Francisco Largo Caballero y la sanidad
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El 17 de enero de 1930 tuvo lugar un acto en la Casa del Pueblo para celebrar el 25 aniversario de la Mutualidad Obrera, y la inauguración de las obras realizadas para ampliar los servicios de la clínica y de las especialidades médicas. En dicho acto participaron distintos personajes fundamentales en ese momento del movimiento obrero socialista. Entre ellos, estuvo Largo Caballero. En esta pieza recuperamos su intervención porque expuso una serie de ideas importantes sobre las concepciones socialistas en relación con la sanidad.
Largo Caballero explicaba que la difteria se combatía en la Mutualidad de un modo científico que calificó de admirable, salvándose muchos niños de la muerte
Francisco Largo Caballero expuso que la “clase capitalista” no se había preocupado de aminorar ni combatir las enfermedades de los obreros, y ni el Estado había organizado como era debido un buen servicio médico ni tampoco otro farmacéutico. Ciertamente, había hospitales, pero no se encontraban en condiciones porque no tenían fondos económicos o porque no tenían suficientes camas, como principales causas del mal servicio que se prestaba. La clase trabajadora estaba, en conclusión, desatendida. Por eso se veía empujada a buscar empresas y sociedades privadas (“particulares”), pero para ser, realmente, explotada.
Frente a esto se creaba la Mutualidad Obrera, como una defensa frente a la desidia del Estado y la explotación de las entidades privadas.
Pero, además, Largo Caballero quería demostrar que los servicios médicos y farmacéuticos que se prestaban desde la Mutualidad eran de una gran calidad.
Para Largo Caballero la atención de las mujeres embarazadas era una prioridad absoluta, y por eso abogaba por organizar muy bien el “servicio de maternología”
Los mutualistas administraban por sí mismos todo lo referente a la entidad: es decir, los ingresos y los gastos. Eso no ocurría en ninguna de las sociedades denominadas benéficas, en las que los asociados no podían reclamar nada porque no eran atendidos, y a veces, hasta tienen que pagar por la prestación de algunos servicios. En la Mutualidad, en cambio, se utilizaban todos los servicios establecidos sin pagar más que la cuota correspondiente. Se podía ingresar en la clínica sin más autorización que la de un facultativo, y donde no se exigía cantidad alguna ni se era molestado en sus creencias.
Largo Caballero explicaba que la difteria se combatía en la Mutualidad de un modo científico que calificó de admirable, salvándose muchos niños de la muerte. La forma de tratar la difteria en la Mutualidad se había convertido en un modelo adoptado en un departamento oficial. Pero Largo se quejaba de que una parte de los obreros asociados en la Casa del Pueblo no se habían dado cuenta del valor de la Mutualidad. Por eso había que seguir realizando una labor propagandística, un asunto que hemos visto en otros momentos de la historia de esta organización.
Pero, además, el mutualismo podía y debía ser el órgano que se encargase de la sanidad futura. No sólo debía curar enfermos y enterrar muertos, sino también la de evitar la enfermedad, vigilando la salud desde el nacimiento. Para Largo Caballero la atención de las mujeres embarazadas era una prioridad absoluta, y por eso abogaba por organizar muy bien el “servicio de maternología”. Aunque se había puesto en marcha en el pasado los problemas económicos no habían podido desarrollarlo en la Mutualidad.
Hemos trabajado con el número 6535 del 18 de enero de 1930 de El Socialista.