OBITUARIO

Muerte accidental de un sindicalista: In Memoriam de José Ángel Clemente

José Ángel Clemente
José Ángel Clemente

Elpasado viernes, diecinueve de octubre, a mediodía, lo escuchaba debatir con la Subdirectora General de Función Pública en silencio. Pensaba en la dificultad jurídica de algunos de sus planteamientos, pero yo callaba y escuchaba su voz recia, fuerte, convencida de sus argumentos. Siempre me ha sorprendido de José Ángel la fuerza de sus convicciones. Yo, aunque un poco más joven, siempre he visto vallas con concertinas donde él veía cercas de madera fácilmente sorteables. Allí estaba él hablando con la Subdirectora General sobre los ratios de personal de los institutos de enseñanza secundaria, sobre los metros cuadrados asignados a cada limpiadora, sobre bolsas de trabajo, llamamientos y funciones asignadas equivocadamente. Antes habíamos participado en el Grupo de Trabajo sobre la Oferta Pública de Empleo (OPE) de 2018, habíamos bajado a la cantina de Función Pública y él había almorzado, como casi siempre, bacalao rebozado. Por primera vez lo había acompañado en su gusto culinario. José Ángel estaba preocupado por el cariz que estaba tomando la negociación de la OPE, creía que era necesaria una reunión del sindicato para definir criterios comunes. Alrededor, la gente hablaba de su día a día, esta o aquella persona nos saludaba, pero José Ángel me miraba e insistía que había que seguir trabajando, sobre todo machacando hasta que por aburrimiento la otra parte convocara el Grupo de Trabajo de Ratios de los IES.

No he visto persona más convencida de su causa que José Ángel. Trabajaba mañana, tarde e incluso noche. Me llamaba, aunque esta era seguramente una costumbre mutua, a cualquier hora: que si la bolsa de trabajo de los intérpretes de lenguaje de signos, que si el carácter docente o no de los psicopedagogos de la Consejería de Educación que sí la reclasificación profesional de los auxiliares educativos, que si las funciones asignadas a una compañera del Pilar Soubrier... Eso fue el viernes a mediodía. No me dio tiempo de despedirme de él. Salí de la reunión y hablé con otra persona. Cuando regresé se había marchado. Por la tarde, encontré en Facebook la siguiente reflexión de Alfredo Nieto: "Alguien dijo en algún momento?" Cada día que pasa se me cae una certeza..." y ya son pocas las que van quedando". Yo le contesté que "no llegamos a saber cuándo cae la última certeza". Es la certeza de que no somos inmortales pero esta nunca nos es dada a conocer. Nos llega de golpe, como un puñetazo en el rostro que te deja sin sentido y ya no podemos reaccionar.

Este sábado ha fallecido José Ángel. Un estúpido accidente ocurrido el viernes por la tarde se lo llevó. Y ya no sé qué pensar de este mundo y de lo injusto que es. Me gustaría escribir aquí el mayor insulto que puedo dedicar a esta vida injusta que juega con todas las personas y que termina por llevarse a los mejores. José Ángel era uno de ellos. Y yo no sé qué decir ni qué pensar. Solo recordar su voz, su presencia, esa fuerza que le daba a todas las cosas en las que creía y por las que luchaba, esa férrea convicción de lo que era justo e injusto. Fuerza y convicción que no dejaba indiferente a nadie y que era respetada por todo el mundo, incluidos los compañeros y compañeras de su Consejería, de los centros educativos que visitaba y defendía, por la misma Dirección General de Función Pública y Calidad de los Servicios. José Ángel: los compañeros y compañeras de CCOO de tu federación y de la nuestra, todo el sindicato en realidad, te vamos a echar mucho de menos, te echamos de menos ya. Alguien se preguntará la razón, habrá gente que no lo entienda. El difícil de explicar. Ser sindicalista hoy no entraña el riesgo de una carga policial, de una detención, de una muerte accidental, de la cárcel o del destierro, al menos en nuestro país. Y mucha gente tampoco entenderá lo que supone intentar defender los derechos de los trabajadores en este tiempo de vendaval neoliberal y de desprecio colectivo. José Ángel sí lo sabía. Su lucha diaria se prolongaba durante prácticamente todo el día. Visitando centros educativos, asistiendo a reuniones, elaborando documentos, atendiendo al mismo tiempo a compañeros y compañeras.

Termino ya con unos versos de Bertolt Brecht:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. 
Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles".

José Ángel Clemente era de estos últimos: imprescindible. Una muerte estúpida se lo llevó. Subió a arreglar el tejado ante la amenaza de fuertes lluvias, cayó al vació, se golpeó la cabeza. Así de sencillo y trágico. Así hemos perdido a un compañero imprescindible, una muerte que nos deja a todos huérfanos pero asumiendo sus convicciones fuertes y seguras, la de un sindicalista que siempre estuvo con su gente, con los trabajadores y trabajadoras de la Consejería de Educación y de la Administración Regional.

Un fuerte abrazo allá donde te encuentres, compañero,  seguro que con la misma firmeza y convicción que siempre nos demostraste.