Manifestación contra la ola reaccionaria
“Se empieza por el olvido y se acaba por la indiferencia”.
Memoria Histórica. José Saramago (1922-2010):
“Todo recuerdo es el presente, todo lo que se ha vivido existe ahora”. Vivimos siempre en el pasado. Novalis (Georg Philipp Friedrich von Hardenberg 1772-1802).
"La sífilis es evitable, el capitalismo todavía no". Pepe Mujica, en la segunda entrevista de Jordi Évole al expresidente uruguayo (2015).
El viejo desperdicio de la pena,
tan opaco y radiante al mismo tiempo,
nos va reconociendo con su hocico
y nos lame las manos con su lengua
y se acurruca manso a nuestro lado:
conoce palmo a palmo
el territorio.
Sus lágrimas nos lavan con modestia,
mientras el animal nos sigue terco,
con la amable seguridad
que da el abismo.
Francisca Aguirre, 2007, del libro nanas para dormir desperdicios.
CONCEPTO DE EMPATRIA
La idea de empatría me invita a definir el amor a España por un sentido de pertenencia basado en el interés por la calidad de vida de los españoles, su igualdad, la calidad de su educación y su sanidad públicas, el respeto a los cuidados de vivir en comunidad, la solidez de sus derechos cívicos y laborales. Y me resulta muy extraño que se declaren nacionalistas y patriotas los que se dedican a evadir riquezas a paraísos fiscales, bajar impuestos equilibradores y degradar los servicios públicos y la igualdad de la ciudadanía.
(Luis García Montero)
Estimadas/os compañeras/os:
¿Qué tal el verano? Espero que todos hayáis tenido un descanso reparador y una estupenda manera fructífera de aprovechar este tiempo de asueto. Es muy manido, casi un modismo, o expresión idiomática, ya repetitiva, reiterativa que siempre reza así: “hay que recargar las pilas, porque nos espera un otoño caliente”. Esperemos que este otoño no sea caliente, por la acción negativa del cambio climático.
Como siempre otra cuestión es el contexto político, social y económico que nos depare ese tiempo cercano, que acecha a la vuelta de la esquina. Yo considero que vamos a ser lo suficientemente maduros y eficaces para torearlo “a puerta gayola”.
Este verano han acontecido hechos y circunstancias graves – no quiero excederme en mis calificativos -, que de alguna manera son un aviso del deterioro de la calidad de nuestra Democracia. Una especie de aviso a navegantes de futuras adversidades que amenazan socavar nuestros principios de una cultura o discurso político alternativo. Esa cultura de izquierda siempre confrontada con el adversario. Gramsci y Berlinguer hacían mucho hincapié en este concepto. Asimismo, el maestro y emérito Pepe Mujica, reflexionó acertadamente, sobre este hecho importantísimo. Decía, el compañero Pepe, que no bastaba con realizar cambios radicales en la distribución de la riqueza, los mecanismos de la propiedad de los medios de producción o de distribución de los bienes y servicios; sino que es preciso batirse, de forma denodada en la confrontación de la cultura política. Para él era trascendental hacer triunfar los valores democráticos, progresistas y de izquierda, de tal forma que superen la cultura del capital. “La sífilis es evitable, el capitalismo todavía no".
Es claro pues, que no son los mismos los paradigmas de Gobierno, Poder y Ética Pública. Uno puede, democráticamente, obtener legítimamente el Gobierno, pero carecer del Poder, que se asienta sobre la impregnación de una gran parte del cuerpo de la población de una ética política democrática e izquierdista, que contrarreste, eficazmente, los privilegios pérfidos de llevar a la práctica su voluntad insolidaria.
