domingo 26/9/21
MEMORIA HISTÓRICA

Eugenesia y esterilización en España

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Eugenesia positiva y negativa

En el principio, se definió la eugenesia como conjunto de principios y reglas cuyo fin era mejorar la especie cuidando la herencia. O, como se decía de forma despectiva en la revista La Moda elegante: “esa nueva ciencia que tiene por objeto inquirir las condiciones que deben reunir los padres para estar seguros de engendrar hijos a los cuales no se les pueda aplicar el bochornoso epíteto de degenerados” (14.9.1921).

El término se fue ampliando de un modo tan desorbitado que algunos católicos la llegaron a calificar de “eugenesia pringosa y pornográfica”. Y todo porque en ella se incluía la higiene sexual, los anticonceptivos, el amor libre, el divorcio y, mucho peor aún, el aborto. Desde este punto de vista, no extraña este tipo de publicidad sobre el libro de Juan Noguera, Moral, Eugenesia y Derecho, publicada en El Sol (18.4.1930):

Y dieron origen a tomarse el término y lo que representaba de modo irónico y humorístico, objeto de la sátira de quienes no comulgaban con sus extremos o de los excesos a que algunas interpretaciones aberrantes de la eugenesia dieron lugar, como reflejaba estas dos noticia publicada por Heraldo de Madrid en enero julio de 1927 y en enero de 1930 respectivamente:

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Para enturbiar más si cabe el concepto, se distinguió entre eugenesia positiva y eugenesia negativa. Poreugenesia positiva se entendió el fomento de la procreación entre seres de mejores cualidades genéticas. O, como en el caso de la eugenesia positiva propugnada por el fascista Vallejo Nájera, el desarrollo de “las cualidades ideológicas contrarrevolucionarias”. 

Por eugenesia negativa se entendía aquel conjunto de técnicas e impedimentos de la procreación aplicados a seres con “cualidades genéticas degeneradas”. Entre los impedimentos considerados “blandos” figuraban la prohibición de matrimonios entre parientes y, en especial, entre seres “degenerados”. No entrañaba una intervención quirúrgica. Sí, en cambio, entre los impedimentos duros, donde se contemplaba la castración, la esterilización, la asexualización y el aborto. A propósito de los matrimonios entre miembros de la misma familia, la libertaria revista La Revista Blanca (9.7.1934) contestaba así a una pregunta de sus lectores:

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Con relación a los fines de la eugenesia fueron tan innumerables que algunos teóricos la convirtieron en la gran panacea biológica, política y social. Su aplicación mejoraría la raza terminando con los degenerados, fueran psicópatas, delincuentes y criminales -objetivo irrenunciable de las clases altas. Lo mismo sucedería con la prostitución, esa “situación oprobiosa de la mujer”, la sífilis o avariosis y la tuberculosis, además del alcoholismo y la ignorancia. 

En definitiva, la eugenesia se “inventó” para dar acceso a la reproducción de los sujetos mejor dotados genéticamente y, ¡qué casualidad!, coincidían con sujetos pertenecientes a la clase media. Y, al mismo tiempo, cortar de cuajo la reproducción de los ineptos, es decir, de quienes mostrasen alguna “tara de fábrica”, fueran débiles mentales, delincuentes, vagabundos sin trabajo fijo, diabéticos o epilépticos.

Hay que anotar que en 1885, sin que todavía existiera la eugenesia, se votó una ley en el Estado de Kansas por la que se castigaba con la castración a los negros y mulatos que abusaran o forzaran a una mujer blanca. En Europa, en 1886, el psiquiatra suizo Auguste Forel convenció a los funcionarios suizos del cantón de Vaud de iniciar una campaña de higiene racial, donde se proponía la idea de castrar a los anormales psíquicos, argumentando, además, que la operación podría curar el histerismo. 

Su idea la recogerán algunos psiquiatras clínicos, pero ninguno hablará de la operación con fines eugenésicos. Sería G. L. Zacarelli quien en 1895 emprenda una activa campaña, con la idea de demostrar la conveniencia de esterilizar a los locos, epilépticos, tuberculosos, alcohólicos y criminales instintivos.

En 1897, en el Estado de Michigan se propuso una ley de esterilización que fue rechazada. El Estado de Pennsylvania votará en 1905 una ley de esterilización, que no llegó a promulgarse, por impedirlo el veto del gobernador de Estado. 

Se puede afirmar, por tanto, que el primer país en que se radicalizó y aplicó la “eugenesia negativa y dura” fue en EE.UU aunque ni siquiera dicha palabra se utilizara. Dicha práctica se extendió en otros países europeos, cuyo caldo de cultivo estaba más que fecundado por las ideas de Forel y Zaccarelli. 

Luego, se desparramó en otros países europeos, incluida Alemania, donde la Republica del Reich la utilizó  para implantar un racismo de raza y un racismo político, del que mamaría el psiquiatra del franquismo Vallejo Nájera.

Hay que indicar que las discusiones científicas europeas acerca de la esterilización eugenésica se plantearon por primera vez en la reunión anual de los psiquiatras suizos del año 1905, en la que por unanimidad se tomó el acuerdo de recomendar la esterilización de los psicópatas, previo el cumplimiento de ciertas prescripciones legales, con las que, seguramente, no estarían de acuerdo sus destinatarios.

Algunos datos

En 1907, la esterilización obligatoria adquirió valor legal en el estado de Idaho. A partir de ese momento, le siguieron Connecticut, Iowa, Indiana, Nevada, California, Nueva Yersey, Washington, Nueva York, Utah… Y se establecieron leyes prohibitivas del matrimonio entre imbéciles e idiotas en Kansas, Michigan y Delaware…

Este era el mapa que reflejaba el estado legislativo de la esterilización eugenésica en los Estados Unidos y el número total de operaciones por cada estado hasta enero de 1935:

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Fenómeno que no pasaría inadvertido a periodistas como Albert Edward Wiggan quien publicaría artículos con títulos tan directos como el que refleja la portada de esta revista: "¿Debemos reproducir o esterilizar a los defectuosos?", y donde describía la eugenesia como si fuese un plan de Dios.

6Eran leyes que permitían la esterilización coercitiva estatal, siempre que fuese decidida por un Tribunal y aplicada a individuos recogidos en instituciones públicas considerados como débiles mentales, locos, epilépticos, criminales habituales, degenerados morales y perversos sexuales, quienes con sus actos y descendencia amenazaban la sociedad (de los ricos) con sus actos y descendencia

En el primer congreso internacional sobre Eugenesia, celebrado en Londres, en 1912, la delegación norteamericana presentó un informe sobre “la esterilización obligatoria como el mejor método para eliminar el germoplasma defectuoso”. 

