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domingo 29/5/22

Jorge López, profesor de la UAM: “Probablemente nadie sabe lo que significa el Proceso de Bolonia”

AGNESE MARRA
En la Universidad Autónoma de Madrid se ha realizado el esperado debate de los estudiantes. El rectorado y los profesores se sentaban a dialogar con los alumnos. Dos eran las principales preguntas: ¿Cuál será el papel de las empresas en los planes de estudio? ¿Cómo mantener una Universidad Independiente? Los responsables intentaron responderlas.
NUEVATRIBUNA.ES-22.04.2009

Son conscientes de que están en la cuenta atrás y de que les queda una carrera de obstáculos, pero eso no les achanta. El último logro de los anti Bolonia ha sido convocar un debate en la Universidad Autónoma de Madrid con la asistencia del rector y de diversos profesores y alumnos. “Lo primero que quiero es felicitar a todos los alumnos que han conseguido que se haga este debate, el diálogo quiere decir inteligencia, aunque para llegar a él se necesiten protestas o encierros”, dijo uno de los docentes invitados al encuentro.

La cita era a las doce del mediodía en la facultad de Psicología de la UAM. Alrededor de las 11.30 dos lecheras de policías custodiaban la entrada del recinto. “Pero qué es esto” le increpaba un alumno a un profesor: “Parece ser que igual viene Gabilondo y por eso han mandado a la Policía”, le contestaba al profesor.

El actual ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ex rector de la UAM fue invitado a este debate antes de acceder al nuevo cargo: “No creo que se atreva a venir, sabe que los alumnos le pueden poner en un compromiso con determinadas preguntas”, comentaba una profesora que prefiere no dar el nombre. Los alumnos lo confirman. Llevan más de un mes preparando este debate, leyéndose cada uno de los documentos que tienen que ver con el Proceso de Bolonia: “En los encierros nos pasábamos el tiempo estudiándolo, debatiéndolo, no nos pueden acusar de que no estamos bien informados”, decía una estudiante de Derecho.

Finalmente Gabilondo no asistió, pero a las dos de la tarde la policía seguía a las puertas de la facultad de Psicología. Muchos de los alumnos no quieren oír hablar del actual ministro de Educación: “Todos sabíamos que llegaría a ese cargo, se ha dedicado a escalar posiciones y siempre se ha manifestado a favor del Proceso, de todas maneras los estudiantes de la Autónoma tenemos una relación un tanto especial con él, porque fue nuestro rector y quien se encargó de que empezaran a entrar las empresas en la universidad”, dice Begoña, miembro de la Asamblea de Estudiantes de Psicología, pero que aclara que habla a nuevatribuna.es a título personal.

¿UNIVERSIDAD INDEPENDIENTE?

El primer tema a debatir era qué tipo de universidad es la que se quiere. La mesa de los ponentes la formaban el rector en funciones de la UAM, José María Sanz, el vicerrector, Antonio Álvarez Osorio, el alumno y representante de la Asamblea de Estudiantes, Diego López, la estudiante Ana María Villarubio y el profesor Jorge López.

Ante el primer tema de discusión no había grandes distancias entre unos y otros. Una universidad independiente y libre, que fomente el pensamiento crítico y la investigación en aras de la excelencia. Hasta ahí todos de acuerdo. Sin embargo fue el rector el primero en sembrar la discordia. “Formar ciudadanos libres y críticos está bien, pero también tenemos que ofrecerles la posibilidad de desarrollar actividades en un entorno que demanda riqueza, porque si eso lo ignoramos terminaremos generando pobreza. Tenemos que tener en cuenta que la sociedad es nuestro soporte, evitemos los idealismos de la universidad de élite”, dijo José María Sanz, en alusión a una de las críticas más fuertes de la implantación de Bolonia, que es la financiación empresarial de la educación y la posible entrada de las empresas en las decisiones académicas.

A estas palabras le siguieron las del profesor Jorge López, que aseveraba: “No podemos negarnos a que las empresas puedan entrar, porque sin las empresas no tendríamos ni papel higiénico en los baños, lo que no quiere decir que nos supeditemos a las indicaciones empresariales”, matizaba López, en una tibieza entre estudiantado y profesorado. Diego López, representante de la Asamblea de Estudiantes de la UAM, pero que también aclaraba que hablaba a título propio, denunció: “Además de pensamiento crítico y libertad, queremos que todos los saberes sean tratados de la misma manera, queremos una independencia total de la economía y la política, porque sólo así seremos una universidad libre. Por todo eso nos oponemos a Bolonia, queremos que desde la Universidad se puedan aportar soluciones para los problemas de nuestra sociedad y lo que no queremos ser es un problemas más”.

