domingo 28/2/21

La Orden del Temple

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Se le llamaba la Orden del Templo y sus miembros son conocidos como caballeros templarios. Fue la Orden militar cristiana más poderosa en la Edad Media. Se mantuvo activa durante algo menos de dos siglos.

INICIOS

Nos situamos entre finales del siglo XI e inicios del siglo XII, cuando empiezan a ser controladas las invasiones musulmanas y vikingas, bien por vía militar, bien por asentamiento. Comienza en la Europa occidental una etapa expansiva. Aumentó la producción agraria y en consecuencia el crecimiento de la población. Asimismo, el comercio experimentó un nuevo renacer, al igual que las ciudades, desarrollándose los medios de comunicación terrestres y marítimos.

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La autoridad religiosa, matriz común en toda Europa y única visible en los siglos anteriores, había logrado introducir en el belicoso mundo medieval ideas como la paz de Dios o la tregua de Dios, que dirigían el ideal de caballería hacia la defensa de los débiles.

Existía un arraigado y exacerbado sentimiento religioso que se manifestaba en las peregrinaciones a los lugares santos, habituales en la época. A principios del siglo XI, Roma fue paulatinamente sustituido, como lugar tradicional de peregrinación, por Santiago de Compostela y Jerusalén.

Estos nuevos destinos no estaban exentos de peligros y obstáculos, como salteadores de caminos o los fuertes tributos que se hacían pagar a los señores locales. El sentimiento religioso, unido a la esperanza de aventuras y fabulosas riquezas en Oriente, sedujo a muchos peregrinos.

El Papa Urbano continuó con las reformas de la Iglesia de su predecesor, Gregorio VII. La petición de ayuda realizada por los bizantinos, junto con la caída de Jerusalén en manos turcas, propició que en el Concilio de Clermont Ferrand, de noviembre del año 1095, Urbano II expusiera ante una gran audiencia, los peligros que amenazaban a los cristianos occidentales y las vejaciones a las que se veían sometidos los peregrinos que viajaban a Jerusalén. La expedición militar propuesta por Urbano II pretendía también rescatar esta ciudad de manos musulmanas.


La Orden de Calatrava, el gran poder


Las recompensas espirituales prometidas, junto al deseo de riquezas, hicieron que príncipes y señores respondiesen pronto al llamamiento del pontífice. La Europa cristiana se movió con un ideario común bajo el grito de ¡Dios lo quiere!, frase que encabeza el discurso del Concilio de Clermont, en el que Urbano II convocó la primera cruzada.

Dicha expedición militar culminó con la conquista de Jerusalén en el año 1099 y con la constitución de territorios latinos en la zona: los condados de Edesa y Trípoli, el principado de Antioquía y el reino de Jerusalén, donde Balduino I asumió, ya en ese año, el título de rey.

FUNDACIÓN

Creado el reino de Jerusalén y elegido Balduino I como su segundo rey, tras la muerte de su hermano Godofredo de Bouillón, algunos de los caballeros que participaron en la Primera cruzada decidieron quedarse a defender los Santos Lugares y a los peregrinos cristianos que viajaban a ellos.

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Balduino I necesitaba organizar el reino y no podía dedicar muchos recursos a la protección de los caminos, ya que no contaba con las tropas suficientes para hacerlo.

Balduino abandonó la mezquita y sus alrededores donde tenía la sede su gobierno y se instaló en la Torre de David. Todas estas instalaciones abandonadas por Balduino I pasaron a mano de los templarios, que de esta manera adquirieron no solo su cuartel general, sino su nombre.

Los templarios fueron fundados entre los años 1118 y 1119 por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payns tras la primera cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista.

El rey Balduino se ocupó de escribir cartas a los reyes y príncipes más importantes de Europa a fin de que prestaran ayuda a la recién nacida Orden. Ésta fue reconocida por el Patriarca latino de Jerusalén, Garmond de Picquigny, que le impuso como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro. Esta regla es conocida como Regla latina.

Fue aprobada su constitución por la Iglesia Católica en el año 1129, durante el Concilio de Troyes. La Orden del Templo creció rápidamente en tamaño y poder. Los caballeros templarios tenían como distintivo un manto blanco con una cruz ancorada roja sobre él.