Quienes argumentaron en contra de ella dijeron que la eugenesia no era siquiera una ciencia, menos aún unapráctica útil para regenerar la especie. Otros arguyeron que el “carácter coercitivo y brutal” de la esterilización era indigno de la condición humana. 

El anarquista Kropotkin, asistente al congreso, consideraba que una alternativa mucho más beneficiosa que la esterilización para mejorar la raza era aplicar políticas sociales beneficiosas para las clases desfavorecidas y conminaba a los congresistas con este impecable discurso: “Destruid los barrios degradados, construid vivienda saludables, abolid la promiscuidad entre niños y adultos, y, no se asusten, como tan frecuentemente lo hacen ahora, de “hacer socialismo”; recuerden que pavimentar las calles, traer suministro de agua a las ciudades, es lo que ya comienzan a llamar “hacer socialismo” y entonces habrá mejorado el plasma germinal de la siguiente generación mucho más de lo que hubiera hecho cualquier dosis de esterilización”.

7En 1924, una anécdota que se hizo viral en la prensa eugenésica fue lo sucedido en el estado de Virginia. Referían los periódicos que fue “esterilizada una imbécil llama Carrie Buck que era hija de madre imbécil y madre de un niño ilegítimo imbécil”. 

La familia apeló a los tribunales y el proceso llamado “Buck versus Bell” fue elevado hasta el tribunal supremo en 1927, el cual decidió sancionar la operación, fundando la sentencia en que “era preferible permitir estas operaciones inocuas impuestas como la vacunación, en beneficio del Estado, que esperar a ejecutar a los descendientes criminales o condenarlos a reclusión perpetua institucional por imbecilidad, epilepsia y otras afecciones degenerativas. El magistrado, llamado Holmes, al declarar esta decisión del alto Tribunal, exclamó: “¡Tres generaciones de imbéciles ya son bastantes!” frase que se hizo célebre en América del Norte, como “santo y seña de la cruzada eugenésica”.

8La mentalidad norteamericana consideraba que la esterilización no era una pena impuesta, sino “una medida protectora”, como la vacunación. 

La justicia americana sostenía que la esterilización estatal involuntaria solo podía ejecutarse si tenía carácter eugénico bien probado, racial, pero no un fin terapéutico “en cuyo caso deberá ser hecha de acuerdo con la voluntad del enfermo o de su pariente legalmente autorizado”. 

Andrenio, contra las leyes de esterilización americanas

El escritor Andrenio, seudónimo de Andrés Gómez Baquero, fue uno de los primeros escritores españoles en afrontar críticamente la eugenesia practicada en EE. UU. Publicó dos artículos en el semanario Nuevo Mundo, con fecha del 29 de septiembre de 1910, titulado “El cultivo del hombre” y “La Eugenesia en España”, publicado el 6 de octubre de ese mismo año.

En el primero, consideraba que la eugenesia o eugenia es “una de las novedades viejas que ha sacado a la superficie el hervidero de ideas y experiencias de la época actual” o “un arte y una disciplina social y ética, el arte de la buena generación y la disciplina para conseguirla”.

9Andrenio pensaba que “la eugenesia parece un lejano brote de aquella política espartana que ha ido a desarrollarse principalmente en los Estados Unidos, laboratorio universal de novedades y extravagancias”. Reconocía que la eugenesia se encontraba en estado de buena esperanza, o lo que es lo mismo en “estado de aspiración y propaganda, aunque va penetrando o pugna por penetrar en las legislaciones de los Estados Unidos, pero, como buen liberal, constataba que “llevada a sus últimas consecuencias, esta doctrina del cultivo de la especie humana representaría la más monstruosa de las tiranías que han conocido los hombres, el sacrificio más absoluto de los derechos del individuo ante los de la especie”.

Luego, con una clarividencia asombrosa, no solo con respecto al nazismo alemán, sino con muchos países socialdemócratas, diría: “Admitida la potestad de hacer inhábiles para la generación a los anormales, bastaría dejar que esta lógica anduviese algunos pasos más para llegar a la  conclusión de que era lícito matarlos, eliminarlos por completo, a fin de limpiar el cuerpo social de esos parásitos”.

Con relación al matrimonio, que tantos quebraderos de cabeza dará a los futuros eugenistas. Andrenio le auguraba un futuro negro si el Estado se convertía en el administrador y conservador de la pureza de la raza siguiendo criterios selectivos, que, con el tiempo, defenderá el fascista Vallejo Nájera. Dice Andrenio: “Igualmente, la política matrimonial de los impedimentos físicos conduciría, llevada a cabo a sus consecuencias extremas, a erigir al Estado en administrador del genio de la especiecasando las parejas, no con arreglo a sus inclinaciones e intereses individuales, sino mirado a los de la raza”. 

Andrenio rechazaba la idea de reducir el matrimonio a su función reproductora sometiéndola a la mejora de la especie, idea reduccionista común al Estado y a la Iglesia. Denunciaba que se utilizara la persona, no como fin del mejoramiento social, sino como medio para el progreso de la especie o de la raza

Defendía la libertad individual frente a la intromisión totalitaria del Estado y de la Iglesia. No dudaba en sostener que “libertad del individuo se ponía en peligro en la medida que se debilitaban sus ideas espirituales, incluso religiosas, que hacían de la persona un fin. El menoscabo de todo ello convertía la eugenesia en una “ganadería de hombres”.

En el segundo artículo, por el contrario, alababa la eugenesia a la española. Esta la veía representada por la imagen de un salmantino que creó un premio anual de mil pesetas para dotar a una señorita de buena constitución y buena conducta e instrucción, de quince a veintidós años de edad, que se case con un hombre de condiciones físicas y morales semejantes y edad adecuada a la de ella

Para Andrenio, “en la feliz combinación de requisitos de este premio, la eugenesia aparece espiritualizada y perfeccionada por exigencias morales y de cultura. Pues no se trata solo de procurar hermosos ejemplares del animal humano, de obtener la hermosa bestia rubia de que hablaba Nietzsche refiriéndose a las razas del Norte, y que en tierras de Castilla será con frecuencia un tipo moreno de casta libio ibera”.

Decía Andrenio que “el hombre es algo más que una especie zoológica”. Y era verdad, pero su idea angelical de eugenesia española, ignoraba los muchos problemas que la eugenesia estaba sacando a la luz y, al mismo tiempo, produciendo con sus propuestas biológicas englobadas en el concepto de eugenesia negativa dura.

