martes 14.07.2020

Fraga-Casado, llamada desde el purgatorio

Foto: X. C.
Foto: X. C.

- ¡Dígame!

-¿Hablo con don Pablo Casado Blanco?, ¿sí? Pues buenos días tenga usted, aunque ya son las 10 de la mañana, pero es  que le llamé a Génova a las 7 y no me cogieron el teléfono. Eso en mis tiempos no pasaba sepa usted, sin ánimo de reproche, aunque la  haraganería no es buena para el buen gobierno de un país o  de una familia.  

-Por favor ¿me podría decir con quien hablo?

- Con el presidente de honor.

 - Josemari disculpa no te reconocía; tus palabras me llegan como a trompicones pero con más volumen que de costumbre; normalmente no oigo la mitad de lo que me dices.

- Usted se confunde de persona y con ello quedo, hay que decirlo, muy perjudicado. ¡Soy Fraga! el presidente fundador.

¡Don Manuel!, disculpe y a sus órdenes, ¡qué alegría Dios mío! Y hablando del Señor, salúdelo con fervor en nombre de los católicos afiliados y votantes del PP, que lo somos todos, menos algún que otro ateo que tenemos en nuestras filas y aledaños como Sánchez Dragó que se ha ido con los de Vox.

- Bueno tengo que reconocer que aún no me han acogido en la mansión celestial pero ya queda poco. Lo digo porque siempre he ido con la verdad por delante, menos cuando juré los Principios Fundamentales del Movimiento, ahí fui un poco perjuro, pero claro está que si no los juraba no  habría sido ministro ni me habría hecho famoso cuando lo de Palomares. 

Como no me puedo creer que usted, tan buena persona, haya ido al infierno, deduzco que me llama desde el purgatorio.

 - Así es joven. Tenía pendiente tres pecados cometidos, eso sí, por el bien de España, del orden y de la ley, que en definitiva es lo mismo. Primero lo del fusilamiento de Grimau, caso antiguo que yo pensaba que había prescrito puesto que Carrero  y otros ministros santurrones también dieron el enterado en el Consejo de Ministros y de Ministras  y sin embargo me saludaron desde una ventana del cielo con algo de recochineo. La segunda falta que tenía pendiente era del 76, cuando la policía mató a 5 huelguistas en Vitoria. Alegué, sin éxito, que fue un fallo de megafonía pues con la algarabía los pobres obreros no oyeron bien mi aviso de ¡la calle es mía! Y finalmente me reprocharon  mi amistad tardía con Fidel Castro. Todos saben que estoy a años luz de ese expropiador de laboriosos hacendados, pero entre gallegos siempre nos echamos una mano, carallo. 

Por lo mismo hizo poco caso del bloqueo de la isla don Francisco. Por cierto que en la tierra  han hecho mucho ruido con su cuerpo pero de su alma  no sabemos nada. Aquí no está y me han dicho que en el cielo tampoco.

Bueno don Manuel, pronto podrá jugar al dominó con sus amigos que en gloria estén, como se decía antes. Yo estoy muy ocupado en montar algo gordo en Colon o en cualquier lado  pero le doy las gracias por haber querido saludarme.

- No le he llamado para saludarle, no pierdo mi tiempo en finuras. Tengo que decirle algo que creo de interés, y si lo creo yo es que es de interés, y no se hable más. Le pido  que ordene el cese de la portavoz parlamentaria del Partido Popular que creé yo como continuidad de Alianza Popular que, no hace falta decirlo, pero lo digo, fundé yo también. Lo de Coalición Democrática también fue cosa mía pero no abundo porque fue un chasco. 

Si le entiendo bien don Manuel me pide usted que cese a Cayetana por llamar hijo de terrorista a Pablo Iglesias, al cual espero que no confunda con el socialista que usted trató en su juventud. El otro vivió en el hospicio de Madrid pero por las fotos se vestía con pulcritud  mientras que éste tiene casa de ricos pero luce pinta de matasiete de barrio  y en el banco azul se escarrancha como si nos retara a duelo en O.K. Corral.

- Aquel paisano mío, tipógrafo tan honesto como errado, murió cuando yo tenía tres años. Me extraña que maneje usted tan mal los tiempos históricos pues al parecer se ha licenciado casi sin despeinarse. Yo gané licenciaturas, doctorados y cátedras para dar y tomar, pero tuve que estudiar con ahínco y con la misma desmesura escribí libros a mogollón y los tengo todos en la cabeza, grande, donde cabe España también grande. Efectivamente esa señora ha meado fuera del tiesto y no es la primera vez.

Yo hice crecer al Partido cuando me desprendí de los “siete magníficos”, los dinosaurios Silva Muñoz, López Rodó y demás. Bueno dejé solo a uno, que era yo. Soltando lastre  y carcundia  me acerqué sinceramente a la democracia en la que pensaba llegar a ser un Churchill, (por eso me puse un bombín cuando regresé de embajador en Londres) aunque me quedé un poco más abajo.

Presenté a Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI y eso nos benefició  a los dos. Al PCE, que era el único que había luchado contra nosotros, los del PSOE le robaban la cartera y le lanzaban  los epítetos que inventé yo cuando era ministro de Información. El Rey Juan Carlos, Suarez y Carrillo fueron los grandes hacedores de la Transición; después yo y González… por éste orden. Redacté y aprobé la Constitución, tragándome muchos sapos, pero de esa conversión sacó frutos el Partido Popular que al desmoronarse aquel invento de la UCD pudo ocupar el amplio espectro del centro derecha.

Me pide que despida a Cayetana que es nuestro mayor espolón contra el socialcomunismo pero usted fulminó de la secretaría general a Jorge Verstrynge cuando se enteró de que era un rojo infiltrado.

- Ese señor del que me habla no era rojo ni infiltrado, ni señor siquiera. En mi presencia babeaba y a mis espaldas me llamaba zapatones. Lo despedí por eso, porque era tonto. El Parlamento se ha convertido en un  establo en el que rebuznan señorías sin desasnar y sin cabestro. Nosotros tuvimos al deslenguado Alfonso Guerra pero no pasó de llamar  tahúr del Misisipi a Suarez, que lo era un poco. Nada que ver con las palabras sin mesura y las ofensas personales de la señora portavoz. ¡Parece mentira con los colegios en los que se habrá educado! 

La gente puede tomar el espectáculo actual del Congreso de dos formas y las dos igual de peligrosas: o riéndose de los políticos como de monos de feria o imitando en la calle su violencia. 

Si quiere gobernar ayude lealmente a acabar con la pandemia, baje los decibelios y olvídese de Vox, que irá decayendo; acérquese usted a esa señora joven y acicalada de los Ciudadanos, a los sacristanes del PNV y a los catalanes solventes que reaparecerán pronto, y con eso ya tiene los mimbres para ir componiendo el cesto. Tenga  paciencia y no fuerce el tipo de duro, que no le pega.

Por último dele ánimos a Su Majestad, a quien su señor padre le está amargando el reinado y se le está poniendo al pobre semblante y barba de Amadeo de Saboya.

Fraga-Casado, llamada desde el purgatorio
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