La Orden militar de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama


Los templarios vivían bajo la regla de San Agustín, que en el concilio se sustituyó por la Regla Cisterciense. La regla primitiva constaba de un acta oficial del concilio y de un reglamento de 75 artículos, entre los que figuran algunos como:

Artículo X: Del comer carne en la semana. En la semana, si no es en el día de Pascua de Natividad, o Resurrección, o festividad de Nuestra Señora, o de Todos los Santos, que caigan, basta comerla en tres veces, o días, porque la costumbre de comerla, se entiende, es corrupción de los cuerpos. Si el martes fuere de ayuno, el miércoles se os dé con abundancia. En el domingo, así a los caballeros como a los capellanes, se les dé sin duda dos manjares, en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se contenten con uno y den gracias a Dios.

Después de recibir la regla básica, cinco de los nueve integrantes de la Orden, encabezados por Hugo de Payens, viajaron primero por Francia y después por el resto de Europa, para recoger donaciones y alistar caballeros en sus filas.

Se dirigieron inicialmente a sus lugares de procedencia, en la certeza de que serían aceptados y asegurándose cuantiosas donaciones. Consiguieron reclutar en este viaje y en poco tiempo cerca de trescientos caballeros, sin contar escuderos, hombres de armas y pajes.

Las Bulas “Omne Datum Optimun” del año 1139, “Milites Optimun” del año 1144 y “Militia Dei” del año 1145, confirmaron los privilegios de la Orden. Por ellas, se otorgaban a los caballeros templarios una autonomía formal y real respecto de los obispos y quedaban sujetos tan solo a la autoridad papal.

Los excluían de la jurisdicción civil y eclesiástica, les permitían tener sus propios capellanes y sacerdotes pertenecientes a la Orden y les otorgaron el poder de recaudar bienes y dinero a través de diversas formas.

Tenían derecho de óbolo [1] que eran las limosnas que se entregaban en todas las iglesias una vez al año. Estas bulas papales les daban derecho sobre las conquistas en Tierra Santa y les concedían atribuciones para construir fortalezas e iglesias propias, lo que les reportó gran independencia y poder.

Se redactaron los estatutos jerárquicos en el año 1167 y una especie de reglamento que desarrollaba artículos de la regla y regulaba aspectos necesarios que no habían sido tenidos en cuenta por la regla primitiva. Por ejemplo, la jerarquía de la Orden, detallada relación con la vestimenta, vida conventual, militar y religiosa o deberes y privilegios de los hermanos templarios. Consta de más de 600 artículos, divididos en secciones.

Su número aumentó de manera significativa al aprobarse la regla, y ese fue el inicio de la gran expansión de los templarios. Unos cincuenta años después de su fundación, los caballeros de la Orden del Templo se extendían ya por tierras de las actuales naciones de Francia, Alemania, Reino Unido, España y Portugal. Su expansión territorial contribuyó a incrementar enormemente su riqueza, la mayor en todos los reinos de Europa.

f16La caída de Acre

Los templarios participaron de forma destacada en la II Cruzada, durante la cual protegieron al rey Luis VII de Francia luego de sus derrotas ante los turcos. Hasta tres grandes Maestres cayeron presos en combate en un periodo de treinta años: Bertrand de Blanchefort en el año 1157, Eudes de Saint Amand y Gerard de Ridefort en el año 1187.

Las derrotas ante el sultán de Egipto, Saladino los hicieron retroceder. El cuatro de julio del año 1187, en la batalla de los Cuernos de Hattin que tuvo lugar en Tierra Santa, al oeste del mar de Galilea, el ejército cruzado formado principalmente por contingentes templarios y hospitalarios a las órdenes de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, y de Reinaldo de Chatillon, se enfrentó a las tropas de Saladino.

Sufrieron una gran derrota, en la que el gran Maestre de los templarios Gérard de Ridefort cayó prisionero y perecieron muchos templarios y hospitalarios. Saladino tomó posesión de Jerusalén y terminó con el reino que había fundado Godofredo de Bouillón.