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Federico Castejón y Martínez de Arizala (1911)

11Este cordobés, Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Sevilla, fue uno de los primeros juristas en defender sin tapujos la esterilización o asexualización aplicada a los llamados anormales. Lo hizo en un artículo titulado “Asexualización de los anormales” publicado en la Revista de Jurisprudencia y Legislatura, en 1911, cuyo contenido repetiría en las Jornadas Eugenésicas celebradas en mayo y junio de 1933 en Madrid.

El autor se preguntaba “si el Estado podía impedir que sean fecundos los degenerados”. Su respuesta fue tan rotunda como insólita. Se apoyaba en tres criterios. Apelaba a la sabia naturaleza, la cual de forma anticipada marcaba con el estigma de la esterilidad y de la impotencia a los anormales. Después, consideraba que era una obra de justicia impedir que nazcan hijos aquejados de mil enfermedades dolorosas que “pagan las culpas del desorden o desgracia de sus padres”. Y era una obra de humanidad “evitar la posibilidad de que vengan a la vida seres degenerados engendrados por padres ricos o pobres, estos en su mayoría, han de ser una llaga viviente, una plaga que toque al corazón con sus miserias y lacerías”.

Después de establecer estas “razones” justificativas de la asexualización de los anormales, requería la autoridad de distintos grupos de opinión favorables a su postura.

12Decía que “los malthusianistas no han de ocultar su regocijo, pues estaban de acuerdo con ello”. Pero, si nos atenemos al estudio de Chueca, “Eugenesia y neomaltusianismo”, publicado en la revista libertaria, Salud y Fuerza, veremos que, en principio, los malthusianos estaban en contra de la esterilización obligatoria y defendían que “la decisión de esterilizarse solo dependía de las convicciones personales, nunca del Estado”. Lo que era un matiz diferencial muy importante.

Con relación a los católicos, sostenía Castejón que “han mostrado su conformidad a la teoría, cuando han conocido la ley de un Estado que ponía aquella en vigor y la han aplaudido”. En su defensa apelaba a la autoridad de santo Tomás de Aquino quien justificaba la pena de muerte o la pena de inutilización o de la castración en función del interés de la sociedad. 

A ellos añadía a ciertos grupos defensores de la esterilización. Entre ellos figuraban: Federación de Ligas Eugénicas, presididas por Leonard Darwin, sobrino de Galton; Generación ConscienteFederation universelle pour la regeneration humaine, fundada en Paris en 1930; y a los Congresos internacionales de Eugénica: Londres (1912); Nueva York (1915, 1922, 1932).

En su opinión, “la esterilización se aplicaría a delincuentes degenerados, anormales (asexualización de los anormales como medida de profilaxis social sin llegar a extremos crueles como la exposición de niños deformes (Esparta), degenerados deficientes y epilépticos”.

Como se ha dicho, Castejón defendió esta medida en un artículo publicado en 1911 en la Revista de Legislación y Jurisprudencia titulado “Asexualización de anormales”. Sostenía que su maestro Saldaña se opuso a sus ideas en 1914, pero “ha rectificado en parte después, opinando que la esterilización no destruye el sexo, sino el peligro de transmisión de la tendencia por el sexo”. Luego, veremos la postura de Saldaña, republicano y antifascista.

Junto con Saldaña citaba a “la malograda escritora Hildegart que acepta la esterilización porque no es un peligro, ni una pena, ni un castigo, sino una fórmula de higiene social preventiva”. Ya él podía añadirse la gran figura de la genetista gallega Gimena Fernández de la Vega, que estudió la aplicación de las leyes de Mendel a la herencia humana, así como de la importancia de las mutaciones, como factor de progreso evolutivo y causa de la aparición de enfermedades.Gimena/Jimena era discípula de Novoa Santos, de Marañón y Pittaluga y, por cierto, tía de María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del gobierno de Zapatero. 

14Castejón confiaba en que La Liga Española para la Reforma Sexual sobre bases científicas intentase ganar “adeptos para este interesante movimiento en lo que se refiere a la asexualización de anormales y delincuentes”. Distinguía la esterilización obligatoria como medida médica -aborto eugénico-, como medida legal-, en virtud de una disposición penal-, como medida administrativa y con fines preventivos y como medida de seguridad posterior a la ejecución penal.

Y la esterilización voluntaria del que desea ser esterilizado a su propuesta o a la de personas que den por él su conformidad.

Afirmaba F. Castejón que el más destacado adversario de la esterilización fue Jiménez de Asúa que “se opone a la esterilización respecto a delincuentes, porque no está categóricamente demostrado que la delincuencia sea oriunda del factor hereditario, pues el delito acusa a su filiación sociológica en la mayoría de los casos. También a los enfermos mentales, porque los problemas de la herencia iluminados hoy con nueva luz por la doctrina mendeliana todavía no nos han entregado todos sus misterios y es harto audaz fundamentar en tan inseguras bases, medidas de tanta transcendencia” (“Eugenesia y criminalidad”, conferencia pronunciada en la Primeras Jornadas Eugénicas Españolas, tenidas en Madrid del 21 de abril al 10 de mayo de 1933, y publicada en Genética, Eugenesia y Pedagogía sexual. Tomo II., por E. Noguera y L. Huerta).

13En efecto, Jiménez de Asúa en la Revista de Ciencias jurídicas y sociales (1918), en un artículo titulado  “La esterilización de los anormales y delincuentes incorregibles”; en su libro La política criminal en las legislaciones europeas y norteamericanas (1918) y en su artículo “La autorización para exterminar a los seres humanos desprovistos de valor vital” (Revista de Ciencias jurídicas y sociales, 1921), se había manifestado forma contundente en contra..

Tiene su particular interés recordar la caracterización que Jiménez de Asúa hizo de Castejón. Lo presentó como “servidor sin escrúpulos de todos los regímenes, quiso ser diputado en la monarquía, aduló a la República y luego se hizo, al triunfo de Franco, decidido falangista”.  De hecho participó en la redacción del anteproyecto del Código Penal formulado por Falange en 1938, y que, finalmente, fue la base del definitivo Código Penal de 1944.

Asúa tenía a Castejón como un hombre sin talento, que formaba parte del “atropellado haz de penalistas” que llegó a las prensas durante el régimen autoritario “a pesar de sus muchos años, que le exigían formalidad” (Jiménez de Asúa, Tratado de Derecho Penal, Tomo I, Buenos Aires, 1950).

No andaba desencaminado Asúa. 

