viernes 03.07.2020
ALFONSO ROLDÁN Y MOHAMED HAIDOUR

Federico Corriente y los gilipichis

En recuerdo del arabista y académico de la Real Academia Española fallecido recientemente.
Federico Corriente
Federico Corriente

-  “¡Ángela María!”, exclamó agotada. “¡Que si quieres arroz Catalina”. Por muchas nanas que cantara al bebé no había forma de que éste se durmiera.

-  “Manda huevos”, exclamaba el padre ya bastante alterado, y bastante antes que la pronunciara Federico Trillo cuando presidía el Congreso de los Diputados. “Nosotros sin dormir y él erre que erre. Como no sea por arte de birlibirloque no va a haber manera”…

Aunque parezca mentira en tan poco texto nos encontramos con seis expresiones que no son lo que parecen y que tienen su origen en nuestros antepasados andalusíes. La clave nos la dio con una vida de estudio Federico Corriente Córdoba que fallecía el pasado 16 de junio a los 79 años.

Federico Corriente fue lexicógrafo, arabista y académico de la Real Academia Española desde el año 2018. Curiosamente fue miembro de la Academia de la Lengua Árabe de El Cairo desde 1992, pero fundamentalmente era un audaz genio especializado en  desempolvar una importante  parte de nuestro legado cultural y  de nuestra historia. Como relataba la profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, Luz Gómez García: “Pocos se pueden imaginar hoy la conmoción que supuso la aparición de su Diccionario árabe-español en 1977”.

Y es que habían transcurrido cinco siglos desde que nadie publicara un diccionario bilingüe árabe-español. Luz Gómez García aseguraba que Corriente era considerado “el mejor lingüista del árabe andalusí, una disciplina que fundó en los años sesenta a pesar del rechazo y la fuerte resistencia de los mandarines del arabismo peninsular, empecinados en la españolización del pasado ibérico árabe”. Pero no olvidemos el origen de las expresiones de las primeras líneas:

- “Ángela María”: Su origen es la expresión andalusí “ingilá almaríyya”, que se utilizaba cuando a la novia se le quitaba el velo al casarse. Es decir, “quedar la realidad a la vista”

- “Que si quieres arroz Catalina”. Cuando en al-Ándalus una mujer se casaba por segunda vez, se hacía una pregunta durante el rito: “Tiríd ‘ala rrus, aqtá’lina”. Que significa: “¿Quieres a este esposo ante todos? Acláranoslo”.

- “Nana, nanita”. En al-Ándalus las nanas comenzaban “nám, nám, nám, ínta”, por eso las llamamos nanas hoy día. Significaba, “duerme, duerme, duérmete tú”.

- “Manda huevos”, que realmente se debería escribir “huebos” pues no hace referencia a la raíz latina “ovo”. Es mezcla de romance y árabe y significaba, “disfrútalo a la fuerza”.

- “Erre que erre”. Su origen está en los arrieros moriscos que gritaban (igual que hoy gritamos) “arre” y que están referidos directamente a los órganos sexuales femeninos.

- “Birlibirloque”. En realidad procede de turco y significa “por orden del Gobierno”.

Todas estas expresiones y muchas más las explicó Federico Corriente en su discurso de ingreso en la Academia, texto fácilmente accesible en internet, cuyo acto también se puede disfrutar  en YouTube. Su título -“La investigación de los arabismos del castellano en registros normales, folklóricos y bajos”-,  invita a una lectura y reflexión sesudas del contenido del mismo. Un texto tan solemne, serio y riguroso, como interesante, sorprendente y humorístico, especialmente en su recta final. El flamante académico a sus 77 años no tuvo inconveniente ni prudencia  al recomendar a los miembros de la Real Academia un rejuvenecimiento de la institución, porque “no puede seguir siendo un geriátrico”.

En aquella jornada ocupó la silla “K” mayúscula, que había sido ocupada por una imprescindible de las letras castellanas: Ana María Matute. Corriente mostró su admiración por la escritora. Él, como lingüista, se diferenciaba de ella, escritora. “Los lingüistas somos mecánicos y relojeros y los escritores estetas e ingenieros”, explicó. Sí coincidió quien fuera Premio Cervantes de Literatura con Federico Corriente en llevar a cabo un “alejamiento docente voluntario”. También en su discurso de ingreso en la RAE dejó entrever cierto mal sabor de boca por el poco reconocimiento e incomprensión de sus estudios en España.