La Orden Militar de Santiago


Sin embargo, la presión de la III Cruzada y las gestiones de Ricardo Corazón de León lograron un acuerdo con Saladino para convertir Jerusalén en una especie de ciudad libre para el peregrinaje.

f15Tras la caída de Acre en el año 1291, con los últimos templarios luchando junto a su maestre, Guillermo de Beeaujeu, constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa. Los templarios se retiraron a Chipre, isla de su propiedad tras comprarla a Ricardo Corazón de León, pero que hubieron de devolver al rey inglés ante la rebelión de los habitantes.

La convivencia de templarios y soberanos en Chipre fue incómoda hasta tal punto que la Orden participó en la revuelta palaciega que destronó a Enrique II de Chipre para proclamar a su hermano Amalarico. Esto permitió a la Orden sobrevivir en la isla hasta varios años después de su disolución en el resto de la cristiandad.

SU VESTIMENTA

Fue el veintisiete de abril del año 1147, cuando el Papa Eugenio III, que estaba presente en Francia cuando partía la II Cruzada, asistió al capítulo de la Orden celebrado en París. Concedió a los templarios el derecho a llevar permanentemente una cruz sencilla, pero ancorada o paté, que simbolizaba el martirio de Cristo.

El color autorizado para tal cruz fue el rojo, que era el símbolo de la sangre vertida por Cristo, así como también de la vida. El voto de cruzada se acompañaba de la cruz, que debía llevarse permanentemente y simbolizaba la persistencia del voto de cruzada de los templarios.

La cruz estaba colocada sobre el hombro izquierdo, encima del corazón. Los caballeros llevan la cruz sobre el manto blanco, símbolo de pureza y castidad. Los sargentos, sobre el manto negro o pardo, símbolo de fuerza y valor. Así mismo, el pendón del Temple, que recibe el nombre de baussant o bauceant, significa semipartido, ya que también incluía estos dos colores, el blanco y el negro.

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DESARROLLO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

La Corona de Aragón

La Orden comienza su implantación en la zona oriental de la Península Ibérica en la década del año 1130. El conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, pide ingresar en la Orden en el año 1131. El testamento de Alfonso I de Aragón cede su reino a los templarios en el año 1134, junto a otras órdenes, como los hospitalarios o la del Santo Sepulcro.

Este testamento sería revocado. Posteriormente, los nobles aragoneses, disconformes, entregaron la corona a Ramiro II. Este tuvo que hacer numerosas concesiones a las órdenes para que renunciaran, tanto a las tierras como a sus derechos comerciales.

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Ramón Berenguer IV alcanzó un acuerdo con los templarios por medio de la concordia de Gerona, en el año 1143. Por ella, recibieron los castillos de Monzón, Mongay, Chalamera, Barberá, Remolins y Corbins, junto con la Orden militar de Belchute.

Les favorecía con donaciones de tierras y con derechos sobre las conquistas, así recibían un quinto de las tierras conquistadas, el diezmo eclesiástico [2], parte de las parias [3] cobradas a los reinos taifas [4]. Según estas condiciones, cualquier paz o tregua tendría que ser consentida por los templarios, y no solo por el rey.

La Orden se enriqueció con numerosas donaciones de padres que no podían dar un título nobiliario mas que al hijo mayor, y buscaban cargos eclesiásticos, militares, cortesanos o en órdenes religiosas.


Las órdenes militares en la Edad Media


Debido a su participación en las conquistas del sur, los templarios recibieron en el año 1148, tierras en Tortosa, de la que quedaron como señores, tras comprar las partes del príncipe de Aragón y conde de Barcelona y de los genoveses. Se quedaron en Gardeny y Corbins en Lleida. Los templarios recibieron Miravet en el año 1153, con una estratégica situación sobre el río Ebro.

f11Los templarios se convirtieron en custodios de Jaime I el Conquistador, heredero a la corona, en el castillo de Monzón, el cual contó con apoyo templario en su campaña de Mallorca, donde recibirían un tercio de la ciudad, así como otras concesiones en ella, y en Valencia donde de nuevo recibieron un tercio de la ciudad.