Con el tiempo Castejón se erigió en defensor acérrimo del franquismo. Formó parte de la lista de los veintidós juristas designados por el Ministerio de Gobernación franquista, que elaboró el dictamen sobre la ilegitimidad de los poderes actuantes del 18 de julio de 1936”, documento publicado el 21 de diciembre de 1938, “justificando” la sublevación militar, asunto del que ya escribimos en su día en Nueva Tribuna, y que provocó la guerra civil española

Baldomero González Álvarez (1915)

15El doctor Baldomero González Álvarez, médico de Cámara del Rey, representante en el senado de la Real Academia de Medicina, presentó, en diciembre de 1915, en la Alta Cámara en forma de proposición de Ley el siguiente texto: “Para contraer matrimonio se precisa la sanidad de los dos cónyugesSe prohíbe, por tanto, el matrimonio cuando cualquiera de los contrayentes padece enfermedad o estado orgánico transmisible, hereditaria o congénitamente a la descendencia” (Artículo 1º de la proposición de ley y ello es terminante).

La revista Mundo Gráfico consideró que tal proposición era un buen resumen de “las aspiraciones y los dictados de la ciencia eugénica que alguna vez hemos hablado en estas crónicas”. 

En la redacción del 2º artículo de la proposición se confiaba a la Real Academia de Medicina “el establecimiento del cuadro de enfermedades o estados orgánicos que son impedimento para el matrimonio. Habrá de distinguir los permanentes de los temporales. Ese cuadro será revisado cada diez años. No se dará licencia para matrimonio si no cuando entre la documentación de los aspirantes a contraerlo aparezca el certificado médico de sanidad, expedido dentro de los veinte días anteriores. Lo mismo el médico que certificar en falso que los funcionarios que sin ese requisito autorizaran el matrimonio, incurrirían en rigurosas sanciones penales”.

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La revista Mundo gráfico consideró que estos eran los rasgos característicos de la interesantísima iniciativa parlamentaria que su autor razonaba en un persuasivo preámbulo y del que reproducimos su primera página.

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El doctor Baldomero González Álvarez en su preámbulo recordaría que el número de nacidos-muertos había pasado de 1900 a 1914 de un total de 15.303 a otro de 16795, lo que consideraba “como síntoma de varias de las consecuencias siniestras de dejar abandonadas al instinto las funciones de la generación, sean cuales sean las condiciones sanitarias de los padres”.

En el terreno específico de los mozos alistados en el ejército hacía esta perturbadora descripción estadística: “El total de mozos declarados útiles en toda España, por cuenta del reemplazo de 1914, fue de 9.6221 hombres. Pues bien, el número de modos totalmente excluidos por defecto físico fue de 18.602 y el de los mozos temporalmente excluidos también por defecto físico, fue de 16330. Representan estas dos cifras el 36,5 por ciento de la primera”. La conclusión de don Baldomero era escalofriante: “Esto es definitivo como índice de la decadencia de la raza”.

Escalofriante porque de ella se derivaban dos conclusiones terribles. La primera, antesala de la segunda, decía que “como esa decadencia es degeneración, y como la degeneración es campo de cultivo para todas las desdichas sociales, desde la imbecilidad hasta el crimen, es cosa sabida de todos, de igual suerte que todos saben de qué manera es imputable a enfermedades o estados orgánicos de los padres una grandísima parte de aquella decadencia social”. Es decir, la maldita y fatal herencia que todo lo perturbaba de forma sistemática.

Y la segunda: “Parece, pues, de indiscutible lógica impedir que cuantos estén dañados de aquella manera puedan transmitir de generación en generación el propio mal”. La revista aplaudía esta proposición que le auguraba un fracaso parlamentario total, debido a que una ley así “en un pueblo como el nuestro, en tan lamentable atraso desde el punto de vista de la higiene y de la sanidad, una ley como la que pretende el señor González sería incluso bandera para una guerra civil”.

Además, añadía, “la Iglesia no se avendría a semejantes cosa”. Más todavía. La ley, por otra parte, resultaría una invitación al concubinato y lejos de remediarse las herencias morbosas se avivaría el mal que en ellas se trasmite por cuanto ponen en la degeneración de los pueblos las uniones ilegítimas, turbulentas y precarias”. O sea, que el remedio era peor que la enfermedad que se pretendía erradicar.

A pesar de ello, la revista se preguntaba “por qué no hacer comprender cuánto se sublima y enaltece el amor a la prole, absteniéndose de engendrarla bajo infalibles auspicios funestos?”. La propuesta que propugnaba la prohibición de contraer matrimonio a quienes padecieran enfermedades, hereditarias o congénitas, transmisibles, contemplando la aplicación de un certificado médico prenupcial, fue rechaza. 

Gonzalo Rodríguez Lafora

18El doctor Lafora, discípulo de Ramón y Cajal, amigo de Ortega y Gasset, krausista, republicano y exiliado en México tras la guerra civil, fue uno de los psiquiatras pioneros en afrontar el tema de la anormalidad mental infantil en España. 

En 1917, publicó un libro sobre Los niños mentalmente anormales (La Lectura, Madrid) y colaboró en la avanzada, pedagógicamente hablando, Revista Pedagogía con artículos sobre esta materia. Para conocer su periplo vital y profesional véase de Raquel Álvarez Peláez su incisivo ensayo Perspectivas psiquiátricas (CSIC, 1987).

Gran conocedor de las leyes de esterilización implantadas en Norteamérica -véase Vicisitudes de las leyes de esterilización eugenésica, de G, E, Marquina, 1936-, Lafora escribió varios artículos en el periódico El Sol bajo el epígrafe general de “Eugenesia práctica” y subtitulados, el primero, La esterilización para el mejoramiento de la raza humana, y los otros dos como “La esterilización eugenésica de los degenerados”.

19En ellos se referirá, retrospectivamente, a las leyes de esterilización de esos estados americano haciendo constar que en California desde enero 1909 a 1930 “se habían practicado 6.255 operaciones en locos incurables, degenerativos y en deficientes mentales (tres cuartas partes de esta cifra eran enfermos mentales”.

Aclaraba que “estas intervenciones quirúrgicas no extirpan glándulas ni tejidos, ni alteran la circulación ni las funciones secretorias, conservándose la función sexual, con la sola exclusión de la fertilidad, evitándose la reproducción de los degenerados sin privarlos por eso de su derecho al matrimonio”. 

Luego sostenía: “Cuando estas leyes se generalicen ya no tendrán que decir los médicos, como lo hacía el doctor García de la Serrana en su artículo Fundamentos materiales del divorcio (de la última Hoja de Medicina de El SOL), que si alguna vez presenciaríamos un matrimonio por error entre leprosos, “nuestra obligación sería imponerles desde luego la separación definitiva”. Es menos cruel una esterilización quirúrgica, la cual se hace hoy con la facilidad de la extracción de un diente que esa “separación definitiva”. 

