sábado 19.10.2019

Cuando los huertos urbanos de Churchill frenaron al nazismo

Una vez más los huertos urbanos que sirvieron para la guerra mundial son parte de la respuesta al cambio climático y a la protección civil nacional.

La temible flota de submarinos del almirante Dönitz cercó y asfixió todo suministro a las islas británicas.
La temible flota de submarinos del almirante Dönitz cercó y asfixió todo suministro a las islas británicas.

Huertos urbanos: olvidado instrumento de resiliencia nacional para tiempos inciertos

huertos urbanos 1Fue probablemente el momento de mayor auge de los huertos urbanos como política nacional impulsada desde distintos Gobiernos. Y es también probablemente, hoy, su momento más olvidado.

Tras la caída de Francia y salvar la primera “bola de partido” con el “milagro de Dunkerke”, el Reino Unido del Gobierno Churchill era el único que quedaba en pie para hacer frente en solitario al imparable III Reich alemán.

En los cielos se avecinaba ya la que sería conocida como “Batalla de Inglaterra”, pero mucho antes, bajo la superficie del Atlántico -y ya con todos los nuevos puertos atlánticos franceses y noruegos en manos de los nazis-, otro nuevo escenario a vida o muerte se recrudecía: la temible flota de submarinos del almirante Dönitz se esforzaba por cercar y asfixiar todo suministro a las islas británicas. Y con un extraordinario éxito, además.

Sólo entre junio y noviembre de 1940 más de un millón seiscientas mil toneladas de barcos mercantes ingleses serían hundidos. Una debacle logística sin paliativos en los mares.

El Reino Unido se debatía ante su misma supervivencia y todo suministro le resultaba vital.

Es ahí donde los huertos urbanos -los llamados “jardines de la victoria” o también “jardines de guerra” (“victory gardens” o “war gardens”)- encontraron su máxima expresión, como política nacional de defensa civil del Gobierno Churchill.

A nada que se consiguiese que cada ciudadano asumiese, corresponsable, a una cierta escala nacional, el pequeño gesto de cultivar productos muy sencillos (baste tener presentes productos como rábanos, patatas, ajos, cebollas, lechugas u otros, altamente calóricos unos y de rápido crecimiento en pocas semanas, otros con importantes propiedades y vitaminas como la C o incluso propiedades antibióticas), era posible descargar al aparato del Estado de una parte nada despreciable de su esfuerzo para sostener el costoso racionamiento de la población civil, y al mismo tiempo esta se mantendría mejor alimentada y con mayor moral de lucha.

huertos urbanos 2De hecho la situación de escasez por el acoso nazi llegó a ser tal que el Gobierno Churchill llegaría a crear los “County Herb Committees” o Comités de Hierbas de los Condados, cuya finalidad era promover y hacer acopio de hierbas medicinales para suplir los propios medicamentos que escaseaban en hospitales y centros de salud.

Hay que decir también que no se trataba, en todo caso, de ninguna innovación del Gobierno Churchill tal recurso a la propia población civil y el fomento de los huertos urbanos como instrumento de defensa civil y al servicio de aumento de la capacidad nacional de resiliencia, sino que es una figura a la que ya recurriría la Casa Blanca de Woodrow Wilson, durante la guerra mundial anterior, y ello basándose en los trabajos del reputado profesor y agrónomo afroamericano George Washington Carver que había planteado la idea de pequeñas huertas domésticas como forma de mejorar la seguridad alimentaria, nutrición y calidad de vida entre las clases más humildes y explotadas.

huertos urbanos 3Pero el Gobierno Churchill sí que sería probablemente el que llevase a su máxima expresión el recurso al huerto urbano como política nacional de protección civil, indirectamente favorecedora en sí misma (al liberar recursos) del propio esfuerzo de guerra.

Y así se puso en marcha cartelería, campañas vecinales, programas de radio en máxima audiencia para instruir a la población en el cultivo de su propia huerta urbana en jardines privados y parques públicos. Se llegaron a aprovechar incluso como parcelas los propios cráteres resultantes de los intensos bombardeos de Londres por la Luftwaffe, y hasta el propio Rey de Inglaterra llenaría el Palacio de Buckingham y el Castillo Windsor de huertas y zonas de cultivo para apoyar la campaña gubernamental y dar ejemplo.

Cultivar cada cual su propio huerto urbano pasó a ser considerado socialmente como un acto de elevado patriotismo y como una resistencia civil al nazismo.

Eleanor Roosvelt haría lo propio varios años después y plantaría también su propio huerto urbano en los jardines de la Casa Blanca cuando fuese Estados Unidos el que entrase en la guerra. Y del mismo modo lo habría hecho ya Australia ante la amenaza japonesa, o de nuevo Canadá (como también en la guerra mundial anterior) y, a la postre, terminaría recurriendo a ello mismo hasta la propia Alemania, cuando la guerra le terminase siendo adversa y se viese cada vez más cercada y privada de suministros.

huertos urbanos 4¿Arma ciudadana en la guerra mundial contra el cambio climático? ¿Paralelo elemento “doble uso” de resiliencia nacional en los tiempos del Cisne Negro?

De modo que las primeras grandes políticas de huertos urbanos fueron indisolublemente y ante todo políticas nacionales de Protección Civil y resiliencia nacional.