Los cambios debemos mostrarlos hechos vida, comportamientos y actitudes de una cultura de la cooperación, tolerancia, solidaridad y horizonte utópico redistributivo que diferencia a la izquierda de planteamientos adversarios, o claramente enemigos y deletéreos; obviamente me refiero a la Derecha y a las peligrosas propuestas populistas, reaccionarias y, en ocasiones, manifiestamente nazi-fascistas. Este discurso democrático y antifascista – en amplio sentido de la palabra -, permeaba todo un mundo cultural hace menos de un siglo (final de la II Guerra Mundial), de tal forma que constituía un consenso social muy amplio. Yo, con mis sesenta y seis años he conocido y padecido estas transformaciones nefastas para mi clase social. Por tanto, a pesar de considerar los avatares políticos, o de cualquier otra naturaleza, hago mías las culpas; en algo he debido proceder mal. Lo siento, “mañana lo haré mejor”. Disculpadme compañeras, compañeros.
Dicha cultura democrática, plena de valores humanistas y progresistas ha sido, poco a poco, degradada desde mediados de los años ochenta hasta nuestros días, de tal forma y manera, que en esta coyuntura histórica predominan perversas “culturas” insolidarias, xenófobas, de falsas premisas, bulos, individualismos egoístas, racistas y de un neodarwinismo social y económico detestable y maligno. Sería prolijo y abstruso debatir, en esta carta, que intenta contener una propuesta concreta, para su debate y consideración, si procediere; el conjunto heterogéneo de malestares antropológicos que expliquen este fenómeno. Estimo que, en este momento histórico – no me gustaría enfatizar demasiado -, entre los miembros de la sociedad civil democrática y antifascista, tiene, necesariamente, que debatirse como un imperativo ineludible la oportunidad de una respuesta en forma de reacción pacífica- una manifestación unitaria -, ante la ola reaccionaria, violenta, ultraderechista e incluso manifiestamente fascista. La pregunta pertinente que os remito es la siguiente: ¿creéis que sería conveniente, al final del verano, la iniciativa de organizar una manifestación unitaria, sin banderas partidistas, de todos los demócratas para protestar, demostrando unidad y rechazo a esta deriva totalitaria en forma de ola racista, clasista, violenta, ultraderechista o declaradamente fascista? ¿Lo considerarías necesario, como una reacción democrática justificada?
Se trataría de negociar todos los aspectos de este acto unitario. Inicialmente no deberíamos excluir a ningún partido democrático; Partido Popular incluido. Aunque su vinculación tanto institucional y, desgraciadamente, también ideológica con VOX- me refiero al ultraderechista y xenófobo partido legal; no al Diccionario Latín-Español; Español-Latín-, no creo que aceptaría la propuesta democrática unitaria. A mi juicio, ni está ni se les espera.
En mi criterio debe negociarse el lema de la manifestación, la cartelería, el manifiesto, y la lectura del mismo por alguna personalidad pública independiente. Lo ideal sería no portar banderas de cada una de las organizaciones convocantes, con sólo una excepción: las banderas nacionales de los inmigrantes, o de minorías que sufren acoso racista autocrático. Estoy pensando, por ejemplo, en el pueblo gitano, el colectivo LGTBI+, banderas palestinas, etcétera.
En otro orden de cuestiones y alrededor de las banderas de los Estados: ¿por qué nuestros ciudadanos no llevan la bandera constitucional española? Yo sé que es una cuestión cultural, hasta ideológica; pero estamos dejando esos símbolos de todos, en las exclusivas manos de la Derecha Extrema y de la Extrema derecha.
Aprobamos, en su día la Constitución, con fe, con convicción. Yo sé que ésta no está escrita en piedra, y va siendo hora de renovarla en aspectos decisivos e importantes, buscando siempre el más amplio de los consensos posibles. En los vitales momentos de lo que conocemos como Transición, comprendimos, yo creo que acertadamente, que nuestros objetivos básicos encontraban su asiento y su oportunidad, después de tanto tiempo postergados. El coste fue inconmensurable, muy alto. Según la investigadora Sophie Baby puede documentarse la evidencia, entre noviembre de 1975 y diciembre de 1982 lo siguiente: fueron 714 víctimas asesinadas por actos violentos perpetrados por los Cuerpos Policiales, incluida la Brigada Político-Social y bandas incontroladas de fascistas (italianos, argentinos y españoles), que campaban a sus anchas sin control alguno de la Policía, además de provocar 3.200 heridos. Más bien fue una sangría propiciada por los liberticidas, tanto miembros de las Fuerzas de Seguridad Públicas, como de ultraderechistas de todo pelaje y condición que “auxiliaban” a estas en la represión. Todas estas maniobras ignominiosas se parecen mucho al principio de propaganda número 11- salvadas las distancias contextuales e históricas -, enunciado por Goebbels. Se trata del denominado principio de unanimidad: llegar a conseguir que mucha gente piense "como todo el mundo", creando una falsa sensación de consenso generalizado artificialmente. ¿Cuántas veces hemos oído, hasta la náusea, la afirmación de la ejemplaridad sublime, la modélica tolerancia política y el pacífico desenvolvimiento de tan complicado proceso político de "Evolución" o "Transición"?