A propósito de Manuel Jiménez García de la Serrana, granadino, político socialista y médico, recordaré que, también, escribió un libro curioso titulado Don Quijote socialista (1933) y que, con el tiempo, recibiría la contrarréplica de los fascistas, elevando al Quijote como el representante genuino del fascista español.

20Recordaba Lafora que el Tribunal Supremo de los EEUU aceptaba la legalidad de la esterilización eugénica, esterilización forzosa de los degenerados hereditariamente. Y entendía que “es algo que debe tenerse en consideración”, pues, en su opinión, “proteger la sociedad era lo más decisivo para la medicina legal”. 

Hay que recordar que, cuando Lafora enjuicie el veredicto de culpabilidad en el caso de Aurora Rodríguez Carballeira, parricida de su hija Hildegart, sostendrá la opinión contempladas en el Código Penal de 1928. Es decir, Lafora defendería la irresponsabilidad de Aurora debido a su paranoia, pero era necesario su encierro por su permanente peligrosidad y necesidad de proteger la sociedad.

A continuación sostenía que “es probable que pronto estos principios se generalicen al resto del mundo para evitar el desarrollo progresivo de las enfermedades degenerativas hereditarias (demencias, oligofrenias, hemofilia, pseudoesclerosis) (El Sol, 5.6.1930).

21No se equivocaba el ilustre psiquiatra, solo que no imaginaba las proporciones que dichos principio adquirían con el nazismo a partir de la aplicación de la ley de esterilización en 1934.

Lafora y el cura Mayer

En un nuevo artículo, también publicado en El Sol, Lafora reflexionará sobre la actitud de la iglesia católica ante la esterilización para el mejoramiento de la raza humana. Un tema que preocupaba a los católicos, no solo norteamericanos, sino a los españoles que, poco a poco, veían cómo la discusión sobre dicho asunto se acrecentaba en la prensa. 

Lafora aprovechará, primero, el libro Gosney que hablaba de los beneficios sociales de la esterilización de los dementes. Después, comentaría el libro del sacerdote Joseph Mayer, quien sostenía que la Iglesia estaba de acuerdo con la castración y, por esta causa, no se opondría tampoco a la esterilización. La primera sorpresa de Lafora será toparse con la siguiente afirmación: “la actitud de la Iglesia romana respecto a las esterilización eugenésicas no ha sido nunca definida oficialmente” (El Sol, 7.6.1930). Luego, al preguntar cuáles eran “las objeciones del catolicismo referentes a la esterilización eugenésica de los degenerados”, responderá que la respuesta se encuentra en las conclusiones del teólogo, profesor de la Universidad católica de Friburgo, vertidas en su libro Esterilización legal de los enfermos mentales. Según Mayer, los moralistas que han tratado el tema reconocen que “ciertos tipos de individuos degenerados no tienen derecho a casarse y reproducirse, siendo función de los Estados aplicar sanos programas de eugenesia en cuya elaboración debe colaborar la iglesia”. Para ello, será preciso establecer qué medios utilizar y en qué circunstancias, un terreno, el de la casuística, que a la Iglesia le ha ido de maravilla.

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Para aceptar la esterilización tiene que demostrarse su bondad y que está dirigida a un buen fin. En concreto, Mayer acepta que se prevenga la reproducción de los psicópatas degenerativos apoyándose en la tesis de santo Tomás, según la cual la sociedad puede quitar la libertad o la vida a un hombre peligroso para la misma, ya que el bien de todos debe predominar sobre el individuo y la otra de que está justificada también para el bien común la castración de los perversos sexuales (por estupros, etc.)”.  

Al teólogo Meyer le parecía que “evitar la reproducción de los enfermos mentales y otros degenerados más, que oponerse a la voluntad de Dios le parecía que está de acuerdo con su voluntad”. ¿Cómo lo sabía? De aquella manera. Pues ya se sabe que los caminos del Señor son inescrutables. Situaba la esterilización al mismo nivel que la terapéutica, cuyo efecto benefactor abarcaba a todo el cuerpo social. Y, según él, era lo que Aquino decía.

Al abordar la cuestión moral de la esterilización, Mayer señalaba que esta entrañaba una dificultad, a saber: “la esterilización suprime solo la procreación, pero no suspende la actividad sexual y cabe que resulte un medio anticoncepcionista que la iglesia no puede admitir”, como no admitía la masturbación. 

Paradójico, pero cierto. Según Mayer, “está más justificada una mutilación mayor como la castración, que suprime ambas resultantes de la vida sexual sin disociarlas, procreación y disfrute”. Tampoco, era una novedad. Como recordaba Lafora, la Iglesia católica “ha permitido la práctica de la castración durante varios siglos en los muchachos que habrían de formar las voces sopranos del coro de la capilla Sixtina y que Benedicto XVI lo prohibió, aunque aconsejó que no eliminasen a los eunucos del coro”. Todo un detalle.

¿Cómo salir de este embrollo? Mayer dirá que “solo el Estado tiene derecho a imponer la esterilizaciónpero no la pueden solicitar los individuos privadamente”. Un principio que sería idéntico al utilizado por los norteamericanos y el resto de los países que se sumaron a esta práctica, incluida la Alemania de Hitler.  

En cuanto “al derecho a casarse de un individuo esterilizado por el Estado”, el teólogo Mayer opinaba que “la Iglesia no puede oponerse, toda vez que permite el matrimonio a los ancianos y a las mujeres menopaúsicas en las que la facultad de reproducción ha desparecido”. Mayer se mostraba tan prudente como temeroso, ya que reculaba en su actitud diciendo que “hay que esperar a que los métodos actuales demuestren su eficacia y el problema de la herencia de las enfermedades mentales está aún bastante oscuro”.

Aunque el libro de Mayer llevaba el imprimatur de sus superiores eclesiásticos, no tardaría en ser refutado por moralistas católicos europeos y norteamericanos. Demasiado permisivo y tolerante. Luego, vendría la encíclica Casti connubii de Pio XI y pondría el dogma en su sitio y sentenciaría la marginación absoluta de Mayer. Vallejo Nájera, en 1932 retomaría el punto de vista de Lafora y de Mayer descalificando a los dos (Acción Española, “Ilicitud científica de la esterilización eugenésica”).

Terminaba el médico español diciendo que el problema de la esterilización tenía otros aspectos: “el legal (fundamentos del derecho), económico y social y el médico”, y de los que se ocupará en artículos posteriores, como así lo hará. 

Adelantaba esta información de carácter económico: “En EEUU hay 6 millones de personas de inteligencia inferior, de las cuales un elevado porcentaje son de naturaleza hereditaria y transmisible en gran escala por procreación. El Estado de Ohio gasta 5 millones de dólares anualmente en sus deficientes anormales. Imagínese el gasto de estos anormales para el Estado y se verá justificada la preocupación económica de las naciones civilizadas” (El Sol, 12.6.1930).