¿Tienen hoy también espacio y sentido cómo tales?

Sí, nuevamente lo han vuelto a recuperar, en especial ante dos nuevas realidades: el cambio climático y los “nuevos” fenómenos de riesgo tipo HILF o Cisne Negro.

Y la recuperación de auténticas políticas nacionales de impulso en materia de huertos urbanos serviría para abordar ambos, además, dentro de la lógica de lo que llamamos elementos “doble uso” o doble utilidad simultánea.

En primer lugar porque, hoy día, la huella energética y ambiental del transporte y gestión -a lo largo de cientos o miles de km- de productos agrícolas de primera necesidad que serían perfectamente producibles en lo local cuenta. Cada kg local de verduras y hortalizas cuenta.

Cada kg autoproducido implica un X número de litros de combustible no gastado en su transporte y por tanto de CO2 emitido también que dejará de ser emitido para poder satisfacer esa misma necesidad, que por medio de un huerto urbano resulta a un coste comparativo casi cero a ese mismo respecto (y casi cero en cuanto al coste económico del propio ciudadano ante esos mismos alimentos en tiempos de crisis no sólo ambiental, sino también económica).

Y por si se ha olvidado el importante impacto de las políticas de Churchill baste recordar como hoy día es la propia FAO la que nos recuerda cómo incluso un mínimo micro-huerto de un metro cuadrado correctamente gestionado puede ir ofreciéndonos entre 20 y 30 kg de alimentos frescos a lo largo del año (tomates, cebollas, lechugas, coles, etc.).

Tanto es así que cada vez se reconoce más abiertamente que el recurso y difusión de la agricultura también a micro escala resulta imprescindible para una efectiva erradicación del hambre en el mundo y ante la creciente superpoblación.

Por todo ello cada huerto urbano “cuenta”. “Más que nunca”, como decía uno de aquellos carteles de propaganda de guerra.

huertos urbanos 5Y mucho más puede contar aún, hoy, siempre que ello no se abandone por el Gobierno nacional como algo casi pintoresco y totalmente fuera de su atención, dejado al mero impulso individual de colectivos bienintencionados aislados, o de alguna excepcional institución dentro de lo local.

Interesa, pues, a la propia política ambiental y de alimentación de Estado -y dado el modelo autonómico constitucional español también a la propia política regional-, el fomento e impulso de todo ello. Y en las condiciones debidas de seguridad alimentaria, si bien los últimos estudios parecen reconfirmar, además, el amplio margen de maniobra existente para ello.

Los huertos urbanos han de volver a ser “jardines de la victoria”, pero en otra guerra mundial muy distinta hoy: la guerra mundial del cambio climático que estamos perdiendo. Cada ciudadano-combatiente en el “frente de casa” una vez más un combatiente civil encendido, sí, pero esta vez en rabiosa defensa de nuestro precioso planeta azul, ese mismo cuya vida, diversidad, belleza, estamos perdiendo trozo a trozo delante de nuestros ojos.

Pero, en segundo lugar, porque como también hemos venido explicando estos años en este mismo espacio, nuestro mundo enfrenta hoy escenarios y situaciones de riesgo muy distintos, a muy distinta escala y con muy distinta presencia en lo que el gran sociólogo alemán Ulrich Beck llamó de modo general como “sociedad global del riesgo”, ante la que la dimensión de las emergencias, que pasan a ser ahora con una mayor presencia de “alto impacto nacional”, ha cambiado.

huertos urbanos 6

Ha llegado el momento de desempolvar y recuperar una política nacional propiamente dicha de huertos urbanos, de “jardines de la victoria”, una vez más como instrumento nacional de guerra, pero ahora respecto al cambio climático

Y ante lo que -de igual modo que en lo energético se hace necesario reflexionar también sobre el útil rol del autoconsumo fotovoltaico ciudadano y local y su contribución a la resiliencia y seguridad nacional- resulta igualmente aconsejable hacerlo ahora, desde otro prisma complementario, igualmente ciudadano y local, e igualmente en relación a la resiliencia y seguridad nacional, respecto la seguridad alimentaria, respecto a grandes fenómenos que, justamente, podrían interrumpir las redes de suministro internacionales.

Dicho todo lo cual, como se puede ver, al margen de los propios beneficios sociales, cívicos, educativos, de inserción, para la tercera edad, etc., etc., de los huertos urbanos, y que son los que hasta ahora han venido siendo puestos en solfa.

Pero aquí hemos venido a señalar, a rescatar, otra cosa. Y a hacerlo desde la propia olvidada génesis del instrumento en si.

De modo que incluso todo eso otro (tan positivo por sí mismo) nos podemos permitir dejar en un segundo plano aquí para recordar -en uno primero- que ha llegado el momento de desempolvar y recuperar una política nacional propiamente dicha de huertos urbanos, de “jardines de la victoria”, una vez más como instrumento nacional de guerra -pero ahora al cambio climático-, y como política nacional de protección civil y de prudente fortalecimiento proactivo de nuestra resiliencia en los inciertos tiempos del cisne negro y de la “sociedad global del riesgo” de Ulrich Beck.

Más información en el Observatorio del Clima Espacial

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