DESMONTANDO A LA HERMANDAD FRANQUISTA

¿Qué esconde la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz?

La Hermandad ha llevado a juicio a los autores de un documental que desvela la práctica de ceremoniales de exaltación franquista en el Monumento a los Caídos. 

Caballeros Voluntarios de la Cruz durante una misa celebrada en 1940.
Caballeros Voluntarios de la Cruz durante una misa celebrada en 1940.

Que una organización manifieste que su objetivo fundamental es mantener el espíritu de la Cruzada de 1936, incluso con agresividad castrense, es signo elocuente de que en España el sistema judicial no funciona acorde con los valores que consagra la Constitución

Es muy importante que la sociedad conozca quién es esta Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz y concluya por sí misma si una organización de esta naturaleza encaja en una sociedad democrática y plural como la que actualmente consagra y defiende la Constitución.

Para ello, nada mejor para conocer su ideología, sus intenciones y sus métodos de actuación que describirla según sus propias palabras.

Antes de entrar en su doctrinario, publicado en 1959, recordaremos que según un reportaje de Diario de Navarra (8.2.1945), la Hermandad nació porque, finalizada la guerra civil, “el espíritu de Cruzada corría peligro, desaparecidas sus causas generatrices, si no de desaparecer, de amortiguarse o de dormir ineficaz en ellos como perfume antiguo encerrado en herméticas redomas”.

Junto con ello, porque “en la mente de varios excombatientes beneméritos de la Iglesia y de la Patria, surgió la idea de encarnarlo en una corporación de tipo adecuado”.

No hace falta indicar al lector en qué consistió dicho espíritu de Cruzada y qué consecuencias nefastas tuvo para la población navarra en 1936 y años posteriores, donde como es bien sabido jamás hubo frente de guerra.

El objetivo de esta Hermandad fue conseguir una organización formada por caballeros que fuesen una “mezcla de guerrero y de monje”. Pronto, según propias palabras, encontraron “en Navarra y en varias capitales de España, un crecido número de excombatientes de todas las clases sociales”, hallando “en dicha Hermandad el estímulo necesario para mantener despierto, vivo como el primer día de la Cruzada, el apego fervoroso a aquellos ideales santos que les impulsaron a abandonar su hogar para defenderlos con las armas en la mano”.

Aunque, en un principio, la Hermandad se creó en exclusiva para excombatientes, “aquellos que expusieron sus vidas en los frentes, cara al enemigo”, no negaron su entrada a quienes “sin empuñar las armas propiamente dichas por causas justificadas, prestaron sus servicios en organizaciones de inmediata importancia para la prosecución de la Cruzada”. De esta manera, la Hermandad acordó “la admisión de los no excombatientes, bajo la denominación de Caballeros Hermanos de la Cruz”.

En definitiva, acogieron en ella a quienes hubieran “trabajado activamente en pro del Alzamiento, debidamente controlado por organizaciones de tipo nacional, siempre que por su edad e impedimento físico no hubiesen podido prestar sus servicios en el frente”. Por lo tanto, la Hermandad abría sus puertas a quienes habían trabajado en retaguardia.

REGLAS Y CEREMONIAL DE LA HERMANDAD

En 1959, publicarían un folleto titulado Reglas y ceremonial de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, donde manifestaron con idéntico tono belicoso la finalidad primera que inspiró su fundación.

En la regla primera, concretaban que el fin de la Hermandad era, primero, “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España, haciendo que no se desvirtúen estos ideales”, y segundo, “sufragar las almas de los mártires para que sean escuela de religiosidad y de patriotismo para las futuras generaciones”.

En la regla segunda, se señalaba que la sede de la Hermandad se ubicase en Irache hasta que pudiera trasladarse a la Iglesia Panteón de los Mártires de la Cruzada. En la regla tercera, se conminaba a “corregir con energía a todo Caballero que se desvíe del espíritu de la Cruzada, y denunciarle”.