No podemos olvidar el necesario e ineludible reconocimiento de las víctimas de la banda terrorista ETA: 853 asesinatos, 2.632 heridos, 86 secuestros y unas 7.000 personas que sufrieron su acoso, amenaza y actividad delictiva; entre 1968 y 2011. Todo ello, generó, más si cabe, dificultades, angustias, miedo y terror a todo este proceso conocido con el nombre de la Transición y, desafortunadamente, se extendió más allá de su final histórico e institucional, con consecuencias muy graves para la Democracia, y la vida político-social de este país.
Memoria, Paz, Verdad, Justicia y Reparación para todos.
¿Qué os parece la idea de celebrar una manifestación? ¿La consideráis viable? Hay que tener en cuenta que las coaliciones electorales son difíciles y complejas; pero no imposibles. ¡Os imagináis una muchedumbre de demócratas, afirmando que estamos aquí, puesto que “vivimos, anunciamos algo nuevo!”. Todos juntos, al unísono, en la calle, a golpe de esperanza y esfuerzo unitario. Vocear, juntos, que no queremos ningún retroceso en la calidad de la Democracia que hemos traído entre todos. Un acto de reafirmación en nuestras señas de identidad. ¡Qué hermoso verse rodeado de demócratas, una verdadera fiesta!
Véase el caso del Frente Amplio Uruguayo. Se constituyó en 1971, con la candidatura unitaria para la elección de un Presidente de la República, teniendo como candidato al General Líber Seregni, que obtuvo el 18,3 % de los votos escrutados. Se comienza poco a poco, con la fe veterana en la UNIDAD de las fuerzas políticas del espectro de la izquierda y, ¿por qué no?, del centro-izquierda. Nos jugamos mucho en este envite. No podemos permitirnos más fallos, como decía el poeta Mario Benedetti: “Deberemos de ponernos brevemente de acuerdo/…/Como si Marx quisiera bailar el mozambique (1) /o fueran abolidas todas las soledades/”.
Basta de impulsos autodestructivos, de esa enfermedad que padecemos: una especie de indefensión aprendida. Necesitamos generosidad, lealtad, proposiciones pegadas al suelo sin grandes pretensiones iniciales; un asunto, incluso, de supervivencia política, de evitar lo que pudiera ser una inoperancia operativa, una irrelevancia política directamente relacionada con nuestra dispersión electoral y la desafección, el cansancio, la apatía del votante potencial del progresismo sociológico.
Ese es el reto, esa es nuestra responsabilidad. No se trata de ponernos dramáticos, sino de defender la alegría, nuestra alegría. No pedir a nadie, que se despoje de sus horizontes utópicos. Vamos, a por ello, con esperanza, con convencimiento. Con la certidumbre de que, como Gloria Fuertes decía: necesitamos poetas, ciudadanos, amigos de guardia. Es mucho lo que está en juego; no podemos fallar a la ciudadanía progresista. Es una necesidad imperiosa que interpela a las organizaciones de izquierda y de centro-izquierda. Realizo esta propuesta con toda la humildad y respeto.
Muchas gracias, por la atención de todos. Abramos un debate sereno, sosegado, templado, coherente y lleno de sentido común. Un saludo cordial.
(1) Se trata de un tipo de baile afrocubano.