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sábado. 10.12.2022

Echando la vista atrás y repasando los movimientos de protesta colectiva que han tenido lugar en 2012, uno puede llegar a la conclusión de que la ciudadanía de éste país se asemeja en cierto modo a una orquesta sinfónica. Heterogénea, desigual en su participación, dividida en secciones (o grupos), y completamente interdependiente. Éste último adjetivo, debe entenderse como una variable que indica necesidad mutua, es decir, que el éxito de la interpretación nunca dependerá de un hecho parcial, sino de un equilibrio conjunto.

Para entender mejor ésta explicación metafórica, cabe remitirse a las manifestaciones convocadas en España el último año: la gran mayoría fueron protagonizadas por colectivos vinculados a la sanidad, la educación y las relaciones laborales. Cuando tratamos con éstos tres colectivos, estamos sin duda ante la sección de cuerda de la orquesta, aquella más notoria tanto en número como en volumen. Esto quiere decir, que la cuerda lleva la voz cantante de la ciudadanía y no sólo por salir a la calle, sino porque sostiene la base social que permite funcionar día a día al país. Vamos, que es quien más papel tiene en la obra.

En términos económicos, la función de ésta sección de cuerda se conoce como externalidades positivas, y son cruciales para la cohesión del sistema social y la sostenibilidad de las relaciones laborales. Por éste motivo, es evidente que si la cuerda renquea, lo hace toda la orquesta. A ojos de casi toda la población, el gobierno ha patinado a la hora de recortar en ésta sección, porque en el fondo está tirando piedras contra su propio tejado (¿o sería mejor decir el tejado de todos?).

Por otro lado, la sección de viento, menor en número y dividida en subsecciones (madera y metal), hace las veces de quienes no se implican en la protesta colectiva. Son los inmovilizados socialmente, tuertos o casi ciegos, que en términos sociológicos se consideran materialistas (en oposición a los postmaterialistas, vinculados al grupo de cuerda por estar más implicados en la defensa de los derechos ciudadanos y la democracia). En cierto sentido, éste grupo (o sección) se mueve en la ambivalencia continua, que viven enfrascados en lo que Zigmunt Bauman denominó una vida líquida sin sentimientos de compromiso ciudadano, ni lazos sociales que supongan ataduras, más allá de las modas de turno. También se podría incluir aquí a snobs de todo tipo. Su papel en la obra, queda relegado a los momentos estelares y de gran potencia de conjunto, espacios donde puede disolverse en el tumulto. Sin embargo, tal y como ocurre a nivel social, éste grupo necesita a pesar de las apariencias de la gran muchedumbre para destacar. Necesita en definitiva, que otros hagan el trabajo sucio de salir a protestar. No se dan cuenta (para su desgracia y la de todos), de que todo sistema social pende de una estructura bien frágil a la que se debe contribuir, si se quiere disfrutar de ciertas garantías sociales.

En último lugar, las secciones minoritarias de percusión, representan a quienes directamente hacen acto de presencia sólo para manifestar que allí se encuentran, defendiendo su posición, pero que no tienen nada que decir a nivel armónico ni mucho menos melódico. Les basta con hacer público sus golpes, ya sea en forma de especulación o de corruptela, quedando claro que su papel sigue anclado en el disfrute de sus privilegios, ligados cómo no, al gran negocio explotador del franquismo (y del postfranquismo).



La orquesta en la calle