Lo mismo decían las autoridades americanas y, luego, los daneses, los suecos, los suizos y, finalemente, los nazis. 

23Véase el cartel siguiente con la correspondiente traducción: “Este defectuoso hereditario le cuesta a la comunidad nacional 60000 RM (Reichsmark) de por vida. Camarada, ese es, también, tu dinero. Revista mensual “El nuevo pueblo” Oficina de Política Racial Nazi”.

Asamblea Penitenciaria de Madrid

En 1931, se habló sobre esterilización de psicópatas en una Asamblea Penitenciaria que se desarrolló en Madrid en el mes octubre, cuya sesión inaugural fue presidida por Victoria Kent, directora general de prisiones del gobierno republicano, pero no hubo acuerdo sobre el asunto. 

Luego, intervino el sr. Artigas y el secretario el señor Sabugo. Una de las ponencias llevaba por título “El problema sexual en las presiones”. Sobre ella hablaron los señores Salinas, Moya, Montero, Morales y Ortega, médico de la cárcel de mujeres de Madrid. 

24Propusieron la creación de Colonias penales por tratarse de un tema de suma delicadeza. El Sr. Sabugo puso énfasis en el abandono en que se tenía este problema y que la Medicina debía resolverlo desde un punto de vista higiénico, filosófico y jurídico, pues “no se han podido confiscar tales derechos y mucho menos cuando no afectan en su totalidad al sujeto del delito”.

El doctor Ortega se refirió “a la esterilización del delincuente con arreglo al problema que por su analogía deduce” y manifiesta su desacuerdo. El doctor Salesas, médico de la prisión central de Figueres, se reafirma en su actitud “mostrándose partidario de la esterilización, sobre todo para los alcohólicos y otros tipos de delincuencia que manifiesten taras perfectamente definidas”. Sabugo se mostró contrario a lo manifestado aun reconociendo la influencia que tiene la herencia como factor importantísimo en la etiología del delito, pero que “si este era un medio eficaz para disminuir gran parte de la criminalidad habría de aplicarse en igual forma a otros factores exógenos”. 

25Desgraciadamente, ahí terminó la sesión, no sin antes nombrar presidente honorario a don Manuel Bartolomé Cossío (F. Lucas Sánchez, El Sol, 13.10.1931).

En la revista Vida Penitenciaria, el mismo periodista del periódico, F. Lucas Sánchez, escribiría sobre el mismo asunto, planteándolo de un modo directo y radicalEntendía que la sociedad “tiene derecho al amparo y disminuir el número de miembros que puedan atacarla. Evitando la sucesión de seres anormales, se aminorará el porcentaje de la criminalidad. Y como consecuencia de esta argumentación propugnan la esterilización de delincuentes”. A continuación se preguntaba: “¿Merecen ese trato todos los violadores de las leyes penales?”. La respuesta la formularía en pregunta: “¿En nombre de qué Etica puede condenarse al cónyuge de un penado, sea cual fuere su sexo, al placer inefable de la procreación de un hijo? Impídase al anormal el derecho matrimonial y no nos encontraremos en la necesidad de tener que proteger a los seres deficientes que pueda concebir. Como medio preventivo contra el mal se impone el reconocimiento y certificado médico prematrimonial”.

 

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Terminaba diciendo: “Se precisa un conocimiento científico del delincuente que fije cuáles deben someterse a tratamiento terapéutico que les impida, a consecuencia de las leyes hereditarias, la procreación de seres que puedan constituir un peligro social” (Vida penitenciaria, “Ante la reforma penitenciaria. El problema sexual”, 20.10,1932. Nº 13).

27Antonio Zozaya y You 

En la Enciclopedia Universal Ilustrada se dice de este madrileño que nació en Madrid en 1859, Fue filósofo, cronista, escritor, poeta y periodista. Estudió derecho, pero no ejerció. 

Antonio Zozaya murió en 1943 en México donde se exilió en1939. Fue discípulo de Giner, Azcárate y Salmerón. Tradujo del inglés, en 1891, El utilitarismo, de John Stuart Mill. Fue director del Patronato de la Biblioteca Nacional durante la República.

Días antes de las elecciones de abril que darían el triunfo a las izquierdas y al nuevo gobierno de la II República, escribió un artículo en el periódico La Libertad, que dio muchos quebraderos de cabeza a más de uno. En él describía una masa social de votantes, entre las que distinguía un conglomerado de personas, donde “los unos son imbéciles, otros son alcohólicos degenerados y la mayor parte enfermos de la voluntad”.

29Decía Zozaya que a esta tropa era “inútil hablarles con palabras de razón”, porque “el problema para ellos es de educación de anormales”. Una tarea para la que la Humanidad no estaba preparada y, en consecuencia, estaba destinada a sufrir su presencia. Visto este panorama, apuntaba el filósofo que “la Humanidad, acaso, no se verá libre de semejantes retardatarios, sino cuando una eugenesia médica perfecta, ayudada por el Estado, impida engendrar a los enfermos y a los degenerados y haga obligatoria la esterilización de los individuos incapaces de procrear en condiciones de normalidad y de higiene”. Para Zozaya, había “tantos idiotas, enfermos y débiles de voluntad que ayudan siempre y en todas partes a los verdugos” (La Libertad, 11.4.1931).

En septiembre de 1931, reflexionó de nuevo sobre esta dicotomía de buenos y de malos. Lo hizo en la revista popular ilustrada Mundo Gráfico, en un artículo titulado “Del ambiente y de la vida. Buenos y malos”. El escritor reflexionaba sobre las dificultades que tenía la Humanidad para librarse del mal en toda su extensión, entendiendo que los castigos y las predicaciones -Código penal y Dios-, han sido ineficaces en esta lucha de liberación. Para Zozaya, el criminal era un enfermo y había que tratarlo como tal. Para curarlo se precisaba “un tratamiento terapéutico medicinal y otro moral de cultura, de ejemplo y de justicia”. En su opinión, “la humanidad buena se halla condenada a caminar muy lentamente y a retroceder en el camino del progreso por culpa de los malos y que el mal parece irremediable puesto que quien nace con deformidades orgánicas de cierto género o con determinados vicios constitutivos no puede ser sino un criminal nato o, por lo menos, un ser incapaz de trabajo fecundo y de equilibrio intelectual”. 

28Su análisis dicotómico de la realidad social, le llevará a decir que “en las personas que consideramos normales hallamos a veces, igual que en los enfermos mentales de los sanatorios, esquizofrénicas, paranoicas, epilépticas y monomaníacas de grandeza. De ellas es difícil librarse a pesar de todos los ensayos de patología social y ellas han sido las causantes de las guerras más inhumanas y funestas”.