Los templarios se mantuvieron fieles al rey Pedro III de Aragón, permaneciendo a su lado durante la excomunión que sufrió a raíz de su lucha en Italia contra los angevinos [5] de Francia.

Finalmente, se asentaron en Aragón gracias a la absorción de la Orden del Santo Redentor, de Teruel, en el año 1196, que a su vez se había beneficiado de la disolución de la Orden de Monte Gaudio en el año 1188.

La Corona de Castilla

Los templarios ayudaron a repoblar zonas conquistadas por los cristianos, creando asentamientos en los que edificaban ermitas bajo la advocación de mártires cristianos.

Ante la invasión almohade, los templarios lucharon en el ejército cristiano, venciendo en la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212. Colaboraron en la conquista de Murcia en el año 1265, que se había levantado en armas. Recibieron Jerez de los Caballeros, Fregenal de la Sierra, el castillo de Murcia y Caravaca como recompensa.

f10Castillo templario de Ponferrada

Portugal

Los templarios serían una Orden bien asentada en Portugal. Entran en tiempos de la condesa Teresa de León, de la que reciben el castillo de Soure, en el año 1127, a cambio de su colaboración en la Reconquista.

Reciben el castillo de Longroiva, en el año 1145, por su ayuda a Alfonso Henriques en la toma de Santarem. Reciben el castillo de Cera en el año 1147, cerca de Tomar, que se convertiría en su sede regional.

Tras la Bula Papal ordenando su disolución, los reyes portugueses cambiaron el nombre de la orden en Portugal por el de Orden de Cristo, aunque con sustanciales diferencias respecto a la Orden del Templo original, sobre todo en cuanto a regla, votos y forma de elección de los cargos.

FINAL DE LOS TEMPLARIOS

El último Gran Maestre, Jacques de Molay, se negó a aceptar el proyecto de fusión de las órdenes militares bajo un único rey, a pesar de las presiones papales.

f9El seis de junio del año 1306 fue llamado a Poitiers por el Papa Clemente V para un último intento, tras cuyo fracaso, el destino de la Orden quedó sellado. Felipe IV de Francia convenció al Papa Clemente V, fuertemente ligado a Francia, de que iniciase un proceso contra los templarios.

El éxito de los templarios se vincula estrechamente a las Cruzadas. La pérdida de Tierra Santa supuso pues la desaparición de los apoyos a la Orden. Además, los rumores generados en torno a la secreta ceremonia de iniciación de los templarios crearon una gran desconfianza.

El rey Felipe IV de Francia que se encontraba fuertemente endeudado con la Orden y atemorizado por su creciente poder, comenzó a presionar al Papa Clemente V, para que tomara medidas contra sus integrantes.

Un gran número de templarios fueron apresados, inducidos a confesar bajo tortura y quemados en la hoguera en el año 1307. Clemente V cedió a las presiones de Felipe IV y disolvió la Orden en el año 1312. Su abrupta erradicación dio lugar a especulaciones y leyendas de los caballeros templarios que han mantenido vivo hasta nuestros días.

Recientemente, el veinticinco de octubre del año 2007, los responsables del Archivo Vaticano publicaron el documento “Processus contra Templarios”, que recopila el Pergamino de Chinon [6], o las actas de exculpación de la Santa Sede a la Orden del Templo, precisamente el año en que se conmemoraba el 700 aniversario del inicio de la persecución contra la Orden.

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Los documentos que sirvieron al Tribunal Papal para decidir la suerte de los templarios se encuentran en el Archivo Secreto del Vaticano, y se habían extraviado desde el siglo XVI, después de que un archivero los guardase en un lugar erróneo.

La investigadora italiana Bárbara Frale los encontró en el año 2001, y su estudio demostró que el Papa Clemente V al principio no quiso condenar a los templarios, aunque finalmente, cediendo a las presiones del rey de Francia Felipe IV, terminaría haciéndolo.

El Pergamino de Chinon, uno de los documentos del volumen “Processus contra Templarios” presentado por la Santa Sede, corrige la leyenda negra sobre la Orden y muestra que todas las acusaciones fueron injurias de Felipe IV en beneficio propio.

