viernes 10.07.2020
AYUNTAMIENTO DE MADRID

Lissavetzky acusa a Botella de aplicar el sistema de subasta a la educación infantil

En el último pliego presentado, la oferta económica pesa un 45% mientras que el proyecto educativo se reduce al 33%.

Lissavetzky acusa a Botella de aplicar el sistema de subasta a la educación infantil

El Ayuntamiento de Madrid ha cambiado de forma rotunda la contratación de equipos para las escuelas infantiles otorgando prioridad absoluta al criterio económico muy por encima de la atención a los niños. “Están introduciendo criterios de subasta en algo que no se debe, la educación de 0 a 3 años”, destacó el portavoz municipal socialista, Jaime Lissavetzky, al comprobar que sus temores sobre el rumbo que el equipo de Gobierno imponía a  las escuelas infantiles se cumplen. Así ha ocurrido, ha denunciado Lissavetzky, con las condiciones del nuevo pliego para la gestión de la escuela La Caracola, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, donde, además de la pérdida de calidad pedagógica, numerosos niños de o a 3 años podrían ser expulsados por no poder atender a las cuotas. “Ana Botella ha perdido su alma social”, ha subrayado.

Los criterios en la contratación de equipos para las escuelas infantiles suponen una ruptura de concepto. Hasta la fecha se había optado por empresas de la Economía Social, como cooperativas de profesores, con proyectos educativos de calidad. Sin embargo, los últimos movimientos del equipo de Ana Botella han otorgado a la oferta económica mucho más peso a la hora de conceder la gestión de las escuelas a una empresa u otra. Esta exigencia ha causado alarma por cuanto las escuelas públicas infantiles cubren en estos momentos las carencias económicas de numerosas familias. Por ejemplo, en La Caracola, el criterio social permite que el 50% de los alumnos paguen las cuotas mínimas y, pese a la falta de ayudas, que el 30% dispongan de becas de comedor. “Las escuelas están paliando el hambre”, declaró la directora de la cooperativa Globo Rojo que dirige este centro.

La Caracola es una de las 18 escuelas infantiles, de las 55 del Ayuntamiento de Madrid, cuyo contrato de gestión se hallaba en el limbo. El Ejecutivo de Ana Botella tenía dos opciones: prorrogar un año más los contratos, manteniendo los actuales proyectos educativos; o licitar un nuevo concurso. Contrariamente a la opinión de padres y profesores, que cuentan con el respaldo de 12.000 firmas, se ha optado por lo segundo, tal y como refleja la publicación de los pliegos de La Caracola, a la que -sospecha el portavoz del PSOE- seguirán otros. Además, la decisión llega cuando el plazo de matriculación se ha cerrado.

Lissavetzky ha declarado su apoyo rotundo a las iniciativas que tomen los padres y profesores afectados por esta decisión del Consistorio. Según ha explicado el criterio de los nuevos pliegos concede un 45% de la puntuación al proyecto económico, frente al 40% que se pidió en la convocatoria anterior.  El peso del proyecto educativo se reduce al 33% y la aportación municipal cae un 49%. De esta manera, se rebaja un 18% el coste mensual de cada plaza por escolaridad, comedor y ampliación de jornada. “Todo ello hará imposible mantener el tipo de atención que se prestaba hasta el momento”, concluye el portavoz del PSOE.

Lissavetzky ha reiterado esta mañana a los representantes de los padres y educadores  de las escuelas infantiles afectadas por el cambio, con las que se ha reunido esta mañana, su respaldo por cuanto representan un modelo de Economía Social que tiene como objetivo el desarrollo de los niños en edades claves para la construcción de la personalidad. Recordó que este modelo lo inició él mismo hace 25 años durante su etapa de consejero de Educación en la Comunidad de Madrid y se ha demostrado como “extraordinariamente exitoso”.

Sentido común

El portavoz socialista ha lamentado la insensibilidad de la alcaldesa ante un problema que podría haberse resuelto simplemente “desde el sentido común”. De hecho, Lissavetzky escribió el pasado 12 de mayo a la alcaldesa una carta en la que  pedía  prorrogara un año más del contrato a los equipos actuales que, además cuentan con el respaldo de los padres, “pero ni siquiera se ha dignado a contestar”. “Y ha  cambiado los contratos a un año de las elecciones municipales, con lo cual está hipotecando las decisiones del nuevo equipo que gobierne la ciudad”, ha añadido.

El cambio en el criterio de contratación tendrá consecuencias que van más allá de lo pedagógico. Las escuelas infantiles acogen a niños cuyas familias afrontan penurias económicas al borde de la subsistencia. “No quiero dramatizar, pero para algunos niños venir a la escuela es la posibilidad de tomar una comida nutritiva y tener un estancia caliente. En las escuelas es donde se ve realmente el drama social”, declaró conmovida la directora de La Caracola.

“Botella dedica uno de cada tres euros de los madrileños a pagar la deuda. Podría negociar con los bancos la prórroga del pago de deuda en lugar de imponer condiciones imposibles a los madrileños en algo tan sensible como la educación pública”, apuntó el portavoz municipal.

Lissavetzky acusa a Botella de aplicar el sistema de subasta a la educación infantil
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