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martes. 05.07.2022
Formacion_Empleo

El debate sobre la meritocracia que se ha abierto en España en la última semana es un tema en el que podrían opinar largo y tendido ese millón de emigrantes que salieron tras la crisis del 2009 para trabajar y seguir formándose principalmente en Europa.

La meritocracia no era algo de lo que se hablara en las décadas de los ’50 y ’60 cuando simplemente no se buscaban explicaciones a la falta de futuro para muchos de nuestros compatriotas. Todo ello va unido por el largo hilo que une las injusticias y que nunca desaparecen de una sociedad como la española.

Las experiencias de muchos compatriotas en el exterior se parecen mucho, y tras esos periodos iniciales de aprendizaje del idioma y habituarse al nuevo país y cultura, parece que nuestros nuevos hogares nos abren unas vías de continua formación y promociones que veo que muchos de mis compañeros de facultad en España o antiguos vecinos jamás han disfrutado en su trabajo en España.

…y buscamos soluciones a esta pregunta, y nos dicen que no estamos formados suficiente, o no nos esforzamos, o simplemente no valemos.

Aquellos Erasmus que conocí que venían de Universidades privadas de la capital no dudaban entre quedarse en su destino universitario en Europa a trabajar o volver a su casa… sabían que sus “méritos” ya les iban a abrir camino en su futuro éxito empresarial.

Muchos de aquellos compañeros y compañeras no eran, ni mucho menos, más listos ni más preparados que los que veníamos de la pública, y todos curiosamente podían disfrutar de unas vacaciones sin exámenes en septiembre.

Es difícil ver en la dirección de empresas de nuestro país a gente que estudió en la educación pública.

Aún recuerdo a uno de mis compañeros que, tras acabar la carrera como uno de los primeros de la promoción, con el servicio militar que compaginó con la carrera, y estando listo para el trabajo nada más acabar, lustros después nos tomábamos un café a toda prisa en Barcelona y más allá de las ocho de la tarde volvía a la oficina a seguir trabajando.

Este compañero, ha llegado donde quería llegar, pero la universidad pública donde destacó no le sirvió lo mismo que sirvió a otros los puentes de oro de la privada y ha tenido que demostrar con dos décadas de su vida su capacidad para trabajar al más alto nivel.

Pero la mayoría desiste de esta carrera en la que aparte de ir descalzos encima tienen piedras en el camino.

Los que hemos salido del país hemos visto que, a pesar de que tenemos un camino también mas largo que cubrir, no hay puertas que cierren de par en par tu carrera.

De hecho, las empresas inviertan en sus trabajadores para que sigan formándose facilitando sus futuras promociones, pero más importante, asegurándose trabajadores mas motivados. Aparte de ciertos círculos y ambientes muy elitistas, nos encontramos con muchos directores y directoras que no han necesitado de la educación privada o tener un apellido de esos larguísimos y compuestos… e incluso a veces llegando sin los títulos universitarios que tanto gustan para decidir si eres “de los que valen o no”.

Pero no nos engañamos.

En Reino Unido, por poner un ejemplo que conozco, mi hijo está en esa edad en la que su esfuerzo en los próximos 14 meses le pondrán o bien en la vía del primer trabajo bien pagado y con atajos, o en el camino que esta la mayoría de las jóvenes que han de empezar de cero.

Si van a un colegio privado lo tienen más fácil.

Rebecca Montacute y Carl Cullinane en su estudio para Sutton Trust sobre las diferencias de acceso a la universidad llamado Access to Advantage (Acceso a la Ventaja), en su primer punto establecían que solo 8 escuelas metían a más estudiantes en Oxford o Cambridge que 2,894 escuelas públicas juntas… y sobre el elitismo ya me he explayado en algunos artículos comparando los números de políticos que provienen de una u otra educación.

Pero aun con los Jacob Rees-Mogg o Boris Johnson de turno, es cierto que este país dificulta mucho menos la promoción de aquellas y aquellos que valen, y aun más importante, están más predispuestos a ayudar al progreso dentro de los trabajos a todos los que requieren ayuda.

En los diferentes ministerios e instituciones publicas que he trabajado en mis más de 24 años en Reino Unido he visto muchos apellidos españoles en puestos de dirección y con cierto poder de influencia.

La gran mayoría hubieran sido talentos desaprovechados en nuestro país o hubieron tenido que trabajar en sectores que no son aquellos en los que se prepararon.

Muchos compatriotas que llegan a estudiar en universidades británicas, años después, son los que recogen premios de investigación, dirigen departamentos de lenguas, o están involucrados en los programas mas avanzados de desarrollo de nuevas tecnologías…pero es que en España nunca se le vio su “mérito”.

Cuando los políticos entran a hablar de este “mérito” y se enfangan ellos solos, demuestra que es un aspecto que no quieren que cambie. Muchos están encantados con sus “méritos” y sus apellidos unidos a regímenes dictatoriales, dinastías económicas de la Cuba de Batista, o cayetanos que llevan una Smith and Weston para protegerse.

Muchos estudiantes mediocres que se afiliaron a partidos políticos (si, este es otro atajo), ahora han acabado en puestos de responsabilidad con salarios cinco veces mayores que el salario mínimo. Esta es una forma de asegurarse que quien manda siempre es “uno de ellos o ellas” o al menos es alguien que les ha rendido pleitesía por los lustros suficientes como para ser de fiar.

¿Cuántas españolas y españoles emigrantes volverían si creyeran que los méritos que se han ganado con el trabajo en el exterior y sus nuevos conocimientos adquiridos les asegurara un trabajo hasta la jubilación?

El mérito una vez llegas a territorio español vuelve siempre a unirse a privilegios y enchufes.

La meritocracia en España