Siendo como era un amante de la lengua española, su lengua materna, tuvo que escribir diccionarios, artículos y ensayos en inglés, francés, alemán… Fue docente en Egipto, Marruecos, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra y Rusia hasta que recaló en España. Primero en Madrid y finalmente en Zaragoza, donde le encontró la de la guadaña.

Como diría un castizo de la capital es que hay mucho “gilipichi”, que en realidad es otra expresión andalusí como  insulto que utilizaban las mujeres en Marruecos en las lavanderías y viene a significar “hermafrodita”.

Ese amor por la lengua española le llevó a aceptar sendos encargos de la RAE y de María Moliner, para detectar errores etimológicos de arabismos. No entendió por qué la RAE no aceptó todas sus aportaciones y María Moliner sí. Pero sí se encargó de dejar claro que ambos trabajos los realizó sin recibir remuneración alguna.

Nos recuerda Virginia Luque Gallegos, historiadora y miembro de la Sociedad Española de Estudios Árabes, que si no hubiera sido por los meticulosos estudios de “don Federico”, no disfrutaríamos de la obra de Ibn Hayyān ya fuera el Muqtabis V y el Muqtabis II. Testigo de la desintegración del califato omeya, el cordobés Ibn Hayyān (988- 1076) deslumbró con su obra “Muqtabis”: “el que toma la candela de otro” considerándose el mayor historiador de la Edad Media peninsular, tanto cristiana como musulmana. Conservada parcialmente, narra el esplendor y decadencia omeya así como la trágica descomposición del al-Andalus en reinos de taifas. Tampoco podríamos conocer las andanzas y cancioncillas del pícaro zejelero cordobésés Ibn Quzmān que Corriente tradujo y editó en su célebre Cancionero hispano-árabe.  

Y añadimos que Arturo Pérez- Reverte no habría tenido a quien agradecer que le echara una mano con el vocabulario andalusí del siglo XI en su última novela, “Sidi”, que nos muestra un Cid Campeador, unos cristianos, judíos y musulmanes diferentes a lo que marcan los estereotipos y los perjuicios.

La obra y el estudio de Corriente forman parte de la insólita y no menos importante herencia cultural y histórica españolas, pero lo que es cierto también, constituye un indispensable bagaje y un referente  para que pueblos y culturas, que comparten raíces, linajes y un sinfín de vínculos obran para un mayor y mejor aprovechamiento del mismo en beneficio del bien común, que nos aleja de las instrumentalizaciones malintencionadas que lo único que pretenden es sembrar cizaña y odio.

En 1492 no hubo una Reconquista, sino una “conquista” cristiana” que convirtió a la península en algo diferente. Como diferente fue en la Hispania romana, o la visigoda, o la cristiana tras la caída de Granada. Los actuales españoles son hijos de ocho siglos de al-Ándalus. Aún hoy, en 2020, nos faltarían dos siglos para igualar esa marca temporal desde la conquista de los Reyes Católicos. España comparte los mismos genes que buena parte de los pueblos del norte de África. Y viceversa.

Como nos recuerda Jesús Greus en “Así vivieron en al-Ándalus. La historia ignorada”, fue un periodo en que gran parte de la península Ibérica hubo “una nación adelantada a su tiempo, donde brillaron las artes y las ciencias un centro de saber que irradió a Europa y posibilitó el fenómeno científico, literario y artístico”. Los sabios andalusíes difundieron la filosofía de la antigua Grecia, abrieron rutas marítimas con la brújula, enseñaron la numeración india, introdujeron métodos de irrigación para los campos, fabricaron papel para sus libros…

Pero además asentaron el mestizaje. Guste o no se mezclaron sangre e ideas y somos la suma de  todo aquello. Lo aberrante es que líderes políticos, a lo largo de los siglos han querido borrar y manipular la historia -por arte de birlibirloque, nunca mejor dicho-, de un periodo en que convivían y también guerreaban españoles musulmanes, judios y cristianos.

A la lima y al limón (ala ´alima al´alimun : “ea, sepan los que deben saber”), sirvan estas líneas de homenaje a Federico Corriente y a todas esas persona que buscan tender puentes en vez de levantar muros entre pueblos hermanos.

Alfonso Roldán Panadero y Mohamed Haidour

Federico Corriente y los gilipichis
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