martes. 21.05.2024
Primer ballet acuático de Madrid
Primer ballet acuático de Madrid

La selección femenina de balonmano adoptó el “guerreras” como apodo y para reflejar el espíritu de lucha en el mejor sentido de la palabra. Sirva como título para este artículo que quiere romper otra lanza por las deportistas de ahora y de antes y recuperar la memoria de aquellas que fueron precursoras y tuvieron que abrirse paso contra viento y machismo y hacerlo en este momento tan trascendente en el que la selección femenina de futbol ha ganado el mundial y sobre todo está ganando la batalla en la lucha por la igualdad.

En pleno franquismo las hubo que se saltaron las consignas del momento, “la mujer en casa con la pata quebrada”, “mejor estarías fregando platos”. Tuvieron los reaños de hacer, o intentar, nada menos que la vida que ilusionaban, se atrevieron a ponerse de corto para ir a los campos de deportes, a las pistas de atletismo; sus mallas para los gimnasios, sus bañadores para las piscinas… Gracias a aquellas, aquí se ha llegado.

En pleno franquismo las hubo que se saltaron las consignas del momento

Y si me lo permiten quería hacerlo partiendo de las más próximas para mí, de mujeres de mi familia que estuvieron en esas lides ya en los años cincuenta. Ustedes perdonarán si presento a algunas de ellas que salen en la foto de lo que fue el primer ballet acuático de Madrid —así se llamaba lo que hoy es natación artística— lo dirigía nada menos que María Aumacellas —la señora de blanco— que había sido antes de la guerra campeona de España de natación y luego entrenadora. Provenía del Canoë, club que luego, tras la guerra, perdió la diéresis para españolizarlo: Canoe

Pero volviendo a las presentaciones, a la izquierda de Aumacellas, según se mira, está mi madre, Maruchi, que también formaba parte del equipo de natación campeón de Castilla de relevos por estilos —Madrid estaba incluido en Castilla antes de las autonomías—. Al otro lado, a la derecha de la entrenadora, mi tía paterna, Mari; luego ella misma sería entrenadora de natación y del equipo de gimnasia deportiva del Real Madrid. Aunque no salga en la foto porque aún era pequeña, su hija Marisa, estuvo luego ese equipo y fue a la Olimpiada de Roma de 1960; se turnaba como campeona de España con Elena Blume, hermana de Joaquín Blume, el que fue campeón del mundo y que había fallecido meses antes en accidente aéreo. Por último, en primera línea a la derecha, mi prima Fisi, también integrante de ese primer ballet. 

En España, desde 1943 hasta 1963 estuvo prohibido el atletismo femenino: “el deporte masculiniza a las mujeres alejándolas de su función natural que es la maternidad”

Margot Moles y otras atletas
Margot Moles y otras atletas

Pero para no limitar a lo “íntimo y personal” quiero recordar algunas anécdotas que lo dicen todo. En España, desde 1943 hasta 1963 estuvo prohibido el atletismo femenino. ¡Veinte años! ¡Veinte años! —denlo por repetido cinco veces, las mismas que Rubiales pronunció el bochornoso “¡No dimito!”— ¡Veinte años! Otra cosa es que claro que hubo mujeres —que son guerreras— que lo practicaron, pero no oficialmente y al margen de la federación sin reconocimiento de los récords oficiales. Aquel disparate vino propiciado porque una atleta de entonces, María Torremadé, había pulverizado varias marcas de atletismo, pero en 1942 cambió de sexo —había nacido con síndrome de Morris condición intersexual que nadie advirtió siendo criada como “niña” y vivió como mujer hasta los 19 años— Cuando la sección femenina tuvo conocimiento lo utilizó como argumento para además de anular los récords prohibir el atletismo femenino. Una circular de 1943 argumentaba que “el deporte masculiniza a las mujeres alejándolas de su función natural que es la maternidad” y que “sólo practicarían los deportes que no perjudicaran su función específica: la maternidad”. Las protestas —las mujeres son guerreras— consiguieron en 1963 levantar la prohibición.

Margot Moles obtuvo record europeos y mundiales, aunque por ser republicana se anularon tras la guerra

Margot y Lucinda Moles
Margot y Lucinda Moles

No me resisto a traer a la memoria atletas del deporte femenino durante la República en la que tuvo un gran auge a través del asociacionismo, por ejemplo, con La Escuela Central de Gimnastica, Ateneo Enciclopédico de Cataluña o la Institución Libre de Enseñanza, en esta última impartían clases de educación física, entre otras, las hermanas MolesLucinda y Margot. Ambas fueron pioneras en alpinismo y esquí, en la Sierra de Guadarrama, en los años veinte y treinta. Margot representó a España en las Olimpiadas de invierno de Berlín. Fue campeona de España en lanzamiento de disco, de peso, en salto de longitud, altura y algunas pruebas de atletismo. Varias de sus marcas, como la de disco, fueron punteras en Europa y también récord mundial de peso y de martillo; mantuvo esta plusmarca durante nada menos que cuarenta años, aunque, por ser republicana, se anularon tras la guerra —curioso concepto de patriotismo el que supone renunciar al récord europeo de una española, que hubiese mantenido en Europa hasta la década de los setenta. También se le impidió seguir dando clase de educación física.

Ya más recientemente son muchas las mujeres de este país a las que debemos, además de sus triunfos, ser referentes para el deporte femenino de base. Edurne Pasaban fue la primera mujer alpinista en el mundo en conseguir subir las cumbres de los catorce ochomiles, Blanca Fernández Ochoa en eslalon; Amaia Belmonte en baloncesto. Durante las jornadas en las que las futbolistas estaban ganando el mundial, María Pérez conseguía medalla de oro en dos pruebas de marcha en atletismo. Sería demasiado largo seguir citando nombres que todos tenemos en mente, que son referentes y han contribuido y contribuyen con su esfuerzo para dar este gran paso en la lucha por la igualdad en nuestra sociedad tan necesitada de que —y también son cinco veces— las mujeres sean guerreras. 

Las mujeres son guerreras