A pesar de ello, y habida cuenta de que el Pergamino de Chinon es anterior a la fecha de las bulas papales de disolución de los templarios, quedó como una expresión de la conciencia personal del Papa. La postura oficial de la Iglesia es la de la disolución de la Orden.

El documento de Chinon data de agosto del año 1308. Ese mismo mes, el Papa promulga la Bula “Facians Misericordiam”, por la que se devolvió a los inquisidores su jurisdicción.

En la segunda sesión del Concilio de Vienne, el tres de abril del año 1312, se aprueba la Bula “Vox in Excelso”, emitida por el propio papa Clemente V, el veintidós de marzo del año 1312, confirmada por la Bula “Ad Providam”, de dos de mayo del año 1312. En ambas se declara la disolución definitiva de la Orden.

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Processus contra Templarios establece los siguientes acuerdos:

  • El Papa Clemente V no estuvo convencido de la culpabilidad de la Orden del Temple.
  • La Orden del Temple, su Gran Maestre, Jacques de Molay y el resto de los templarios arrestados, muchos posteriormente ajusticiados o quemados vivos, fueron luego absueltos por el pontífice.
  • La Orden nunca fue condenada, sino disuelta, fijando la pena de excomunión a quien quisiera restablecerla.
  • El Papa Clemente V no creyó en las acusaciones de herejía. Por ello, permitió recibir los sacramentos a los templarios ajusticiados. Sin embargo, fueron ajusticiados en la forma que la jurisdicción canónica establecía para los herejes relapsos [7].
  • Clemente V negó las acusaciones de traición, herejía y sodomía con las que el rey de Francia acusó a los templarios. No obstante, convocó el Concilio de Vienne para confirmar dichas acusaciones.
  • El proceso y martirio de templarios fue un sacrificio para evitar un cisma en la Iglesia católica, que no compartía gran parte de las acusaciones del rey de Francia, y muy especialmente de la Iglesia francesa.
  • Las acusaciones fueron falsas y las confesiones conseguidas bajo torturas.

f5A la vista de los documentos históricos cabe concluir que, aunque el Papa Clemente V intentara en su fuero interno evitar la condena a los templarios, su debilidad frente a Felipe IV de Francia hizo que continuara con el proceso de disolución de la Orden, que acaba en el año 1312. Recojamos en este punto lo que la Bula “Ad Providam”, que no ha sido al día de hoy derogada, dice al respecto:

“... Hace poco, Nos, hemos suprimido definitivamente y perpetuamente la Orden de la Caballería del Templo de Jerusalén a causa de los abominables, incluso impronunciables, hechos de su Maestre, hermanos y otras personas de la Orden en todas partes del mundo... Con la aprobación del sacro concilio, Nos, abolimos la constitución de la Orden, su hábito y nombre, no sin amargura en el corazón. Nos, hicimos esto no mediante sentencia definitiva, pues esto sería ilegal en conformidad con las inquisiciones y procesos seguidos, sino mediante orden o provisión apostólica”. Fragmento de la bula Ad Providam.

EL NEGOCIO DE LA ORDEN

Cien años más tarde de su fundación oficial, la Orden era la organización más grande de Occidente, en todos los sentidos, con más de 9.000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30.000 caballeros y sargentos, más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etcétera. Poseía más de cincuenta castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia anclada en puertos propios en el Mediterráneo como Marsella y en La Rochelle en la costa atlántica de Francia.

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Todo este poder económico se articulaba en torno a dos instituciones características de los templarios: la banca y la encomienda.

La banca templaria

f4Uno de los aspectos en los que la Orden destacó de manera extremadamente rápida y sobresaliente fue afianzar todo un sistema socioeconómico sin precedentes en la historia.

La dura tarea de llevar un frente en ultramar les hizo proveerse de una increíble flota, una red de comercio fija, así como de buen número de posesiones en Europa para mantener en pie un flujo de dinero constante que permitiera subsistir al ejército defensor en Tierra Santa.

A la hora de dar donaciones, la gente lo hacía de buena gana. Unos, por ganarse el cielo y otros, para quedar bien con la Orden. Recibía posesiones, bienes inmuebles, parcelas, tierras, títulos, derechos, porcentajes en bienes, e incluso pueblos y villas enteras con sus correspondientes derechos y aranceles.