En la regla quinta, se describía quiénes podían ser caballeros voluntarios, repitiéndose su condicionado ya publicado en El Pensamiento Navarro. La regla sexta concitaba los deberes y derechos de los miembros. Su deber segundo era taxativo: “luchar con agresividad castrense, contra la irreligión o las malas costumbres, contra todo lo que tienda a desvirtuar el espíritu de la Cruzada, a traicionar la Sangre de los Mártires y de los Héroes, recordando siempre que los muertos nos han de gobernar”.

En la celebración de Viernes Santo se incluía un acto de admisión de los nuevos caballeros y la toma de hábito con un ceremonial que se relataba a lo largo de cinco páginas, certificando así su carácter sectario y casi kukluxklanesco. En la toma de hábito, los candidatos debían repetir “acompasadamente” el siguiente texto leído “con voz clara y fuerte” por el Caballero Cronista: “Yo, que tomé un día las armas y ofrecí mi vida (o yo, hijo o hermano de quien tomó un día las armas… Yo que sustento los mismos ideales de los que ofrecieron sus vidas) en defensa de la religión y de la patria, agradecido a Dios de la inspiración que me dio, y santamente orgulloso de haberla cumplido, en presencia del mismo Dios, de Santa María su Madre, y del glorioso Arcángel San Miguel, defensor de la Iglesia, juro que conservaré en mí el espíritu de la Cruzada, que trabajaré para que lo conserven los otros Caballeros, mis hermanos, con quienes viviré, estrechamente unido, que no permitiré se traicione la sangre de los Mártires y de los Héroes, que lucharé con energía contra toda falta de fe y de honradez”.

En los años cincuenta, la Hermandad organizaría dos viacrucis a Montejurra en mayo y septiembre; la marcha a Javier; misas por los muertos en la Cruzada el 18 de julio (incluyendo homenajes a Sanjurjo y a Mola) y el 1 de noviembre; y misas mensuales.

El 13 de noviembre de 1960, celebró una misa por Miguel Goñi Aparicio, uno de los tres oficiales de policía del requeté, en 1936, a las órdenes de Esteban Ezcurra y de Benito Santesteban, “como póstumo homenaje al que tanto se distinguió en la defensa del catolicismo”. En la necrológica de Diario de Navarra de 2 de noviembre de 1960 sobre Miguel Goñi Aparicio, se decía que fue presidente de la Asociación Católica de Maestros de Navarra y subprior del Capítulo Supremo de la Hermandad, información integrada en su esquela.

También, Benito Santesteban Martínez, un célebre asesino requeté, recibiría los honores de una misa en su recuerdo por parte de la Hermandad el 10 de febrero de ¡¡¡1979!!! (El Pensamiento Navarro).

Insignes requetés en 1936, fallecidos en los años noventa del siglo, fueron miembros de la Hermandad según consta en sus esquelas, tales como la de Luis Martínez Erro (hijo de José Martínez Berasáin, presidente de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra, de ingrato recuerdo para las familias de asesinados; su esquela es de 10 de junio de 1995) o la de José Luis Los Arcos Elío. En la necrológica de José Ángel Zubiaur Alegre, publicada en Diario de Navarra de 23 de marzo de 2012, se decía que “llevaba con orgullo su pertenencia a la Hermandad”.

En definitiva, que una organización manifieste que su objetivo fundamental es mantener el espíritu de la Cruzada de 1936, incluso con agresividad castrense, es signo elocuente de que en España el sistema judicial no funciona acorde con los valores que consagra la Constitución; pues, en lugar de aplaudir a quienes desvelan la intimidad fascista de ese espíritu de 1936, los llevan a juicio como es el caso de Clemente Bernad y Carolina Martínez.


Firman este artículo: Fernando Mikelarena, Víctor Moreno, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez, Pablo Ibáñez y Txema Aranaz | Del Ateneo Basilio Lacort