miércoles 8/12/21
MEMORIA DEMOCRÁTICA

La existencia de las fosas de Belchite en 2021 es la prueba de una democracia enferma

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Fosa de Belchite.

Resultan estremecedoras las primeras escenas de la recuperación de los cuerpos de republicanos y socialistas asesinados por los rebeldes en las fosas de Belchite, pueblo de la provincia de Zaragoza. Con la creación de la Asociación Mariano Castillo -alcalde socialista de Belchite asesinado en los primeros días de la guerra- para la recuperación de la memoria democrática de Belchite se dieron los primeros pasos para completar la historia de la localidad, y con la publicación en el BOE del 1 de julio de 2021 de las primeras partidas para la exhumación de los y las asesinadas por el fascismo comenzaba el esclarecimiento de una parte olvidada de la historia de Belchite.

Según el presidente de la Asociación Mariano CastilloJosé Vidal, "puede haber 400 personas enterradas, 325 de Belchite y el resto de pueblos cercanos, como Mediana, Fuendetodos…". Los asesinatos corrieron a cargo de la Falange, Acción Ciudadana y Guardia Civil de Belchite. La mayoría de los cuerpos encontrados pertenecen a hombres jóvenes, de entre 18 y 23 años, que están descalzos. También alguna mujer con restos de las zapatillas que llevaba en el momento del fusilamiento. “Los cuerpos están entrelazados, algunos atados de pies y manos y boca abajo”. Algunos cráneos tienen impactos de proyectiles, que corresponden a tiros de gracia. Los restos serán llevados al laboratorio para identificar a las víctimas y hacer el estudio genético

Hagamos una mención especial al alcalde socialista, según datos aportados por el periodista Miguel Ángel Conejos Montolar en el artículo Belchite no es sólo una batalla publicado en Arainfo, Diario Libre d´Aragón.  Mariano Castillo sería detenido en Belchite por la Guardia Civil a finales del mes de julio de 1936, decidiendo así el cuerpo policial decantarse por dejar el consistorio en manos de los sublevados. A partir de ahí sus días de cautiverio se convirtieron en un verdadero martirio del que quedó constancia en un manuscrito escrito por el propio Castillo en prisión, y que vería la luz en los años 90.

La democracia ha sido poco generosa y nada empática con los represaliados por la dictadura. Se ha impuesto «pasar página». Paradigma de la impunidad del poder

Creyendo que es seguro que me matan, después de grandes tormentos, me mato yo, así no tienen el gusto de hacerlo. Soy inocente y buenoadiós esposa, madre y hermanos, que mi sangre sea la única vertida en este pueblo”. Con esta contundencia comenzaba uno de los últimos párrafos de este emotivo manuscrito.

Pero finalmente, no sería él quien acabara con su vida y, pese a que se desconoce realmente las circunstancias de su muerte, se sabe que fue asesinado a manos de sus captores, apareciendo su cuerpo en el paraje denominado las Borderas, siendo asesinados también su hermano y su esposa.

En el sumario relativo a los hechos sucedidos en las primeras semanas tras el golpe militar la fiscalía acusó en 1937 a Pascual Gardeta, médico del pueblo, de mantener con vida a Mariano Castillo con el fin de que pudiera ser fusilado.

El historiador Ángel Alcalde Fernández ha estudiado en diversos artículos la “extremada violencia del alzamiento” en la localidad de Belchite, a manos de los golpistas en diferentes sacas y paseos, durante las primeras semanas tras la sublevación. En su artículo de 2010 La «gesta heroica» de Belchite: construcción y pervivencia de un mito bélico franquista (1937 ­2007) nos cuenta:

“Belchite, villa zaragozana de unos 4.000 habitantes y cabeza de un partido judicial caracterizado por su ruralidad e inclinación conservadora, no tuvo una trayectoria especialmente azarosa hasta 1936. En ella, el republicanismo de izquierdas se había labrado un espacio político notable en los quince años anteriores, encarnando una muy activa oposición al caciquismo conservador tradicional. Salvo excepcionales conatos de violencia y tensiones propias del periodo y el contexto, no hubo una conflictividad excesiva a lo largo del sexenio republicano. Pero ello no debe ocultar la existencia de una cierta fractura social, que saltó apalancada por el golpe de Estado de 18 de julio de 1936. La extremada violencia del «Alzamiento» se dejó sentir atronadoramente en la villa, al ser asesinadas, a lo largo del verano de 1936, entre 100 y 300 personas, según distintas fuentes. Esta fuerte inversión represiva tuvo como consecuencia la práctica desaparición de cualquier oposición activa al bando rebelde entre el vecindario civil de Belchite, pues la cercanía del poroso frente de guerra facilitó el éxodo de familias a la zona ocupada por las milicias obreras, o a otros lugares de la retaguardia franquista donde escapar a la represión o a los combates y bombardeos”.  Hay un espacio abierto de bastantes kilómetros para transitar de una zona a otra.

