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miércoles 25/5/22
ENTREVISTA

Macarena Gelman: "No hay nada más perverso que la figura del desaparecido"

Macarena Gelman, la nieta de Juan Gelman, ha vivido 23 años sin conocer su verdadera historia: sus padres, desparecidos en 1976, y un abuelo que la ha buscado toda su vida. El poeta y su nieta se juntaron por primera vez en España para la entrega del Cervantes que recibió su abuelo.
AGNESE MARRA / NUEVATRIBUNA.ES - 20.10.2008


Después de 30 años de búsqueda, Juan Gelman ha podido reconocer en los ojos de su nieta, el color verde gris de la mirada de su hijo Marcelo, desaparecido en Buenos Aires en 1976. Esa pregunta que se hacía el poeta y que dejó impresa en la “Carta a mi nieto” que escribió en 1995, cuando todavía no había dado con ella. Veinte años de misterios, de indagaciones, de porqués, ‘dóndes’, ‘cuándos’, que no obtenían respuesta.

Hoy, el poeta, último Premio Cervantes, ha resuelto muchas de sus dudas. Tiene el amor y el cariño de Macarena, la nieta tan buscada, tan querida y sobre todo, tan necesitada. Hoy, Gelman puede reconocer en ella a su hijo y ella en él a su padre, porque ambos, como rezaba su carta, son huérfanos de él. La madre y nuera de Gelman, fue secuestrada cuando estaba embarazada de siete meses.

La infancia feliz de Macarena nunca le había hecho sospechar del torbellino de emociones que la esperaba poco después de cumplir 23 años. “De chica fui una niña muy feliz, lo único extraño es que mis padres eran bastante mayores, pero no me importaba, recibí mucho cariño”. Vivía en el barrio de Punta Carretas, una zona bien de Montevideo. Fue allí donde se la encontraron sus padres adoptivos: “Me dejaron en una canastita en la puerta de su casa, con una nota que decía que había nacido el 1 de noviembre. Por eso celebro mi cumpleaños en esa fecha, es la única referencia que tengo”, dice con una sonrisa.

Macarena es fuerte, tiene un rostro dulce y mirada alegre. Responde tranquila a las preguntas más íntimas que se le pueden hacer a alguien: sus orígenes. En su caso, orígenes tergiversados durante mucho tiempo. Hace 8 años que conoce su historia, su verdadera historia: “Una vez me preguntaron si prefería no haberme enterado, y eso jamás. Para mí la verdad es lo más importante que hay en el mundo. Sin verdad no hay justicia, es algo indivisible”, sentencia con seguridad y eleva el tono de la voz suave que mantiene durante la conversación.

La verdad se remonta a 1976. Era el 24 de agosto de ese año cuando Marcelo Ariel Gelman y Claudia García Iorutetagoyena, fueron secuestrados por el Ejército argentino. Claudia estaba embarazada de siete meses. Tras su detención clandestina fue llevada a Montevideo en el marco de Plan Cóndor para dar a luz en el Hospital Militar de la capital uruguaya. Marcelo Gelman ya había sido asesinado. Un tiro en la nuca disparado a medio metro de distancia. Sus restos se metieron en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron con cemento y arena para arrojarlo al Río San Fernando. Claudia García, sigue desaparecida.

Fue en 1978 cuando Gelman pudo confirmar que su nieta había nacido. El padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, se lo confirmó. Desde entonces el poeta dedicó su vida a encontrar a su descendencia. “Para mí es muy importante señalar el trabajo tan minucioso y valioso de mi abuelo. Él no quiere reconocimiento, pero yo necesito recordarlo, que se sepa lo bien que hizo las cosas, la delicadeza y la ternura que tuvo en todo momento”, dice Macarena con sus ojos visiblemente emocionados, en un rostro que se torna más serio.


Sus investigaciones

Macarena descubrió a su nueva familia a los 23 años. Estudiaba bioquímica y tenía una vida normal, salía con sus amigos, tenía sus hobbies: “lo que hace cualquier chica de esa edad”, aclara.

Pero un día su madre adoptiva le dijo que tenían que hablar, tenía que contarle algo importante: “Me contó todo de una vez. Primero me explicó que era adoptada, algo que nunca imaginé, y después me dijo que había un hombre argentino que estaba seguro de que era mi abuelo”. Shock, es la palabra que más repite cuando se le pregunta por su reacción: “En ningún momento me deprimí, tuve que ponerme a tomar decisiones y no podía pensar mucho. Empecé a sentirme en permanente estado de alerta, todavía me siento así”, cuenta con humor.

Una de sus primeras decisiones fue indagar sobre el pasado de su padre adoptivo, ex policía uruguayo, que había fallecido un año antes de que conociera la verdad. “Tengo documentación que certifica que dejó la Policía en 1975 y que no tuvo nada que ver con la Dictadura uruguaya”, explica. Esa deuda pendiente la tenía que resolver.