Muchos nobles europeos confiaron en ellos como guardianes de sus riquezas e incluso muchos templarios fueron usados como tesoreros reales. Fue el caso del reino francés, que dispuso de tesoreros templarios que tenían la obligación de personarse en las reuniones de palacio, en las que se debatiera el uso del Tesoro público.

Para mantener un flujo constante de dinero, la Orden tenía que tener garantías de que el capital no fuera usurpado o robado en sus desplazamientos. Con este fin, estableció en Francia una serie de redes de encomiendas, repartidas prácticamente por toda la geografía francesa y que no distaban más de un día de viaje unas de otras. Se aseguraban de que los comerciantes durmieran siempre a resguardo bajo techo y garantizar siempre la seguridad de sus caminos.

No solo supieron crearse todo un sistema de mercado, sino que se convirtieron en los primeros banqueros desde la caída de Roma. Lo hicieron a sabiendas de la escasez de moneda en la vieja Europa y ofreciendo en sus negocios, intereses más bajos que los ofrecidos por los mercaderes judíos.

f3Crearon libros de cuentas como la contabilidad moderna, los pagarés e incluso la primera letra de cambio. Se realizaba el transporte de dinero en metálico por los caminos en esta época, y la Orden dispuso de documentos acreditativos para poder recoger una cantidad anteriormente entregada en cualquier otra encomienda de la Orden. Solamente hacía falta la firma, o en su caso, el sello.

Las encomienda

Es un bien inmueble, territorial, localizado en determinado lugar, que se formaba gracias a donaciones y compras posteriores y a cuya cabeza se encontraba un preceptor. Por ejemplo a partir de un molino, los templarios compraban un bosque aledaño, luego unas tierras de labor, después adquirían los derechos sobre un pueblo, etcétera, y con todo ello formaban una encomienda, a manera de un feudo clásico. Podían formarse encomiendas reuniendo bajo un único preceptor varias donaciones más o menos dispersas.

Su red de encomiendas derivó en toda una serie de redes de comercio a gran escala desde Inglaterra hasta Jerusalén, que ayudadas por una potente flota de barcos en el mar Mediterráneo compitió con los mercaderes italianos sobre todo, de Génova y Venecia.

La gente confiaba en la Orden, sabía que sus donaciones y sus negocios estaban asegurados y por ello no dejaron nunca de tener clientela. Llegaron hasta el punto de hacer préstamos a los mismísimos reyes de Francia e Inglaterra.

El lema de la Orden era: “No a nosotros, Señor, no a nosotros sino a Tu Nombre da la gloria”.

SU PROCESO EN EL EDAD MODERNA Y CONTEMPORÁNEA

Un prestigioso médico francés, Bernard Raymond Fabré-Palaprat, con el apoyo de Napoleón Bonaparte, en el año 1804, reactiva la “Orden de los Caballeros del Templo” que era la continuación de la orden medieval conocida hasta entonces como “Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón”.

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Sostiene el citado médico que la Orden nunca dejó de existir, a pesar de su disolución en el siglo XIV. Esta disolución, fue valorada solo como una suspensión después de las aportaciones del Pergamino de Chinón rescatado por la invetigadora Bárbara Frale, y que había sido dictada por el Papa Clemente V en el año 1312 con la Bula “Vox in excelso”.

Como prueba de la continuidad de la Orden a lo largo de los siglos a pesar de su suspensión, Fabré-Palaprat aporta la controvertida Carta de Transmisión de Juan Larmenius.

Este documento acredita que los veinticuatro Grandes Maestros que asumieron este cargo después de que Jacques de Molay, último gran maestro medieval, fuera quemado en la hoguera en París en el año 1314. Esta supuesta lista de grandes maestros contenida en la Carta y firmada por cada uno de ellos de puño y letra, llega hasta el propio Fabré-Palaprat, último firmante del documento.

Según este documento, la Orden es sacada de la clandestinidad a la que la obligaron las persecuciones de Papas y reyes por casi toda Europa, en el año 1705. Felipe, duque de Chartres y de Orleans, nieto de Luis XIII El Justo y más tarde regente de Francia, es elegido Gran Maestro en un convento general celebrado en Versalles ese año y publica unos nuevos estatutos para la Orden.

