El Cónclave de agosto de 1978
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@Montagut | El 6 de agosto de 1978 fallecía Pablo VI. Hubo que poner en marcha el consiguiente cónclave, aunque en ese momento nadie podía imaginar que no sería el único en ese año.
El cónclave se inauguró el día 25 de agosto y terminó muy pronto, al día siguiente cuando fue elegido el patriarca de Venecia, el tercero que ostentaba tal dignidad, Albino Luciani, que pasó a ser Juan Pablo I, el primer papa con nombre compuesto, y elegido en homenaje a sus dos predecesores.
Su papado duró muy poco (33 días), suscitando su fallecimiento a los 65 años todo tipo de teorías conspirativas que han alimentado tanto la ficción literaria como la cinematográfica
Fue un cónclave en pleno verano romano, con su característico e intenso calor húmedo, que se convirtió en sofocante en una Capilla Sixtina cerrada completamente, y donde había 111 cardenales de los 114 con derecho a voto, una cifra no alcanzada hasta entonces.
Fueron necesarias cuatro votaciones para elegir al sucesor de San Pedro.
¿Qué podían buscar los cardenales en este cónclave? El anterior papa había tenido un claro perfil intelectual. Seguramente, se buscaba un sucesor más cálido, más cercano a los fieles, como si se quisiera volver al pontificado de Juan XXIII. Pero, como siempre, todo fueron conjeturas. En todo caso, los candidatos mejor situados eran Giuseppe Siri, que era “papable” por tercera vez, y arzobispo de Génova y al que se unían Corrado Ursi, de Nápoles y, sobre todo, Giovanni Benelli, de Florencia.
Los conservadores estaban alineados con Siri, que en otra pieza vimos era la figura conservadora más destacada de la Iglesia. Este sector buscaba rectificar la vía establecida por el Concilio Vaticano II. Existía el rumor de que Siri había sido, realmente, el elegido en el Cónclave de 1958, pero que habría tenido que renunciar porque los cardenales consideraban que su elección podía ser un problema en el plano internacional en plena Guerra Fría. Este rumor tenía que ver con la minoría ultraconservadora considerada como el “sedevacantismo”, que consideraba que la Sede Apostólica no estaba ocupada dese la muerte de Pío XII, y que se enfrentaba a lo dispuesto en el Concilio Vaticano II.
Los liberales, por su parte, preferían a Benelli, pero este cardenal no suscitaba grandes mayorías porque su perfil tendía hacia el autoritarismo. Eso favoreció la solución de Luciani.
El nuevo papa era un hombre extremadamente amable y muy cercano, al que bautizaron los italianos, como “Il Papa del Sorriso” o “Il Sorriso de Dio”. Curiosamente, había expresado antes del Cónclave que no quería ser elegido y que renunciaría si fuera el elegido, aunque se vio obligado a aceptar la responsabilidad.
No fue coronado ni recibió la tiara papal, un hecho insólito, y por voluntad propia. Solamente fue investido. No le gustaba el “plural mayestático”.
Pero su papado duró muy poco (33 días), suscitando su fallecimiento a los 65 años todo tipo de teorías conspirativas que han alimentado tanto la ficción literaria como la cinematográfica.