Los niños ante la televisión (y la tablet, y el móvil…)
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Programar una sesión de cine en casa para los peques no tiene porqué ser malo. Es más, podría hasta ser beneficioso siempre que la elección de la película o los dibujos sea escrupulosamente supervisada por parte de los adultos, y siempre también que la trama no envíe a los niños mensajes contradictorios con el modelo de educación que se pretende transmitir.
Como regla general —sin excepciones— ni el teléfono móvil, ni la tablet, ni ningún artilugio tecnológico capaz de dejar paralizado a un niño con los ojos fijos en la pantalla debería utilizarse para que los padres dispongan de tranquilidad en su tiempo libre. No es posible para los adultos disponer de un tiempo completamente libre cuando lo comparte con los niños a su cargo y responsabilidad. Pondré como ejemplo la lamentable imagen que tanto se repite en los restaurantes cuando dos o tres familias con niños se reúnen a comer o cenar, y mientras los padres y madres hablan relajadamente de sus cosas, los peques ni siquiera se comunican entre ellos y parecen estar como ausentes mientras miran dibujos, o a lo peor algún YouTube no apto para menores, a través de los teléfonos móviles que sus padres les ceden para que no les molesten.
Es un derecho de los niños poder disfrutar de unos juegos que sean adecuados a cada etapa de su desarrollo
Es un derecho de los niños poder disfrutar de unos juegos que sean adecuados a cada etapa de su desarrollo, así como realizar actividades que les socialicen y les pongan en contacto con el mundo real (parques, naturaleza, canchas deportivas, ludotecas…), y por supuesto el placentero reto creativo de ponerse ante un papel en blanco (o un lienzo) y utilizar la imaginación para dar rienda suelta a su fantasía.
No obstante, es obvio y también un derecho que los niños no deben ser privados del placer de ver una película. Ni mucho menos, aunque, eso sí, siempre y cuando los adultos responsables de su bienestar se esfuercen en elegir las producciones más adecuadas a la capacidad de comprensión de los pequeños en función de su edad y madurez. Es necesario ser selectivo al elegir películas y dibujos animados que se ajusten a los criterios de idoneidad consensuados por los expertos en educación infantil. Y, por supuesto, siempre también que el tiempo de ocio del niño ante un dispositivo audiovisual (el llamado “tiempo de pantalla”) no rebase el límite que les predisponga a sufrir efectos secundarios perjudiciales tanto en lo psíquico como incluso también en lo físico como es el caso del sedentarismo frente a la pantalla.
Para educar a los niños sin perjudicarlos, los adultos a su cargo deben ser coherentes y precavidos, respetando el derecho de los pequeños a recibir una educación que les ayude a crecer de un modo saludable y adecuado a sus necesidades en cada etapa del desarrollo. Este modo de actuar y educar requiere como condición sine qua non un mínimo de atención y de tiempo por parte de los adultos, atención y tiempo a los que los niños tienen un derecho incuestionable.
Escribo esta reflexión mientras mis nietos están viendo una película que, con autorización de sus padres, hemos puesto en la tele tras pasar una feliz jornada plena de actividades. El film se ha elegido tras una negociación en la que se han teniendo muy en cuenta sus deseos, pero también nuestra valoración como adultos de las características del film. En este aspecto es preferible ser exagerado que negligente a la hora de exponer a los niños ante la pantalla durante más de una hora.