martes 25/1/22

Las mujeres cada vez estamos más presentes en la vida pública: en el gobierno, en el deporte, en la economía, etc. Sin embargo, este hecho no se refleja en el lenguaje, puesto que seguimos usando el masculino genérico, englobando con esta denominación a hombres y mujeres, en lugar de hacerlo al revés.

La RAE nos dice al respecto que en español el masculino es el género no marcado, es decir, el que da sentido más general. La Gramática explica que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos», como es el caso del león que es un animal cuyo hábitat hay que proteger. Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones» y nos ofrece principalmente dos motivos en defensa de este masculino genérico:

La economía lingüística: se considera que las alternativas, como desdoblar cada apelación en dos géneros, son un circunloquio innecesario la mayor parte de las veces.

La concordancia gramatical: ante soluciones como el desdoblamiento sistemático, pasaría a ser mucho más complicada.

Sin embargo, el masculino genérico es una forma de transmisión patriarcal en la que vivimos. A partir de este momento, vamos a desmontar estos argumentos.

En un primer lugar, al decir que el masculino genérico incluye tanto al masculino como al femenino, nos quedamos con la siguiente ecuación: M= m+f; M= 1+0. De esta manera tan gráfica vemos como el lenguaje invisibiliza a lo femenino, otorgándole el valor 0.

Desde la psicología, el lenguaje va mucho más allá, ya que al hablar se nos evocan imágenes en el cerebro; os invito a hacer el siguiente experimento, lean las siguientes palabras: Canario, alumno, roscas…; estoy segura que a cada persona se le habrán venido a la cabeza imágenes distintas; por ejemplo, estoy segura que al hablar de canario habrá quien piense en un hombre oriundo de las Islas Canarias, habrá quien piense que es un ave. De esta manera, si hablamos de alumno, ministro, médico, profesor, los asistentes, etc., lo que se nos viene a la cabeza es la imagen en masculino de cada una de los personajes citados.

Desde el propio lenguaje, podemos decir que se usa para la expresión de nuestros valores personales; de ahí que, si usamos el masculino genérico, en realidad lo que estamos haciendo no es solo transmitir, sino perpetuar actitudes machistas; que se engrandecen con los chistes sexistas o expresiones como: las mujeres son muy sensibleras, las niñas maduran antes, etc.

Por último, el lenguaje es una forma de transmisión de la cultura/valores/formas de comportarse a lo largo de la historia. Fijémenos en los cuentos tradicionales: Cenicienta, Blancanieves, Caperucita Roja, …, en la que el hombre aparece como el salvador de una mujer que está en una situación de vulnerabilidad. Cada vez contamos estos cuentos a nuestra gente menuda, estamos metiendo en su subconsciente que el hombre ha de ser rudo y la mujer débil que necesita de su protección, lo que sin querer hace que generemos el caldo de cultivo de relaciones desiguales.

Todas estas razones (seguramente alguna se me queda en el tintero), hacen que sea una gran defensora del lenguaje igualitario: lenguaje en el que todas las personas estemos visibilizadas, representadas, se nos trate de igual manera. Creo que es el primer paso para la eliminación de una sociedad machista, patriarcal. De ahí que animo a que seamos conscientes de nuestra forma de hablar para crear una sociedad más justa y libre de sesgos de género.

Lenguaje y Género