Por suerte, Macarena no fue uno de los muchos hijos de desaparecidos que fueron criados por militares o policías que estaban involucrados en la muerte de sus verdaderos padres. Ese inmenso dolor se lo pudo evitar. “Cuando averigüé todo eso sentí mucha tranquilidad. Mi madre adoptiva siempre se ha portado muy bien conmigo, me ha apoyado en mis investigaciones, dándome cariño. Incluso aceptó con normalidad que decidiera cambiar mis apellidos. Ha sido una gran compañía, siempre en silencio, pero a mi lado”.


El primer encuentro

Al mes de enterarse de la noticia, Macarena Gelman conocía a su abuelo. Le cuesta hablar del primer encuentro, asegura que hay partes que confunde, que la memoria le traiciona. Fue el 31 de marzo del 2000. Montevideo. Por la mañana. Decidió ir ella sola, pero no consigue recordar cuál era el nombre del lugar donde se vieron.

Allí la esperaba Juan Gelman junto a su esposa Mara La Madrid, fiel compañera de su búsqueda. “Estábamos muy nerviosos, éramos dos extraños, él me miraba con tanta ternura, es tan dulce” dice refiriéndose a su abuelo. Ya no cuenta nada más. Aclara que en la primera reunión hablaron de hacerse los análisis de sangre para comprobar la identidad. Parte de las pruebas se las hizo en Montevideo y otra parte en Buenos Aires.

Pasaron casi seis meses hasta tener los resultados. Durante ese tiempo comenzó a conocer a su familia paterna y materna: “Yo me propuse que todo se hiciera de la forma más natural posible, que todo surgiera con comodidad, ya era la situación complicada como para intentar forzarse”. Tampoco encuentra palabras para describir cómo se fue forjando la relación. Quizás los periodistas pensamos que hay palabras para hacerlo. Sus gestos bastan.

Macarena intenta responder, pero le salen las cejas fruncidas, la mirada ausente y una media sonrisa que no sabe si salir o esconderse. Después de resoplar un poco termina afirmando: “Lo más lindo de nuestros primeros encuentros fue la fuerza que poníamos para que las cosas salieran bien. De esa fuerza y esas ganas no me puedo olvidar. Yo siempre dije que habíamos perdido demasiado como para seguir perdiendo”.

Los lazos ya estaban hechos y para colmar la alegría llegaron los resultados de la analítica, un 99% de parentesco: “Menos mal que fueron positivos los análisis porque si no hubiera sido un drama”, dice con un humor negro que la caracteriza.

Desde entonces la vida de Macarena ha cambiado completamente. Conocer a su nueva familia, poner en marcha procesos judiciales para conocer el paradero de su madre y lo más importante, dibujar el mapa del árbol genealógico más cercano, el de sus padres: “Se me hace raro pensar que yo ya soy mayor que ellos cuando murieron. Gracias a sus amigos, a las historias que me han contado, anécdotas, he ido pudiendo imaginar cómo eran”.

Tampoco habla más sobre ese tema, no es necesario. Esta chica, mejor dicho esta imponente mujer, ha tenido que pelearse con su pasado, enfrentarse a fantasmas desconocidos y recolocar sus sentimientos uno por uno. Todo un trabajo. “Esta historia me ocupa prácticamente toda mi vida”. Sigue estudiando bioquímica, “todos los años me presento a alguna asignatura, pero me ha sido difícil mantener una regularidad”.


Deudas pendientes

Ahora tiene un gran trabajo pendiente, lleva años con ello, pero sin conseguir frutos: encontrar los restos de su madre. El pasado mes de febrero Macarena Gelman se presentó ante la Justicia uruguaya para reabrir el caso de Claudia García Iorutetagoyena, su madre. “Decidí recurrir después de haber pasado todas las instancias judiciales y no haber conseguido nada”. Tiene esperanzas y recalca que cualquier mínimo dato podría llegar a ser importantísimo.

La ley de Impunidad vigente en Uruguay, ha mantenido a todos los verdugos en la calle, donde impera un silencio escalofriante. En Argentina la equivalente Ley del Punto Final ya está desestimada: “En Uruguay todo va más lento, forma parte de la idiosincrasia del país, pero creo que pronto esta ley se vendrá abajo”.

La memoria es un plato duro de digerir tras una dictadura, pero el dolor recae sin piedad generación tras generación. “Es fundamental que se conozca lo que pasó, no hay nada más perverso que la figura del desaparecido”. La ausencia presente de la que habla su abuelo, Juan Gelman. “Es importante rescatar lo humano que queda de una dictadura, no es sólo el sufrimiento de los hijos de desaparecidos o de presos políticos, también el dolor de los que tuvieron padres militares, torturadores. Todos necesitamos encontrar nuestro lugar. Yo sólo pido que me den la oportunidad de opinar, la oportunidad de conocer”.

Macarena Gelman: "No hay nada más perverso que la figura del desaparecido"
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