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miércoles. 29.06.2022

En recuerdo de Nacho Montejo

Por Antonio Baylos | Nacho Montejo era mi amigo. Y estoy desolado porque ya no esté ahí, como siempre, al volver de una esquina en el barrio, en la sesión matinal de las Jornadas de Albacete, respondiendo al teléfono sobre cualquier cuestión, atendiendo a algún cliente que le envío.

Nacho Montejo.

Un correo de Matías Movilla (domingo, 14 de julio) me ha hecho llegar la noticia de la muerte de Nacho Montejo esta tarde. Luego un mensaje de Román Gil, que me ha enviado una necrológica con Manuela Carmena y Juan Puig de la Bellacasa

Lo he conocido desde hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo. Era el abogado joven, intuitivo, simpático, que gozaba del aura de la resistencia frente a la represión. En 1975, cuando yo acababa quinto de derecho, vi por primera vez su nombre ligado a otros que eran para mí referencias ineludibles de abogados y abogadas comprometidas con la democracia y el socialismo: Manuela Carmena, Cristina Almeida, Manolo López, Lola González Ruiz, Juanjo del Águila, Rafa Zorrilla, Jaime Axel, Javier Sauquillo, Nacho Salorio, Cristóbal González, Jose María Mohedano, Román Oria, Diego Carrasco, Luis Ramos. Le frecuenté muchas veces de lejos, le escuché en el despacho de Españoleto, y reforcé mi relación con él cuando el despacho de Bilbao, con Ricardo Bodas, Emilio Palomo y Pablo Aramendi, un cuarteto que además de ejercer una inmensa labor de defensa de los trabajadores y trabajadoras, puso en práctica una revista emblemática, '35 horas', en la que yo colaboré durante su corta vida. Son incontables los encuentros en el Comercial –recuerdo las conversaciones sobre la creación del sindicato de actores– o en tantos otros cafés, restaurantes, bares, en muchos de ellos con Enrique Lillo y con Nieves San Vicente. Y más allá, las comidas en su casa o sus divertidas fiestas en su casa, especialmente en Nochevieja. Siempre acogedor, hospitalario, camarada.

No había una iniciativa de defensa de los trabajadores y de la democracia en el ámbito del derecho que no fuera organizada y dirigida por él. Jornadas, asociaciones –la de abogados laboralistas de Madrid– iniciativas, panfletos y anuncios en El País siempre subvencionados por él. Defendía la necesidad de que cualquier persona pudiera ser representado y defendido dignamente, y luchó por garantizar esa libertad frente al poder público, frente a los tribunales, frente a cualquiera que lo impidiera.

Desde la creación de Bomarzo y la Revista de Derecho Social, fue un entusiasta participante de las Jornadas de Albacete. Intervenía siempre, actuaba, mantenía la línea política que convenía, sugería. Expresaba también sus fobias, era vehemente. Ante todo libre. Un hombre libre. Muchos –en la derecha, pero también entre la propia o soi disantizquierda– le criticaban. No soportaban su capacidad de ser feliz porque era libre. Libre y solidario. Como muy poca gente he conocido.

Nacho Montejo era mi amigo. Y estoy desolado porque ya no esté ahí, como siempre, al volver de una esquina en el barrio, en la sesión matinal de las Jornadas de Albacete, respondiendo al teléfono sobre cualquier cuestión, atendiendo a algún cliente que le envío. Triste porque nunca pensé que podría estar escribiendo una nota en su memoria para mi blog. Abatido porque hemos perdido a una persona irrepetible y necesaria. Conmovido por su ausencia, demasiado grande que nos deja un vacío inmenso en estos tiempos sombríos.

En recuerdo de Nacho Montejo
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