneran la dignidad de la persona y hasta se atreve a decir que “van contra la propia Constitución”, pero “si ya lo haces con niños –precisa- se está prostituyendo la educación”.

Telecinco estrena este miércoles por la noche el programa Dejadnos solos, un especie de ‘Gran Hermano’ de niños en el que participan menores de entre 10 y 12 años recluidos durante quince días para convivir sin ninguna tutela de los adultos. Aunque es cierto que la adaptación de este GH tiene notables diferencias con el prototipo en el sentido de que no se emite en directo y evita la competitividad que supone participar en un concurso con ganadores y vencidos, el hecho de poner a menores como escaparate mediático abre la posibilidad de que se vulneren sus derechos.

“Lo mismo ocurre con niñas en las pasarelas de modelos. ¿Por qué no ponen niños fumando o bebiendo alcohol?, generaría más morbo”, señala Monedero entre irónico e indignado.

“Dejadnos solos” ha emulado otros programas emitidos en Gran Bretaña y EEUU donde los protagonistas también eran niños. A raíz de la emisión de los mismos se generaron muchas quejas y denuncias. Pese a ello, Telecinco ha obtenido el visto bueno de la Fiscalía de Menores de la Comunidad de Madrid, pero también del Colegio Oficial de Psicólogos y del Defensor del Menor, pese a que su responsable Arturo Canalda ha mostrado públicamente su rechazo a que los menores participen en este tipo de formatos “discutibles y polémicos”.

Como no podía ser de otra manera, se ha contado con la autorización de los padres, si bien muchas voces cuestionan un consentimiento que se traduce en la simple firma de un contrato entre los tutores del menor y la productora del programa.

La asociación Prodeni, por la defensa de los derechos del niño, ha sido una de las primeras organizaciones que han mostrado su recelo a este nuevo experimento televisivo. Para su portavoz, José Luis Calvo, lo que se está produciendo es una “continua irrupción en la televisión de los niños como objeto de consumo”, en la televisión y en la publicidad, pero también en el mundo del espectáculo, del arte, del deporte…

En su opinión, es necesario cubrir el vacío legal existente en torno a los derechos de los menores y a la explotación de los niños que no se encuentra regulado por el actual marco legal.

“Los niños están siendo utilizados. Han encontrado en ellos un filón económico. Lo solapan con principios educativos, participativos y artísticos para darle una envoltura comestible a algo cuyo contenido no es digerible”, afirma Calvo.

La complejidad del asunto reside en que, suponiendo que no se vulnere la legalidad, ética y socialmente sí es cuestionable que los menores se conviertan en mercancía televisiva. “Lo que se tiene que regular es en qué circunstancias no se puede utilizar a los niños”, señala el portavoz de la Asociación Prodeni. Y quien tiene que hacerlo es el Estado que es el que vela por el cumplimiento de la Constitución.

Porque ya no se trata de apelar a la responsabilidad de los medios por cuanto éstos persiguen los mismos fines que el del resto de empresas, esto es, hacer negocio, sino de que se pongan límites a aquellos que como creadores de opinión juegan un importante papel en la ideologización de las sociedades. Para algunas, la ecuación es clara: a menos pluralismo informativo más telebasura.

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