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martes. 05.07.2022
trabajadores industria

Si hay un concepto común en todos los programas, iniciativas, plataformas o informes relacionados con las urgencias que tenemos que afrontar como sociedad es la necesidad de impulsar la industria como vía de salida de un modelo de crecimiento sustentado por una economía de bajo valor añadido y empleo poco calificado. Es éste un modelo agotado.

Por ello se reitera insistentemente que tenemos la urgencia de impulsar la mejora competitiva de nuestra industria. Una urgencia que precisa una apuesta fuerte y decidida por la innovación y de cuyo éxito depende, en gran medida, nuestra capacidad de competir en los mercados. Hasta aquí, podemos decir, nada nuevo bajo el sol. La pregunta es, ¿dónde está, dónde tenemos que buscar esa innovación tan necesaria y reclamada por todos y en todos los ámbitos de debate y opinión, pero ausente en tantos sectores económicos y empresas.

La respuesta es sencilla: mucha de esa imprescindible innovación ha de producirse en los centros de trabajo. Pero para ello necesita de la implicación y la participación de sus trabajadores y trabajadoras. Porque ya deberían quedar muy lejos, si queremos progresar y modernizar la economía y la sociedad, aquellos tiempos en los que las empresas se inspiraban en la conocida queja de Henry Ford cuando exclamó “Cada vez que pido un par de brazos, me vienen con un cerebro” porque consideraba las personas apéndices de las máquinas. Ya quedan muy lejos aquellos tiempos en los que la innovación y las fuentes del conocimiento de las empresas industriales se encontraban en el apoyo de un inventor externo, cuando los conocimientos técnicos eran fáciles de encontrar, copiar y aplicar, esencialmente porque su organización taylorista del trabajo era rígida, repetitiva y sin iniciativa.  Así funcionaba mayoritariamente la empresa nacida de la revolución industrial, muy distinto a la realidad actual, cuando la innovación por lo general es más el resultado de un proceso interno de transformación de los conocimientos existentes en la propia empresa.

Pero para ello la innovación debe ir más allá de cómo está sucediendo en muchos sectores y empresas en las que los esfuerzos se concentran en reducir costes, esencialmente por la vía de reducir plantillas o contratar servicios externos, lo que naturalmente pueden mejorar los resultados económicos pero al mismo tiempo, cuando el mercado está estancado y la competencia es sólo por precios, en no pocas ocasiones acaba creando un verdadero círculo vicioso que obliga a una espiral de constante deterioro de las condiciones de trabajo y a la vez de destrucción de empleo, debilitando con ello el proyecto mismo de las empresas.

La innovación que precisamos supone potenciar y extender con todos los medios, públicos y privados, la exploración de los mercados, comprender las necesidades y los problemas de los clientes, crear nuevos procesos, nuevos productos y servicios. Una innovación que conlleva y exige una nueva concepción del trabajo más cooperativo y con mayor participación de los trabajadores y trabajadoras.

La innovación que precisamos es la que surge de una nueva organización del trabajo, capaz de convertirse en un ámbito de generación de valor, de reflexión, de diseño y aprendizaje individual y colectivo. La que surge de unas relaciones laborales no autoritarias, donde se reconozca el esfuerzo individual y colectivo, porque sólo éste permitirá desarrollar la innovación de los productos y procesos en los que interviene cada persona de la empresa, más allá de la posición que ocupa en él.

En resumen, cuando se motiva y se reconozca que además de sus manos, lo más importante de cada persona es su cerebro, cuando el lugar de trabajo se convierta en el ámbito más importante para la formación y la innovación. Cuando se entienda que los recursos humanos son un bien a cuidar, por no decir a mimar, ya que, por mucha crisis que se anuncie o soportemos, son las personas el recurso principal de una empresa y de un país. Y de dónde puede salir gran parte de la innovación que reclamamos y necesitamos.

Pero encontrarlo depende esencialmente, aunque no sólo, de los gestores de esa empresa u organización. Y para ello es imprescindible mejorar el actual clima laboral que se vive en muchas empresas y afrontar con decisión una nueva organización del trabajo que consiga el compromiso y motive la capacidad creadora de todas las personas que forman la empresa.

Es condición esencial conseguir unas relaciones laborales fundadas en unas correctas condiciones de trabajo, y una real y transparente participación de los trabajadores y de sus sindicatos en la marcha de la empresa.

La innovación empresarial precisa de participación sindical
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