La pregunta se hace inevitable: “¿Qué hacer con los malos si comenzamos por reconocer que ninguno lo es por su gusto?” No lo dudará un instante. “Modificar el medio para influir en su curación. No bastan los sanatorios, ni las reclusiones manicomiales, porque son tantos los desequilibrados en el mundo. Hay muy pocos seres normales y es preciso confiar antes en las modificaciones del medio que en los remedios y tratamientos clínicos”. Sin embargo, aparece, a continuación, aparece la palabra eugenesia con esta radical afirmación: “Es preciso absolutamente que no engendren quienes no se hallan en condiciones de engendrar o han de engendrar Oswaldos ibsenianos”.

Su conclusión final buscaba la desaparición del malo y postulaba su esterilización, obligatoria, porque “es necesario que no haya dos Humanidades, una enferma y otra sana, sino que exista una sola capaz de perfeccionarse y de realizar el bien: ese bien que no han conseguido que sea amado ni los castigos ni las predicaciones y que tiene que entrar de lleno en el campo de la biología”.

Es decir, aplicar la esterilización obligatoria a cargo del Estado.

Respuesta española a la Ley hitleriana de 1933

El periódico El Sol, como el resto de los periódicos, anunció en julio de 1933 la ley del Gobierno del Reich que reglamentaba la esterilización. Dicha medida afectaba a “quienes puedan transmitir enfermedades que comprometan el porvenir de la raza” (El Sol, 26.7.1933). 

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En efecto, la dictadura nazi cumplió con los deseos que obsesionaron a los partidarios de la eugenesia negativaal promulgar la Ley para la Prevención de Descendencia con Enfermedades Genéticas, y que, paradójicamente, se basaba en una ley de esterilización voluntaria redactada por los funcionarios de salud de Prusia en 1932. 

Los autores de esa nueva ley fueron Falk Ruttke, abogado, Arthur Gütt, médico y director de asuntos de salud pública, y Ernst Rüdin, psiquiatra, líder del movimiento de higiene racial alemana.

Me limitaré a reflejar quiénes eran los destinatarios de esta ley. Exactamente, hombres y mujeres que “sufrían de alguna de las nueve condiciones supuestamente hereditarias: debilidad mental, esquizofrenia, trastorno maniaco depresivo, epilepsia genética, corea de Huntington (una forma mortal de demencia), ceguera genética, sordera genética, deformidad física severa y alcoholismo crónico”. 

 

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Recordemos que en las Jornadas Eugenésicas, celebradas en Madrid, en 1933, se planteó la esterilización forzosa de los considerados anormales, pero no llegó a aprobarse ningún acuerdo al respecto. De ahí el interés por saber qué es lo que opinaban en 1934, tras la aprobación de la Ley de Hitler. 

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En este contexto, resulta muy interesante la opinión de F. de Campollano, titulado La esterilización y los legófilos, publicado en la revista libertaria Estudios, en 1934. Valga como preámbulo a las respuestas de los consultados por La Voz:

“Pedid leyes. Legófilos, pedid leyes que os permitan esterilizar, castrar o degollar a todo aquel que no sirva para el militarismo y la guerra. Pero continuad propagando y haciendo la guerra entre los pueblos. Esterilizad a los mendigos. Pero dejad intacto el derecho inviolable de la propiedad privada. Esterilizad a los morfinómanos. Pero no intentéis suprimir, ni obstaculizar siquiera el libre ejercicio del comercio de drogas. Esterilizad a todos los homosexuales, todos los degenerados e invertidos por el vicio. Pero dejad en pie el cuartel, el presidio, las tabernas y los burdeles”.

Pensamiento anarquista en estado puro.

33Doctor Ángel Pulido Martin

“Me parece atentatoria a la dignidad humana y recusable. Tiene un punto de partida erróneo. Cual es suponer  que son conocidos todos los factores que intervienen en la herencia cuando la realidad es que semejantes factores nos son desconocidos en gran número. No sabemos hasta qué limite un hombre tarado por cualquiera de las infecciones o por cualquiera de los estados constitucionales capaces de disminuir s vitalidad es capaz de engendrar un genio, y la pérdida de un solo genio supone para la Humanidad un atraso en su evolución… ¿Conocemos las características biológicas de los que engendraron a los hombres que han impulsado el congreso? Las generaciones han sido el producto de generaciones de aluvión, casi siempre formadas por lo menos escogido de cada casa. La peor de las ignorancias es la ciencia a medias y nuestra ciencia es hoy muy pobre para permitirnos generalizaciones que repugnan los sentimientos humanitarios”.

Doctor César Juarros 

“¿Empeora el comportamiento social de las personas saberse estéril? ¿Lograr un hijo puede influir en la conducta de los hombres? ¿La ciencia cuenta con elementos objetivo para poder asegurar que la descendencia de un psicópata estará forzosamente maculada con matices psiquiátricos? La actitud sensata es esperar nuevos avances de la ciencia de la herencia. Ahora cualquier determinación radical pecará de prematura y poco justificable desde puntos de vista humanitarios. Solo tímidos tanteos pueden considerarse lícitos”.

unnamedDoctor Bolívar (comunista): 

“En principio me parece una monstruosidad y un atropello. La práctica de estas teorías sería solamente tolerable para algunos enfermos mentales y en casos especialísimos. Interpreto esta monstruosidad de los alemanes en el sentido de que se inventó la ley para aplicarla a los enemigos de Hitler…”

Jiménez de Asúa

“Yo me he opuesto, con ademanes enérgicos, a la castración, cualquiera que fuesen sus fines y el sujeto paciente o criminal, y rechazado también la esterilización de los delincuentes, porque no está categóricamente demostrado que la delincuencia sea origen del factor hereditario. El delito acusa su filiación sociológica en la mayoría de los casos. La esterilización sobre enfermos mentales me hizo dudar más, pero al fin me he resuelto a negarle mis adhesiones. Los problemas de la herencia todavía no nos han entregado todos sus misterios y es harto audaz fundamentar en tan inseguras bases, medidas de tanta transcendencia como los métodos esterilizadores contra sujetos anormales”.

34Doctor José Bourkaib Bessó

“No estamos autorizados a practicar la esterilización humana en ningún caso. Nuestros conocimientos sobre leyes hereditarias son muy incompletos para exponer una vida con la práctica de una intervención quirúrgica. No podría ser oportuna la práctica de los medios anticoncepcionales en los casos de indicación de esterilización”.

