domingo 28/11/21
OPINIÓN | WALTER C. MEDINA

Frutos podridos

Miguel Angel Domingo se quitó la vida ayer en Granada. Tenía 54 años y regenteaba un quiosco de prensa en su vivienda del barrio La Chana. Quienes lo conocían no ignoran la grave situación que atravesaba.

“La ignorancia es la madre de todos los crímenes. Un crimen es, ante todo, una falta de raciocinio”. Honoré de Balzac.

“El sabía que esta misma mañana se iba a quedar sin casa”, comentó uno de sus vecinos a los medios de comunicación. “De hecho la policía ya estaba en camino para ejecutar el desahucio”. El cuerpo sin vida de Miguel Angel colgaba con la soga al cuello en el patio de la vivienda. Tras realizar los correspondientes peritajes, los forenses responsables del caso dieron por concluido el trámite dictaminando la causa de la muerte: Suicidio.   

En noviembre de 2010, en Hospital de Llobregat, un hombre de 45 años a quien se iba a privar de vivienda mediante el desahucio, se ahorcó en plena calle. “Tengo una hija pequeña y a mi mujer enferma; no podemos estar en la calle con este frío”, había alegado ante el mismísimo alcalde para que éste intercediera en el retraso de la ejecución. Sin embargo no hubo solución alguna y aquella muerte fue caratulada, también, como suicidio. 

A los políticos les encanta el término “matizar”. Suelen usarlo para graduar alguna expresión conceptual, para decir que cuando quisieron decir si, pude que en realidad hayan querido decir no, para justificar sus propios desaciertos y para salir medianamente airosos de los oscuros laberintos que se entretejen en sus discursos. “Hay que matizar”, dicen con una sonrisa a lo Montoro cruzándoles la jeta. Pues entonces maticemos: Dice el diccionario que el homicidio es el resultado de una acción u omisión mediante la cual se priva de la vida a otra persona, ya sea dolosa o culposamente. Dice también que se trata de una conducta reprochable, es decir antijurídica y por regla general culpable (excepto en casos de inimputabilidad, donde no se es culpable pero sí responsable penalmente), que consiste en atentar contra el bien jurídico de la vida de una persona física. Maticemos. Porque en todo caso las muertes cuya causa provengan de, por ejemplo, un desahucio, bien podrían no ser del todo todo suicidios. “No pudo pagar la hipoteca. Tenía una hija y una mujer y sabía que  iba a quedarse en la calle; por eso se mató”. ¿Es esto acaso un suicidio o se trata más bien de un homicidio cometido por un Estado que ignora a la víctima pero que sin embargo hace buenas migas con el verdugo?. ¿Es esto acaso un suicidio o se trata más bien de la muerte que produce un Estado que favorece a los de arriba y se desentiende de los de abajo?. ¿Es esto acaso un suicidio o se trata más bien del homicidio que en complicidad cometen Estado y banca?. 

Estas son sólo dos de las vidas con las que España está pagando las cuentas de las que sus principales hacedores han sido exentos, premiados e incluso rescatados; una trilogía de privilegios que representa un auténtico atentado a la democracia y ejemplifica de modo irrefutable el motivo del descreimiento generalizado hacia la clase política. “¿Quién va a responder por estas muertes?” se preguntaban ayer los miembros Stop Desahucios concentrados en Granada. “¿Cuánta gente tendrá que morir para que de una vez por todas los gobiernos y los bancos entiendan que esto es inhumano?”.

Medio centenar de personas llevan varias noches durmiendo en la calle, en lo que han denominado “Acampada Bankia” (en las puertas mismas de la principal sucursal de esa entidad). Impulsada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), de Madrid y distintas asambleas de barrio del Movimiento 15-M, la sentada tiene como objetivo acordar con los responsables de Bankia la condonación de la deuda y un alquiler social. “Vamos a seguir aquí hasta que el gobierno y las autoridades de este banco salgan a negociar. No podemos permitir que familias enteras se queden en la calle. Hay miles de historias terribles que atendemos cada día. Gente enferma, ancianos y niños que viven en la calle por no haber podido pagar su hipoteca.”

Mientras que el rey Juan Carlos aseguraba ante un grupo de empresarios indios que las medidas económicas del gobierno de Rajoy “ya están dando sus frutos”, a Miguel Angel Domingo las medidas que no se toman le quitaban ayer la vida.  Dos realidades de una misma España que ensancha el abismo entre quienes lo ignoran todo y quienes padecen los terribles efectos de esa ignorancia. 

Frutos podridos
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