Para conocer más detalles, que exceden la amplitud de este artículo, de esta auténtica tragedia Ángel Alcalde también ha escrito otro artículo titulado «El campo de Belchite antes y después de una guerra: delitos, faltas y violencias (1927-1950)», Rolde. Revista de cultura aragonesa, 130-131 (2009).

Sorprende que hasta hace poco no se haya producido una reclamación de esos cuerpos por parte de sus familiares. El alcalde actual de Belchite, Carmelo Pérez Díez del Partido Popular en una breve entrevista para el programa Aragón Noticias de Antena TV Aragón, del pasado día 25 de octubre, aducía que nadie del pueblo había reclamado tales cuerpos. Por lo que vemos ningún ayuntamiento ha tenido interés alguno en recuperar y dignificar a todos esos conciudadanos asesinados. Entre los asesinados habría hijos, nietos, hermanos, sobrinos y nadie los reclamó. No obstante, los familiares de los fusilados huyeron muy pronto, como hemos comentado, hacia la parte leal para evitar ser represaliados. Y también, por el miedo que el franquismo inoculó a muchos hasta las mismas entrañas. Más que miedo, auténtico terror.  Y De ahí, el silencio. Y especialmente en el pueblo de Belchite. Nadie ha querido hablar. Y ese silencio se ha plasmado en el desconocimiento general de esa auténtica masacre por parte de la sociedad aragonesa. Yo llevo mucho tiempo trabajando el tema de la represión franquista en Aragón y tengo que reconocer mi desconocimiento de estas fosas de Belchite, hasta que hace un par de días irrumpió la noticia de su apertura en numerosos medios regionales o nacionales. Ese silencio es el gran triunfo de la dictadura. 

Termino con unas reflexiones. En el cementerio de Belchite, en el mismo corazón de Aragón, a solo 50 kilómetros de su capital, Zaragoza, en 2021 tras 43 años de democracia, todavía encontramos estas fosas de fusilados, de republicanos y de socialistas. Y luego alardeamos de disfrutar de una democracia plena. Es una concepción muy incompleta de nuestra democracia. ¿Se puede cimentar una democracia sobre innumerables fosas de fusilados por parte del bando rebelde desperdigadas todavía por toda la geografía española? A mí me cuesta mucho esfuerzo aceptar que disfrutamos de una democracia, y supongo que también a muchos de mis conciudadanos, aunque de esto último tengo cada vez más dudas. Digo que cada vez tengo más dudas. Hay una fuerza política con 52 diputados en el Parlamento que justifica el golpe militar y la dictadura. Y tras esos 52 diputados hay 3.656.979 votos de españoles, para los cuales el golpe militar, la dictadura con sus gravísimas secuelas, como las comentadas, parece que les resultan irrelevantes. Y otra fuerza política que ha gobernado y aspira a hacerlo en el futuro que no ha condenado taxativamente la dictadura. El que fue presidente, Mariano Rajoy alardeó que para la Memoria Histórica destinaba cero euros. Es decir que no tenía interés alguno en sacar de las fosas y de las cunetas a muchos de sus compatriotas para darles una cristiana sepultura. Que se pudran. Jordi Evolé, en una entrevista al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le preguntó: “¿Le parece de sentido común que en 2016 miles de españoles todavía no sepan dónde están enterrados sus abuelos?” La repuesta de Rajoy: “A mí me gustaría que todo el mundo supiera dónde están enterrados sus abuelos, pero no, no tengo claro que sea cierto eso que usted dice, ni que pueda hacer nada el Gobierno para arreglarlo”. Y añadió: “Lo que me parece más de sentido común es que intentemos que esas cosas no se vuelvan a repetir en el futuro y no estar dándole vueltas de una manera continuada al pasado”.

Algo está fallando en nuestra democracia. Y podemos encontrar la respuesta en una Transición muy deficitaria. Nuestra Transición no fue modélica, en absoluto, ya que se basó en la amnistía y en el olvido, en lugar de la justicia y de la verdad. Hubo un olvido deliberado de los acontecimientos traumáticos de la guerra civil y la dictadura, lo que suponía la invisibilidad de las víctimas del franquismo. Tuvo que ser la generación de los «nietos de la guerra civil» y las exhumaciones de las fosas para que la situación cambiara. Al inicio de la Transición se dijo que era demasiado pronto y podría impedir el establecimiento de la democracia-lo que no deja de ser cierto-; y ahora cuando se abren estas fosas, desde determinadas fuerzas políticas, medios, y amplios sectores de la sociedad se dice que se reabren las heridas. 

La democracia ha sido poco generosa y nada empática con los represaliados por la dictadura. Se ha impuesto «pasar página». Paradigma de la impunidad del poder. La única forma razonablemente justa y duradera de pasar página está escrita hace décadas: pedir perdón, reconocer el daño causado, repararlo en la medida de lo posible y arbitrar garantías de no repetición. Pero esto hoy en España para muchos les resulta irrelevante e intrascendente, lo cual es una muestra del alto grado de degradación ética en amplios sectores de nuestra sociedad.

La existencia de las fosas de Belchite en 2021 es la prueba de una democracia enferma