sábado. 20.07.2024
Milei_ayuso

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Cada uno tiene que cargar con su cruz, decía el viejo proverbio, pero los españoles cargamos con más cruces que una procesión de Viernes Santo. Por si teníamos poco con la cruz de Génova, que no es presidente porque no quiere, con la cruz de Waterloo, que exhibe sus siete diputados como si fueran los siete puñales de la dolorosa, con la cruz de la Santísima Justicia y con la virgen de las Manos Limpias, ahora nos visita la cruz del Sur, y una folclórica se le lanza al cuello con la esperanza de que le ayude en la subida al monte Moncloa. Ya solo nos falta que el señor Abascal irrumpa en el festejo gritando “mío, mío”, y nos den de una vez un espectáculo memorable.

Como no estamos en Semana Santa, me abstengo de contarles el resto de la procesión, porque en este país, en caso necesario, tenemos de todo: desde palmeros en superabundancia hasta docenas de voluntarios para repartirse la túnica sagrada. Basta.

No podemos tomarnos en serio las aparentes cumbres internacionales de la señorita Pepis, ni la pretensión de fabricar liderazgos donde lo único que hay son trucos de feriante

Percibirán ustedes que el que esto escribe está bastante cansado ya de este sucedáneo de la política consistente en tirar cebos a ver si los pican los periodistas. No podemos tomarnos en serio las aparentes cumbres internacionales de la señorita Pepis, ni la pretensión de fabricar liderazgos donde lo único que hay son trucos de feriante. Nos han entretenido con cañas y tapas, con cestos de fruta y con mafiosos de guardarropía que amenazan en twitter a los periodistas, mientras la educación y la sanidad madrileñas se desmoronan porque, sin el ruido que hace una motosierra, les cortan las patas con una lima de las que usan los delincuentes de las películas.

Los liderazgos se fabrican con políticas, con propuestas reales que inciden en la vida de las personas reales. En ese contexto, resulta reconfortante que el Gobierno de España prefiera, en vez de flagelarse en el calvario, subir al monte de los olivos e intervenir en el precio del aceite, que anuncie una reforma de la jornada laboral, que trabaje en proyectos de regeneración. Incluso resulta reconfortante que siga dando pasos para recuperar la conciencia histórica (que a mí me parece incluso más importante que la memoria histórica). Mientras eso suceda, podremos tener cierta expectativa de que aún hay un futuro por el que luchar.

No se dejen engañar, y menos aún se dejen abatir, por escenas patéticas protagonizadas por personajes patéticos. Es verdad que a veces cuesta trabajo. Es verdad que resulta agotador tener que seguir luchando por conseguir el que, según todas las trazas, sería sin duda el más rentable invento del siglo XXI: la vacuna contra la vergüenza ajena. Costará trabajo, pero la encontraremos. La Semana Santa termina siempre con el domingo de resurrección.

La cruz del Sur