Doctor León Cardenal

Teóricamente, la esterilización del hombre o de la mujer está justificada en determinados casos. ¿Pero estamos autorizados hoy día para llevarla a la práctica de un modo sistemático? En algunos casos se puede aplicar sin remordimiento alguno, pero creemos que, dado el estado actual de la ciencia, todavía es prematuro el empleo de este medio de defensa de la raza”.

35Quintiliano Saldaña

No puedo reprimir un movimiento de dolor, pues no es esta esa la manera de esterilización que propugnan los criminólogos ni es seguro que la eugenesia pueda subscribir esa medida de selección en proporciones herodianas.

La esterilización administrativa solo se aconseja por prescripción facultativa en casos singulares de una certeza absoluta respecto a la transmisión hereditaria de morbos fatales o de anomalía congénitas constitucionales -que, según parece, así se practicó en España para evitar en la mujer la transmisión de cierta enfermedad-, pero siempre por acto de libre aceptación que así venía aplicándose desde 1907 en los manicomios y casas de salud de Suiza. En cuanto a la otra, la esterilización penal, como medida de seguridad aplicada en América y en Europa a ciertos semilocos, epilépticos y degenerados y aun a simples oligofrénicos y deficientes mentales detenidos como delincuentes, singularmente contra las costumbres. La castración es estigma indeleble; la esterilización simplemente innocuiza, suprimiendo sin estigma ni daño.

Y no por haber sido implantada la esterilización administrativa en Alemania con gesto bárbaro, ni por ser el fascismo en el ahora del mundo un peligro de graves secuelas bélicas, que con toda mi alma condeno, ni por ser yo miembro desde 1929 del comité Antifascista Internacional he de mentir cuando se reclama mi juicio como técnico, diciendo que las leyes mendelianas fueron destruidas y que la evidencia formidable de la herencia psicopática no lo es”.

Doctor Sainz de Aja

La esterilización es una de las más avanzadas medidas o decisiones en la evolución humana. El reconocimiento médico prematrimonial con facultad de prohibir el casamiento solo conduciría a uniones clandestinas o extralegales. La esterilización decretada por motivos médicos -no político- es un paso adelante en la selección humana. Ahora bien, cuando uno de los pueblos más cultos no ha podido resistido la ley seca más allá de unos años, ¿quiénes y dónde serán capaces de admitir la esterilización?

37Nosotros la hemos practicado en el hombre como tratamiento de enfermedades y con excelentes resultados: ahora se ordena en Alemania como depuradora de una nación. Votamos decididamente a su favor siempre que lo haga sin mutilación alguna, sin privar al individuo de ninguno de sus derechos y goces y en tanto que signifique no más que la imposibilidad de tener hijos. La esterilización por motivo médico puro o médico social debe ser universalizada; aun los más enemigos de ella convendrán en que es más humana y más más decente que la anticoncepción tan en uso”.

La segunda remesa de entrevistados estaría formada por las siguientes personalidades con sus respectivos comentarios, publicados el día 8 de enero de 1934.

Paulina Luisi

“¿Su objeto? Impedir la descendencia de locos, de incurables, de alcoholistas, de idiotas. Política de eugenesia negativa que no podemos rechazar sin pensarlo bien y que indiscutiblemente es una excelente profilaxis en defensa de la raza. ¿Que ha sido mal entendida? Nadie lo duda. ¿Mal aplicada? A veces. ¿Exagerada? Muchas. Aplicada a determinados seres afectos por enfermedades hasta hoy consideradas como productoras de distrofias hereditarias o degeneraciones mentales a seres incapaces de un selfcontrol sobre sus instintos que les permita dominarlos es una conquista innegable de la ciencia médico quirúrgica y de importantes y útiles proyecciones.

38La ciencia no ha dicho aún su última palabra en cuanto a los secretos de la herencia. Tampoco a transformar en útil un producto viciado de una semilla malsana. ¿Cómo impedir que se perpetúen esos seres tarados, anormales graves, imbéciles, locos, alcoholizados, esos semilocos sin son frecuentemente incapaces de responsabilidad genética los mismos que tenemos por cuerdos?  

(…) Una vez más Hitler imita con la elegancia del oso que remeda a la gacela. Pesadamente. Brutalmente, Inconsultamente. Entre el caso van Leuben, la expulsión de los judíos y los famosos campos de concentración, cabe, también la esterilización de los seres humanos a la manera como se marca el ganado en las pampas argentinas o en los campos australianos. En series interminables, por rebaños, por tropas, por majadas. Esta es la originalidad de Hitler que indigna que subleva. Resultame imposible aceptar que respondan a la finalidad que persigue la esterilización científica, digamos profiláctica.  Bajo esas leyes me pregunto angustiada: ¿qué se esconde?”.

39Rafael Salazar Alonso 

“No tengo autoridad para contestar. En la esfera jurídica no encuentro razón que abone la medida adoptada por el dictador de Alemania. Socialmente, me parece un procedimiento heroico, al que no puedo prestar mi aquiescencia. En el terreno científico, yo soy absolutamente profano. Los problemas sociales que la esterilización plantea pueden resolverse por otros medios. La depuración de la raza puede lograrse de otra manera. Las razones de Hitler no son ni jurídicas, ni sociales, ni médicas. Que hay un pensamiento político que está en las antípodas del mío en esta sensacional medida”.

José Sánchez Covisa

40“La esterilización médica con previa autorización del interesado, puede y debe realizarse. La esterilización como arma defensiva de la raza impuesta por un régimen político que establece diferencias raciales entre sus ciudadanos es inaceptable. Ni el estado de la ciencia médica, en constante renovación, ni la dignidad humana permiten autorizar con carácter obligatorio la práctica de mutilaciones orgánicas cuyo alcance y trascendencia para la vida ulterior del sujeto no pueden ser precisados con verdadero rigor científico”.

Elisa Soriano Fisher

La esterilización obligatoria, como la eutanasia y todo aquello que sea irreparable, ha de inspirarnos un serio y detenido estudio antes de implantarseEs decir, como medio de depuración de la raza no solo me parece bien, sino imprescindible, si queremos llegar a una humanidad más perfecta moral y físicamente. Pero los conocimientos actuales de la ciencia no nos permiten asegurar que la enfermedad que hoy es incurable, no lo será acaso mañana y nos encontraremos con que hemos privado de su posibilidad de reproducirse a un ser que, gracias, a su curación, hoy no sería un perjuicio para su raza. Es prematura la implantación de una medida tan absoluta como esta sobre todo si se hace tan extensa como va a ser aplicada en Alemania”.

Pongamos punto final a esta relación de comentarios adjuntando el firmado por Mariluz en el periódico La Libertad, en agosto de 1934:

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Eugenesia y esterilización en España