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sábado. 25.06.2022
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Hombres y mujeres diversos y con pluralidad de ideas

Teresa Franco | El otro día estuve hablando con un joven politólogo, buen orador y escritor, sensible, buena persona, activista en los derechos LGTBI y me dejó impactada con su reflexión. Es un chico inteligente y feminista. Es de esas personas con las que conversar se convierte en un placer porque aprendes, te mueve del sitio donde estás con argumentos y puedes crecer como persona. Es homosexual, está buscando trabajo. Su hermano es oficial de la Armada.

Hablando de la vida actual, de lo complicado que es para la juventud encontrar trabajo a pesar de contar con una buena formación, me comentaba que había pensado en alistarse en las Fuerzas Armadas. Y me pidió consejo. Pero me lo pidió sin chispa, sin fuerza, como buscando la confirmación de que se trataba de una mala idea y así poder descartarla definitivamente. Me decía, “a mí me gustaría desarrollar mis conocimientos y aportarlos al ámbito jurídico, pero claro, luego veo a mi hermano, te veo a ti, y debe ser un mundo tan difícil para gente como nosotros que se me quitan las ganas y siento que no es mi lugar”.  Demasiadas alarmas saltaron en mi cabeza y solo pude decirle que tenía que hacer caso a lo que sentía, que podía intentarlo pero encontraría muchas dificultades por el camino. Le dije que quizá en la calle tuviera más probabilidades de ser feliz y realizarse como persona en un trabajo acorde a sus estudios. Me limité a decirle lo que quería escuchar y ahora, sin alarmas, soy consciente de que no me creo ni yo lo que le sugerí.

Este escrito es el consejo que definitivamente le doy, ahora que reina el silencio a mi alrededor y puedo pensar con claridad. A ese chico le puse una venda en una herida que no existía y eso no se llama prevención ni protección, se llama miedo.

Las Fuerzas Armadas están formadas por mujeres y hombres (sobre todo hombres) que proceden de nuestra sociedad. Es un ámbito muy especial porque está vertebrado por la disciplina, la cadena de mando y las relaciones de orden y subordinación. Debe ser así para que el cumplimiento de las misiones sea operativo y eficaz. En esas relaciones de absoluto y necesario poder todo puede enmarañarse si se les adereza con el abuso de poder y el machismo, y muchas veces ese aderezo existe. No seamos negacionistas, sí existe. El acoso laboral podemos encontrarlo en los ejércitos y por eso está tipificado como delito en el Código Penal Militar. También sabemos que la sociedad es machista y las Fuerza Armadas forman parte de ella, por tanto, el machismo campa a sus anchas allí dentro. Después de todo es el lugar del machismo por antonomasia, el lugar donde los hombres se han reconocido entre ellos en su rol de hombres valientes, fuertes, protectores, arrojados, salvadores, vigorosos, aventureros, duros, resistentes, atrevidos, jabatos, decididos, machos. El lugar donde se manejan armas, se miden las fuerzas y las capacidades, donde se realizan pruebas de endurecimiento y se prepara para la guerra o “el conflicto bélico”, como se la conoce hoy día.

Voces autorizadas nos dicen que todos estos adjetivos calificativos no son exclusivos de los hombres por ser hombres.

Aunque haya quienes siguen pensando y defendiendo que los auténticos hombres no pueden ser maricones ni las mujeres “de verdad” machorras, eso es una falacia, lo cierto es que los homosexuales y las mujeres somos personas potencialmente más vulnerables para que se cometan comportamientos de abuso y acoso machista en cualquier parte. Imaginadlo en lugares muy masculinizados y machistas, donde te despojan de muchos derechos fundamentales cuando ingresas, como el de ser privado de libertad por un juez, contar con un sindicato, el acceso a una petición colectiva, la libertad de expresión, etc.

Que un comportamiento delictivo esté tipificado no significa que tenga que producirse. La venda quizá no haya que ponérsela pero no estaría mal llevarla en la mochila. La mejor venda que se puede llevar al entrar al ejército es formar parte de una asociación militar, derecho que asiste todos y todas las militares. Trabajan para conseguir derechos, consolidar los adquiridos, informar a sus asociados y asesorarles en lo que necesitan.

Hay machismo por todas partes. Siento que estoy aquí para que no olvidemos que existe en las Fuerzas Armadas y que es un enemigo a combatir, un objetivo a eliminar, una misión que cumplir. Al machismo se le vence con feminismo, con formación, con conocimiento en derechos y con perspectiva de género. Solo así sabremos identificarlo y señalarlo. No tengamos miedo.

En la campaña de captación que el Ministerio de Defensa ideó cuando me alisté en 2001, el lema decía así, “Fuerzas Armadas, serás lo que tú quieras”.

Ese es el consejo que te doy, que seas lo que tú quieras donde tú quieras.

Si quieres ser militar lo puedes ser. Vestir el uniforme y servir a España es un honor, es un orgullo. Y para todos en España lo es que vistan el uniforme hombres y mujeres diversos y con pluralidad de ideas, gustos, orientaciones sexuales, religiones y procedencias diferentes unidos por la causa del servicio público de la defensa de nuestros conciudadanos y de nuestro país.

Amigo, se acerca el día del orgullo gay y espero que lo celebres con el mismo que yo celebro haberte conocido. Ahora, hagas lo que hagas, sabré que te he aconsejado sin ruido.

Fuerzas Armadas, serás lo que tú quieras