Lunes 17.06.2019

¿Porqué negociar con el malo de la película?

Hannibal Lecter.
Hannibal Lecter.

Animo a formadores y alumnos en mediación a que trabajen la figura del “malo de la película” porque os ayudará a comprender muchas veces el porqué del éxito o el fracaso de una mediación

Desde hace ya muchos años, cuando en nuestra formación a los futuros mediadores, trabajamos la llamada “negociación asistida”, me gusta recordar un juego de palabras que me enseño mi buen amigo Josemi Valle, para crear conciencia de las enormes dificultades que nos podemos encontrar en nuestras mediaciones. Para que de “las cenizas del conflicto”, surja la posibilidad del entendimiento y la creación de un espacio nuevo, donde la palabra sin matices, sea la protagonista del encuentro con los mediados, sin la existencia de amenazas veladas o la mala fe, hace que nos cuestionemos en más de una ocasión… ¡Porqué negociar con el enemigo!

Rápidamente una vez analizamos que la mediación es comunicación, es diálogo, es entendimiento, en traducción de mensajes, es reconocimiento del otro, es vía de solución, es en definitiva respetar aunque no compartas… Me vienen a la cabeza una serie de frases aprendidas en el día a día de nuestras “casas”: “sé consciente que un minuto hablando puede resolver una vida”, “es necesario contar hasta 10 antes de decidir” o “los trapos sucios hay que lavarlos en casa”. De todas ellas se aprende.

Pues bien, analizado lo que puede ser una negociación, me parece muy importante llevar al alumno a las distintas características que pueden surgir y para las que los mediadores tenemos que estar preparados. Les pido que me enumeren un número indeterminado de los que llamamos “malos de película”, aquellos que recuerden actuales o de su infancia que puedan considerar “malos”. Hay que tener en cuenta que el llamado “malo de película” es aquél que etiquetamos a una persona en una situación cotidiana, pero que en este caso me gusta llevar al terreno de la “acción” del cine. En las películas, siempre hay un personaje bueno (el héroe), que suele tener todas la virtudes humanas que uno deseara para sí, y el contrario, el personaje malo (el antihéroe), malvado por naturaleza y despreciado por todos que, seguramente, será aquél que al final de la película muere o es encarcelado por su irascibilidad, obstinación o más allá en su actitud.

Por eso tenemos que aprender a saber cómo negociar, cómo mediar, con aquel que cada parte llama “el malo de la película”, algo así como negociar con el diablo.

Rápidamente surgen nombres múltiples que los alumnos según su edad, recuerdan y que a modo de ejemplo menciono:

  • Cruella DeVille en 101 dálmatas
  • Darth Vader en la Guerra de las Galaxias
  • Catherine Tramell en Instinto Básico
  • Hannibal Lecter en el Silencio de los Corderos
  • Joker en Batman
  • Norman Bates en Psicósis
  • La Madrastra de Blancanieves
  • El León Scar en el Rey León
  • Don Vito Corleone - 'El Padrino' 
  • Voldemort - 'Harry Potter y las reliquias de la muerte'

Todos son personajes que fueron creados para ser “los malos de las películas”, pero seguidamente les pido que intenten definir con un adjetivo a dichos personajes… algo así como:

1.- Cruella Deville: instinto asesino

2.- Darth Vader: oscuro, impredecible

3.- Catherine Tramell: manipuladora

4.- Hannibal Lecter: muy inteligente

5.- Joker: Locura, istriónico

6.- Norman Bates: Bipolaridad

7.- La madrastra: narcisista

8.- Scar: Celoso

9.- Don Vito: mafioso

10.- Voldemort: espíritu maligno

Y la lista de malos así como de adjetivos seguro que se multiplicarían una y otra vez y los adjetivos dependerían de las propias percepciones de cada uno… ¿Y porqué este ejercicio?

Me interesa porque en nuestra formación debemos ser conscientes muchas veces del perfil de los negociadores, y “ponerles cara” para determinar nuestras estrategias y ser conscientes muchas veces de sus y nuestra limitaciones. ¿Cuántas veces no nos habremos encontrado con una Cruella Deville en nuestro día a día?, ¿y un Joker que nos sabemos por donde nos va a salir?. Poner cara al malo, a los malos, nos permite trabajar cuál será nuestra estrategia porque “debemos dejar que se peleen las palabras… no las personas” (Valle).

De igual forma tenemos que preguntarnos, ¿todo es negociable?, ¿en todas las ocasiones?, ¿con todo tipo de personas?... y si fuera necesario llegar a un acuerdo con quien representa la maldad más absoluta ¿estaríamos legitimados para hacerlo?, en mediación pienso que no… ¿y fuera de ella en una mera negociación?.

Baste el ejemplo de “El silencio de los corderos” (1991). En esta película el FBI busca a un asesino que mata a sus víctimas, todas ellas adolescentes. Para poder atraparlo han contactado con Clarice Starling, una brillante licenciada universitaria, experta en conductas psicópatas que aspira a formar parte del FBI. Siguiendo las instrucciones de su jefe, Clarice visita periódicamente la cárcel donde el gobierno mantiene encerrado a Hanibal Lecter, un psicoanalista dotado de una inteligencia superior a la normal… ”la negociadora verá limitada sus capacidades al detectar el nivel de inteligencia del asesino…”

Como muestra bien vale esta mención y termino animando a formadores y alumnos en mediación a que trabajen la figura del “malo de la película” porque os ayudará a comprender muchas veces el porque del éxito o el fracaso de una mediación.

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