La Carta de Transmisión, en el formato que la conocemos, es considerada por la mayoría de los historiadores como una falsificación, realizada probablemente en el siglo XVIII.

f1En lo que no se está tan de acuerdo es en la valoración de su contenido. No hay en absoluto acuerdo sobre si la Orden del Templo, como sostiene Fabré Palaprat, a pesar de la suspensión papal, siguió teniendo vida, aunque oculta, guiada por los Maestres que firman sucesivamente este documento de la Transmisión.

Sí que es cierto que a partir del año 1804, con lo que algunos denominan la reinstauración de la Orden, otros prefieren llamarla neotemplarismo, hay una continuidad hasta nuestros días en la historia del Temple.

La Secretaría Internacional Templaria, con sede en Bélgica en el año 1931, decide revitalizar la Orden. Para ello, y recogiendo el espíritu de lo que creen que tiene que ser la institución en la modernidad, da un primer paso que es cambiar su denominación, llamándose a partir de ese momento Orden Soberana Militar del Templo de Jerusalén.

Inmediatamente eligen como príncipe regente (título que no existía en la Orden) a Isaac Vandenberg, quien posteriormente asumirá también el título de la Orden de Gran Maestre.

Existen reconocidos por la Iglesia católica como Asociaciones Privadas de Fieles varios grupos que siguen las Reglas de San Bernardo de Claraval, adaptadas a los tiempos Modernos y según el Derecho Canónico y han publicado sus Estatutos que han obtenido Decretos que los convierten en personas jurídicas Eclesiásticas.

En Italia están las Asociaciones Privadas Militia Templi y Templari Cattolici d'italia, y en España la Orden de los pobres Caballeros de Cristo. Estos grupos de templarios señalan el camino que se debe seguir en la búsqueda de la rehabilitación Pontificia.


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[1] Contribución económica que se da a los fieles de la iglesia católica de todo el mundo para el sostenimiento del Vaticano, llamado también óbolo de San Pedro.
[2] El diezmo Eclesiástico era la parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la Iglesia. El diezmo Real lo constituía el diez por ciento que había de pagarse al rey sobre el valor de las mercaderías que se traficaban y llegaban a los puertos, o entraban y pasaban de un reino a otro.
[3] Era un impuesto que pagaban los reyes de taifas entre los años1031–1492 a los reyes cristianos, principalmente al Reino de León creador de estos impuestos, para que no les atacasen y para que fuesen protegidos de los propios enfrentamientos que se producían entre los reinos taifas o de los ataques de otros reinos cristianos.
[4] Fueron pequeños reinos en los que se dividió el califato de Córdoba a partir de la Revolución Cordobesa que depuso al califa Hisham II en el año 1009; aunque el califato no desapareció en ese momento.
[5] Fue uno de los más poderosos de la Europa Medieval, por más de medio siglo y durante su existencia. Estuvo a punto de hacer desaparecer a Francia como nación. Increíble en tamaño para los patrones de la época, aunque era menor que el Sacro Imperio, tenía un gobierno más centralizado.
[6] Es un documento histórico, publicado por Étienne Baluze durante el siglo XVII, en la obra “La Vida de los Papas de Avignon”. Este documento se volvió famoso recientemente por el descubrimiento de la Doctora Barbara Frale, de que el Papa Clemente V tuvo la intención de absolver al último Gran Maestre Jacques de Molay, y los demás líderes de los Caballeros Templarios, en el año 1308, de las acusaciones hechas por la Inquisición.
[7] Se llama relapso al hereje que recae en el error del que había abjurado. La Iglesia concede con más dificultad absolución a los relapsos que a los que no cayeron más que una vez en la herejía. Exige de los primeros mayores y más largas pruebas que de los segundos porque teme, con razón, que profanen los sacramentos si les permite recibirlos. En los países donde había inquisición, los herejes relapsos eran condenados a la hoguera y, en los primeros siglos, los idólatras relapsos eran excluidos para siempre de la sociedad de los cristianos.

La Orden del Temple