sábado. 13.07.2024
‘Rebelión en la granja’, George Orwell
‘Rebelión en la granja’, George Orwell

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En función de la manera de actuar que se genera en una economía capitalista en la que los resultados que de ella se derivan cuestionan el proceder de los protagonistas que han sido mencionados en el artículo anterior, recuerdo lo que Orwell describió en su obra “Rebelión en la Granja”. Un lugar en el que por la naturaleza y la manera de comportarse el propietario de la misma, los que estaban siendo utilizados como animales, llegaron a formular aquel famoso y asimilado enunciado que rezaba: “cuatro piernas, bueno; dos piernas, malo”.

Y es que al estimar el de dos, que los que se habían acostumbrado a digerir la frase, "como pienso y no pienso", aquél no podía contemplar que a veces, los de cuatro llegan a tomar en consideración que el pensar está por encima del pienso. Carecían de esa voluntad y de esa moral que les impedía concienciarse de lo que representó aquella frase de Ernesto “Che” Guevara que rezaba: “Si no hay café para todos, no habrá para nadie”.

Los medios con los que el capitalismo se reproduce y perpetua, son ajenos a los requisitos que se precisan en lo que conocemos como selección natural

El de dos descartaría que en función de cómo habían sido establecido el funcionamiento de esta granja, no se estaría exponiendo a ningún riesgo; ya que de producirse una revolución podría recurrir a lobotimizar [1] a los que asimismo se habían acostumbrado a tener cuatro pata; o en su defecto, los controlaría insertándole unos chips computarizados (como le ocurrió a los proles en la otra obra del mismo autor titulada 1984).

Lo que finalmente entendió el que tenía dos, fue que la primera opción era inviable, ya que a su granja las invadirían las telarañas, y que la segunda le restaría de la eficiencia y de la productividad que los de dos siempre han buscado, utilizando a los que no son capaces de mantenerse erguidos. Que es el rasgo más significativo que nos ha llevado a la conformación y al desarrollo de esta granja mundial.

Lo que ocurre es que este final entendimiento no suele producirse como finalidad; y en consecuencia, a veces, y solamente a veces, entre aquéllos a los que les asignaron cuatro patas, a veces, pero indefectiblemente a veces, hay algunos que desembarazándose de las que les mantenían agachados promueven lo que representa el título de esta Granja de Orwell. Un estado y una acción que Lao Tzu resolvió con el críptico dilema: “Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que debería ser.

En función de las causas por las que se origina el dominio que en nuestra sociedad tienen los dominantes sobre los dominados, saco a colación un comentario publicado en un artículo de nuevatribuna.es titulado “De nuevo en la misma piedra” en el que se dice lo siguiente:

“Hoy en día la ignorancia está fomentada por los medios, por los partidos, por la escuela. El ignorante no sabe que lo es porque no tiene con quien medirse, porque ignora qué es el conocimiento, porque no le hace falta para nada. No se nos enseña a apreciar al que sabe, sino a movernos entre ignorantes y asumir sus postulados, entrando en un círculo vicioso del que es muy difícil salir.”

En este contexto ¿qué es lo que representa para la evolución del ser humano un futuro que ha sido diseñado para unos ignorantes, cuya formación ha estado en manos de los medios, de los partidos, de las escuelas y de un sentido de la vida que no va más allá del que pueda tener aquel rosal? [2]

El darwinismo capitalista evoluciona por depredación; utilizando a los demás de una forma consciente

Y es aquí por fin que hemos llegado a enlazar lo que el capitalismo representa en la evolución darwiniana. Un acaecimiento que no conlleva necesariamente que el sujeto que esté representando al capitalismo tenga una patología relacionada con una enfermedad, sino más bien unas improntas en su personalidad, que generalmente están fundamentadas en un trastorno personal de naturaleza narcisista con el que este sujeto está manifestando que su sentido la vida está supeditado a una objetivación sintomáticamente subjetivada; una subjetividad que al estar diferenciándole y diferenciándose de los demás, nada tiene que ver con el amor, con la moralidad, con la empatía, con la cooperación y con la solidaridad. Un sentido de la vida que esta vez, de considerarse realizado con lo que para él mismo representa esta finalidad, constituye una patología psicótica.

A este respecto hemos de señalar que a diferencia de lo que para Darwin representó una evolución con la que se llevaba a cabo un proceso evolutivo de selección en la diversidad; en el que se desarrolla a través de una patología en la que solo se observa un subjetivismo psicótico, constituye una involución. Una involución que a pesar de que constituya un comportamiento que le mantiene vivo y que muere con él; es tan sumamente contagiosa, que el hecho de que tenga que morir, no impide que en esta sociedad se haya convertido en una enfermedad que es compatible con lo que ésta representa. Y son los determinados por esta afección mental, los que en su aberración para acumular más y más riquezas, provocan unas guerras, unas hambrunas y unos atentados al orden institucional, que si para ellos representan el sentido de sus vidas, sus vivencias conllevan el mismo sentido que lo que para Fagin constituía el continuar acumulando, escondiendo y furtivamente contemplando el producto de los robos que habían perpetrado los desdichados que compartían con él lo que representaba el sentido de sus vidas.

Fagin, personaje ficticio de la novela Oliver Twist, de Charles Dickens
Fagin, personaje ficticio de la novela
Oliver Twist, de Charles Dickens

Son los que según Erich Fromm unifican su Ser con su Tener. Los que al contemplarnos como un número, somos algo, que aunque sumen, (debido a la propiedad conmutativa de la suma), pueden ser manejados sin que con ello se altere el resultado; somos dígitos a los que, teniendo en cuenta que lo que esté representando al minuendo siempre será una suma del sustraendo y de la diferencia que exista entre ambos (como la representación de una actividad en la que se está llevando a cabo una sustracción), el que se nos despoje, sólo lo consideran como una operación asépticamente aritmética; una función totalmente compatible con la naturaleza de la resta; como conjunto, somos una magnitud que en el caso de que no sea deseable su multiplicación, sencillamente se puede dividir reduciéndola a un cociente que con respecto a la cuantía que sea preciso atribuirle al resto, no cuestione la significación y la vigencia de aquéllos que puedan hacer uso de las cuatro reglas; somos un resultado en el que la democracia; es decir el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, nunca llegó a existir [3].

A este respecto saco a colación un pasaje de la primera parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado?, en el que diseccionando nuestro comportamiento subjetivo se dice lo siguiente:

con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, y al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándola como algo fusionable”.

Dicho lo cual nos es dable afirmar que el capitalismo se encuentra allende de lo que Darwin consideró como evolución. Y lo está, porque los medios con los que el Capitalismo se reproduce y perpetua, son ajenos a los requisitos que se precisan en lo que conocemos como selección natural. El darwinismo capitalista evoluciona por depredación; utilizando a los demás de una forma consciente; lo cual conlleva que esta utilización no ha como objetivo satisfacer la inmediatez de las necesidades biológicas, sino que como una transustanciación de lo que como deseo se hubiera acaparado, tratar de asegurar lo que como un Tener, tuviera que estar consolidado a lo largo del tiempo.


[1]  Ablación total o parcial de los lóbulos frontales del cerebro.
[2]  Rosal mencionado en el artículo anterior.
[3]  Este último párrafo, relacionado con las cuatro reglas básicas de la aritmética, figura en una serie publicada en este periódico titulada "Esta economía es una distopía" 

 

El darwinismo capitalista (XI)