La otra estudiante que custodiaba la mesa del debate era Ana María Villarubio, quien se ubicaba en un punto a favor de Bolonia, sus motivos muy claros: “Estamos en una sociedad que demanda un tipo de empleos y unos conocimientos cada vez más específicos para acceder a esos puestos, por eso es necesario que la Universidad se adapte a la sociedad, para que cuando terminemos las carreras sea más fácil conseguir empleo. Necesitamos una formación más profesional y orientada a la investigación, por eso tenemos que sacarle el mayor partido a la implantación de Bolonia”.

EL PAPEL DE LAS EMPRESAS EN LA EDUCACIÓN

En el turno de preguntas, los alumnos presentes en el salón de actos manifestaron dos dudas muy claras, que se respondieron insulsamente. Por un lado planteaban que no tenían la suficiente representación para opinar sobre este Proceso que se implantaba sin consultar, sin un debate previo y sobre todo con una rapidez “absurda”. El segundo punto que causaba más inquietud tenía que ver con el papel de las empresas en los planes de estudio.

Ante la primera pregunta el rector respondió sin aclarar mucho que los estudiantes tenían órganos de representación, que estábamos en una democracia y que por tanto estaban bien representados. No señaló qué tipo de representación. Pero sí aseguró que libertad de opinión tenían: “Pero si os hemos dejado acampar lo que habéis querido, nos apuntamos a los debates que hagan falta, estamos abiertos a escuchar”, explicaba.

Respecto a las empresas fue el vicerrector el que se encargó de dar una explicación: “Nosotros les hemos pedido a las empresas que nos señalen cuáles son sus demandas eso no quiere decir que les hagamos caso, nos sirve como consulta, pero es la universidad quien tienen la última palabra”.

La implantación de Bolonia se pretende hacer con lo que han denominado “financiación cero”, lo que supone que otras entidades que no sean públicas deberán ayudar con recursos para poder llevar a cabo el nuevo plan. Los estudiantes preguntan: “¿Cómo es posible ser independientes si van a ser las empresas quienes nos den dinero?”. El rector responde a la gallega con otra pregunta: “¿Acaso preferís que nos financie el Gobierno con los impuestos que pagan vuestros padres? ¿No será mejor que nos den dinero quienes más tienen como los bancos?”. Los estudiantes lo tienen claro, prefieren que la financiación sea pública: “Al menos el Gobierno es elegido democráticamente, yo no he votado para que el presidente del Santander sea Botín”, decía un alumno de Historia.

El rector pedía calma: “Nosotros nos vamos a ocupar de que nos financien las empresas y a la vez conservar nuestra autonomía”. El alumno de Historia le hace la contrarréplica: “De verdad cree usted que un banco nos va a dar dinero sin pedir nada a cambio”. El rector no contestó.

‘PROBABLEMENTE NADIE SABE QUÉ SIGNIFICA BOLONIA”

Las palabras Bolonia, financiación y planes de estudios, sólo ofrecen contenidos difusos. Los estudiantes tienen sus ideas sobre el Proceso y los profesores o al menos la rectoría no aporta datos claros. Durante el debate, cuando se citaba la palabra Proceso, seguidamente se pronunciaba ‘contexto’. “Probablemente no sabemos ninguno lo que significa el Plan Bolonia, pero no podemos decir a favor o en contra, sino que tenemos que pensar en qué contexto se adapta este plan”, decía el profesor Jorge López, mostrando un panorama desalentador, en cuanto a incertidumbres se refiere.

El rector intentaba aclarar: “Bolonia depende de cómo se implante y está en nuestras manos decidir cómo hacerlo”, sin especificar más. El vicerrector intentaba convencer a los estudiantes con argumentos del tipo: “Cuando yo estudiaba pedíamos que hubiera mayor calidad de la enseñanza, ahora podréis tener el programa de estudios de cada profesor con antelación, antes de empezar una materia vais a sabe cómo os la van a evaluar, es una oportunidad para mejorar la enseñanza”. Con mucha guasa le respondía un alumno: “Pues si lo que vamos a conseguir es saber el programa del profesor con antelación, para eso me parece que no va hacer falta Bolonia”.

Las posturas parecían irreconciliables. Un sector del alumnado ‘anti Bolonia’ leía documentos del Proceso en los que términos como “competitividad, ranking o beneficios” se adueñaban de un discurso sobre Educación. Los estudiantes que se encontraban en un término medio temían por la “falta de independencia” de la universidad, mientras otros preguntaban si la posibilidad de hacer estudios en otro país europeo se haría con beca o sólo sería una oportunidad para ricos.

Desde el rectorado las respuestas eran confusas, intentaban tranquilizar a los alumnos asegurando que las empresas no influirían y que la Universidad iba a mejorar en todos los aspectos, pero no explicaban ninguno. El Proceso de Bolonia no es claro, ni para sus defensores, ni para sus detractores, lo único cierto es que el Gobierno exige que en 2010 todas las universidades españoles implanten el polémico Plan. Los anti Bolonia no tienen miedo, van a seguir luchando. El debate ha sido un gran comienzo.

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